Cuando se surca el ocaso de la existencia humana

(Jesús Domínguez Sanabria, en Revista Agustiniana). Precioso y expresivo Creo en la vida eterna, «testamento espiritual» del prestigioso Cardenal Martini, que ve la luz unos meses después de su muerte; y que sirve de hermosa y optimista guía para valorar el sentido de la existencia humana y la justa apreciación de las Novísimos. Orientaciones a tener en cuenta siempre, pero de modo particular cuando se surca el ocaso de la existencia humana. Es un conjunto de acertadas reflexiones sobre la vida después de la muerte, el juicio, la resurrección, etc., pero para comenzar a vivir su sentido en el día a día del devenir humano presente. Temas de básica importancia para valorar mejor lo más gozoso de nuestra fe, y al mismo tiempo para fundamentar y animar nuestra esperanza cristiana. Son nueve expresivos capítulos para vivir la vida sin miedo a la muerte y con gozosa esperanza, valorando todo el acontecer diario como un disfrute anticipado de un más allá feliz, a los que añade como conclusión un largo décimo capítulo de profundas –y a la vez sencillas– oraciones; súplicas a Dios que «nos sitúan frente a esas realidades del más allá que nos superan», y que nos sirven «para el estímulo del vuelo del corazón, llevado por el Espíritu hacia las cosas de Dios» (p. 125). Como en la mayoría de sus escritos, el autor se apoya en la fuerza de la Palabra de Dios o en lo hechos de vida de Jesús, para explicar sus argumentos. Y en todo ello domina el intento de exhortarnos a vivir la vida superando el temor a la muerte, y a poner en práctica las mismas actitudes que mantuvo el mismo Jesús y lo que Él aconsejó. Todo ello invita a una conducta perseverante cristiana con amor y esperanza, en fidelidad a la voluntad del Padre, y con la confianza plena de que, unidos a Él y guiados por su Hijo Resucitado, junto con la fuerza amorosa de su Espíritu, la vida humana es –y ha de ser– «un dinamismo hacia delante… en la que Dios viene al encuentro del hombre para acompañarlo y caminar con él» (p. 101). Lógicamente con tan segura y gratificante compañía, la fe en la vida eterna confiere el más entusiasta y santificador sentido a la vida humana.

Jesús Domínguez Sanabria

Revista Agustiniana, vol. 54, año 2013, p. 239.