El contagio de lo humano

(SP). Hoy, 5 de octubre, celebramos el Día Mundial de los Docentes. Desde San Pablo nos unimos a esta celebración con un homenaje a aquellos docentes que han dejado una profunda huella en sus alumnos. Reproducimos, para ello, El contagio de lo humano, el prólogo de Fernando Savater al libro Memorias de la pizarra, de Carmen Guaita, que recoge las imprescindibles Enseñanzas para hoy de los maestros de ayer.

«Ciertas cosas pueden hacerse muy bien a distancia, como transmitir noticias o proporcionar informaciones. Son relaciones humanas, sin duda, pero nada pierden cuando se efectúan a través de algún medio técnico que permite acumular datos y acelerar la velocidad con que llegan a su destinatario. En nuestra época, todos celebramos y aprovechamos ventajosamente los enormes avances que han tenido lugar en estas cuestiones, tan importantes para el desarrollo de las sociedades modernas. Probablemente hoy la verdadera riqueza no consiste en la posesión de latifundios ni siquiera exclusivamente en el control de fuentes de energía, sino en el libre acceso a los medios de comunicación tanto interpersonales como masivos, así como en la optimización de archivos de información fiable en todos los campos del saber.

Pero no todo admite someterse a esa mediación tecnológica. Aún hay relaciones humanas decisivas que sólo pueden hacerse cuerpo a cuerpo, en la proximidad más cálida y arriesgada: así el amor, por ejemplo, o el alivio de los padecimientos de un enfermo, o el cuidado de un recién nacido… o la educación. En todos los aspectos que van más allá de la mera instrucción y la trasmisión de destrezas intelectuales, es decir, en cuanto es propiamente educación o sea cultivo de la humanidad potencial del neófito, la enseñanza exige cercanía y presencia personal. Sólo otra persona nos puede enseñar a vivir como personas, nunca un instrumento por sofisticado que sea. Aprendemos la humanidad de quienes la ejercen didácticamente con nosotros y aprendemos tanto por las virtudes que muestran como por los defectos que no pueden ocultar. Porque la humanidad es algo que no se telegrafía o se «tuitea», sino que se contagia…

Por eso los maestros son y seguirán siendo insustituibles como piezas claves de la verdadera educación. Pueden variar sus métodos pedagógicos y las herramientas que comparten con los alumnos, pero no el imperativo de su presencia, de su cercanía carnal, frágil e irrepetible como la humanidad misma que aspiran a cultivar en los aprendices. Hay adoradores de lo cibernético y virtual que se quejan de que dentro de las aulas, en lo esencial, aún se siga educando como hace cien o doscientos años: podríamos responderles que, si es por eso, aún seguimos haciendo el amor como hace medio millón… No hay recambio imaginable para la paciencia y el esfuerzo de los maestros, para su cercanía y su entrega agotadora a quienes precisan su modelo, para la aventura de vaciar su entraña misma frente a otros para ayudarles a crecer.

Por eso es necesario conocer su experiencia y escuchar con respeto y con admiración su testimonio. Por eso también es necesario que existan libros como este» [Memorias de la pizarra].

Fernando Savater