Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz

«Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz… Qué alegría tan grande es poder vivir al pie de la Cruz. Allí encuentro a María, a san Juan y a todos los amadores… Esté (yo) siempre a la sombra del duro madero, ponga allí a tus pies mi celda, mi lecho… Tenga yo allí, Señor, mis delicias, mi descanso en el sufrir… Riegue el suelo del Calvario con mis lágrimas… Allí no hay dolor, pues al ver el tuyo, ¿quién se atreve a sufrir? Allí todo se olvida… No hay deseo de gozar, ni nadie piensa en penar… Al ver tus llagas, Señor, solo un pensamiento domina mi alma…, amor… Sí; amor para enjugar tu sudor, para endulzar tus heridas, para aliviar tan inmenso dolor. ¡No permitas, Señor, que me aparte de Ti!

¡Qué dulce y tranquilo es el sufrimiento pasado en compañía de Jesús Crucificado! ¡Es en la Cruz donde he hallado siempre consuelo…! Por eso, al ver la Escuela Divina de la Cruz, al ver qué es el Calvario, acompañando a María, donde únicamente puedo aprender a ser mejor, a quererte, a olvidarme, a despreciarme (te pido): No permitas que me aparte de Ti… Óyeme, Señor, atiéndeme y no desprecies mis súplicas… Limpia con el agua de tu costado mis enormes pecados, mis ingratitudes; llena mi corazón con tu Sangre divina y sosiega el alma que no cesa de clamar: Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz y no permitas que de ella me aparte».

San Rafael Arnaiz

(Pablo Cervera Barranco, Rezar el Vía Crucis con los santos).