Continuidad teológica

(Rafael Aguirre, en Vida Nueva). Mauro Pesce es un exegeta italiano con una obra muy extensa, rigurosa y reconocida internacionalmente, en gran parte realizada en colaboración con su esposa, Adriana Destro, antropóloga. Este libro –De Jesús al cristianismo– refleja un pensamiento muy maduro y aborda dos temas, íntimamente relacionados, que han preocupado a su autor durante toda su dilatada vida académica y responden a las dos partes del presente volumen. La primera versa sobre Jesús y la segunda se centra en los primeros grupos de sus seguidores.

Toda la obra está recorrida por tres preocupaciones: la exégesis entendida como un trabajo histórico que pretende precisar el sentido originario de los textos; la investigación no puede partir del cristianismo o de la cristología posterior y estar movida por el interés de buscar su posible justificación en el pasado, porque así deja de percibir las numerosas posibilidades que se encuentran en este pasado; y el propósito, bien justo por cierto, de situar a Jesús y a sus seguidores en el judaísmo, que el autor conoce muy bien.

El estudio de Jesús consta de dos capítulos metodológicos, en los que –entre otras cosas– el autor cuestiona la división trifásica de la investigación histórica, porque esta tarea ni empezó con Reimarus ni se paralizó con Bultmann. Discute también la relación entre esta investigación y la fe, en diálogo con Käsemann y, sobre todo, con Dupont, en un capítulo de gran interés para la exégesis y para la teología fundamental.

En otros dos capítulos aborda dos aspectos fundamentales en el Jesús histórico, que están muy relacionados, pero que han sido muy poco considerados por los estudiosos: cómo entiende Jesús la remisión de los pecados y su actitud ante el sistema cultual judío. Pesce considera que Jesús anuncia el Reino de Dios como inminente y lo entiende como el jubileo bíblico escatológico, lo que supone la amnistía total por
parte de Dios y, a la vez, la exigencia de reconciliación entre los miembros del pueblo (Levítico 25). Expone muy bien el sistema sacrificial judío, que Jesús respeta, que tiene una dimensión expiatoria por las culpas involuntarias que mancillan el Templo, pero no por los pecados voluntarios (Levítico 16). En este punto, Jesús introduce la reconciliación social como mediación y requisito para poder recibir el perdón de Dios. Estos dos capítulos son originales y especialmente valiosos.

La segunda parte del libro, titulada «El nacimiento del cristianismo», comienza con un capítulo metodológico en el que, para evitar anacronismos, delimita los términos de «judío», «gentil» y «cristiano», y explica qué es un «sistema religioso», lo que es muy útil para precisar en qué momento podemos hablar de cristianismo como realidad diferente del judaísmo.

En el segundo capítulo de esta segunda parte, tras distanciarse de la conocida afirmación de Käsemann de «la apocalíptica como madre de la teología cristiana» y discutir la opinión alternativa más reciente de Allison, el autor llega a la conclusión de que lo propio de Jesús fue una experiencia religiosa muy profunda y una práctica inhabitual; no fue un teólogo ni tuvo una predicación clara sobre el futuro. El vínculo más importante con sus seguidores radicaba en la experiencia del Espíritu, lo que dejaba abierto el camino para interpretaciones teológicas diversas.

El capítulo tercero estudia una de estas interpretaciones, el joanismo, que se puede realizar analizando el cuarto evangelio y descubriendo sus sucesivos estratos. Concluye Pesce que el «joanismo» se diferencia tanto del judaísmo de su época como de lo que llegaría a ser el cristianismo.

El judeocristianismo

El cuarto capítulo aborda el judeocristianismo y sostiene que este concepto se usa habitualmente de forma muy equívoca. En Justino encontramos ya una clara ruptura polémica con el judaísmo y una preocupación por el diálogo con la cultura griega y por que el cristianismo se acredite ante el Imperio romano. Lo estudia en el capítulo quinto.

El libro termina con unas conclusiones, en las que hay dos afirmaciones claves: la diferencia entre el anuncio de Jesús y el de la religión cristiana posterior; y lo que vinculaba a Jesús y a sus seguidores tras su muerte, que no era tanto la fe en él cuanto la fe en Dios, lo cual es una continuidad teológica más que cristológica. La fe en Dios, que habían aprendido de Jesús, hizo posible que sus seguidores superasen el escándalo de su muerte y la no llegada del Reino tal como se esperaba convencionalmente.

En resumen, se trata de una obra muy bien fundamentada, cuya lectura requiere un cierta cultura bíblica, pero que contiene aportaciones novedosas y resulta enormemente sugerente.

Rafael Aguirre

Vida Nueva (12 de enero de 2018) 44.