Cartas al Papa Francisco

(Isabel Gómez-Acebo). La semana pasada la Editorial SAN PABLO presentó un libro en el que 20 autores escribían una carta al actual Papa. Se escogieron a personas afines al pensamiento del pontífice para paliar, de alguna manera, la contestación interna a la que se ve sometido. Curiosamente, ninguno conocía la carta de los otros, pero coincidieron en algunos temas. El encabezamiento de la misiva prescindía de los títulos antiguos y apostaba por otros, más cercanos como querido, hermano, estimado, padre… También se mostraron acordes en el agradecimiento a la apertura que estaba haciendo el pontífice de la Institución: más fraterna, menos rígida, más abierta y más misericordiosa. El tema de la atención prioritaria a los necesitados se llevó la palma de las alabanzas. Pero también mostraron sus reservas, en referencia a la función de las mujeres en la Iglesia tanto los varones como las féminas, pues consideraban que se estaban dando tímidos pasos que se debían acelerar.

Isabel Gómez-Acebo

Hubiéramos podido encontrar en España otro número de personas que no se hubieran mostrado tan acordes con el Papa. Escribirían otro tipo de cartas encabezadas por los títulos tradicionales como Santidad o Santo Padre, no alabarían las reformas pero tampoco demostrarían su postura contraria pues no es religiosamente correcta criticar al pontífice. El pasado con el que Francisco quiere romper les parece mejor pues no quieren romper la baraja ante el miedo de lo que depare el futuro.

Otro grupo de cristianos españoles no escribiría ninguna carta, viven su religión sin referencia al Vaticano y a su cabeza. No están conformes con políticas que consideran desfasadas e intentan compartir su cristianismo con los signos de los tiempos a los que han dado la espalda, muchas veces, los dirigentes de la Iglesia.

Lo más curioso es que entre los ateos, agnósticos, políticos de izquierdas o fieles de otras creencias, las reformas de Francisco están teniendo buena acogida, sobre todo por su giro de una Iglesia teológica a una Iglesia pastoral con el acento sobre los más desfavorecidos del planeta.

Esta es la composición de la sociedad española con respecto al Papa en la que podemos ver la gran diferencia con los años franquistas y los del posfranquismo en los que el pensamiento único primaba en la Iglesia. Nadie se hubiera atrevido a comentar y más a criticar lo que salía de Roma pues estaban expuestos, sobre todo los intelectuales, a ser expulsados de sus cátedras en las universidades de la Iglesia. En un mundo pluralista y globalizado yo creo que todos los cristianos ad intra debemos hacer un esfuerzo por entendernos y convivir, aunque sea desde posturas distintas, pues la diversidad es buena y enriquecedora. Aquí debemos mencionar la famosa frase de San Agustín «en lo esencial unidad, en lo dudoso libertad y en todo caridad».

Isabel Gómez-Acebo

Religión Digital – Blog (26 de noviembre de 2017)