Donde nuestro tiempo de cada día se convierte en el tiempo de Dios

(Cristina González Carrasco, en Confer). «Abres en tus manos un libro extraño –MI tiempo en tus manos–. No es un ensayo literario ni una reflexión filosófica, aunque algo de ello hay en sus páginas. Tampoco pretende ser un libro de poesía, si bien hay algunos poemas en sus capítulos. No es una novela, sin embargo parte de su trama tiene como fondo un monasterio y una amistad. Es lodo esto y algo más: he querido compartir una experiencia largamente madurada y dialogada. Incluso diría que es un libro firmado por un autor, pero fruto de muchos pensamientos, Y en el transfondo: “el tiempo”».
Estas primeras palabras de la introducción al libro definen bien lo que el autor ha querido plasmar en esta obra en la cual cuanto más se avanza en su lectura más se percibe su hondura, una hondura que es la que da sentido al paso del tiempo en la vida humana. Una abadía, la abadía alemana de Maria Laach, y una serie de reflexiones con un amigo, Mathias, enmarcan el contenido del libro.

Las tres partes del libro –Reflexión, Contemplación, Invocación– forman un todo armónico. Las reflexiones, la contemplación y la invocación brotan de una experiencia interior del autor vivida en la trama del tiempo, un tiempo cuya pedagogía se nos revela en la Liturgia de las Horas y en la vida del ser humano. Un tiempo que atraviesa la ciudad secular haciendo de ella el lugar de la revelación de Dios y, del tiempo, el tiempo de Dios.

Las palabras evocan objetos que pronto se convierten en símbolos de ese algo más profundo: de una presencia que atraviesa la vida del monasterio como atraviesa también la vida humana desde el amanecer: la salida del sol, el trabajo cotidiano, la mesa compartida, etc. La Liturgia de las Horas nos presta palabras para que el ritmo de la vida –cada momento de la jornada y de la vida misma– vaya llenándose de todo su valor y viviéndose con su peculiaridad, con la que el paso del tiempo va marcando el ritmo de la vida humana.

La primera parte «Reflexión», es una larga meditación sobre el tiempo. La vida en el monasterio va acompañada de estas consideraciones sobre el tiempo. El tiempo es aquello de lo que continuamente tenemos la impresión de que nos falta, de que se nos escapa de las manos. A través de la vida en el monasterio el autor va encontrándose ante las diferentes dimensiones del tiempo: el tiempo para actuar, para crear, para esperar, el tiempo para vigilar… y estos diferentes tiempos se van sucediendo en nuestras vidas, a veces se encuentran. otras vienen por si solos. Un lugar donde el tiempo va tomando cuerpo es el tiempo que mana de la Liturgia de las Horas. Y estos tiempos van tomando en ellas un gran sentido a la vez que una mayor profundidad. Es lo que el libro nos presenta en su segunda parte, «Contemplación». En la ciudad secular, en donde  e desenvuelve la vida, es donde podemos hacer nuestro monasterio, esos misteriosos monasterios en nuestras ciudades. Allí el tiempo, nuestro tiempo de cada día, que está en manos de Dios, se va convirtiendo en el tiempo de Dios para cada ser humano allí donde habite.

En la Liturgia de las Horas el tiempo de la oración va tomando el ritmo y el secreto de la naturaleza. Cada Hora cobra todo su sentido a esa luz.

Preciosamente va pasando entre las páginas del libro la densidad de cada Hora, las horas litúrgicas y las horas de nuestra vida. En el monasterio como en la ciudad secular, una invocación brota del corazón. La del autor del libro es un soneto. La de cada lector será la suya.

Cristina González Carrasco, Religiosa de la Asunción

Confer 217 (enero-marzo de 2018)