En el ser humano hay una sed inextinguible de trascendencia

(P. Izquierdo Gil, en Ephemerides Mariologicae). Esta voluminosa obra –El Misterio y el Mundo– tiene como eje la mística, pero la pretensión de la autora es proponerla en diálogo y confrontación con el tiempo presente. Está organizada en cinco capítulos.

En el primero («Modernidad prematura o tardía»), y de la mano de estudiosos como Zygmund Bauman, Gilles Lipovetski, Samuel Hungtington, José María Mardones, se ofrece un análisis de nuestro contexto, del cambio de época o nueva era en que vivimos, que ya no está marcada básicamente por la razón ilustrada, y las múltiples manifestaciones de la nueva situación en la economía, la sociedad, la política y la cultura de la sociedad globalizada, así como por el impacto que este fenómeno tiene en la religión. Se exponen las profundas sacudidas experimentadas por la tradición, las instituciones, la moral. (La descripción del contexto reaparecerá en capítulos sucesivos).

El capítulo II («Cultura secular y crisis de la religión») entra ya más directamente en el punto del impacto del fenómeno en la religión. La modernidad ha desplegado un proceso de secularización en Occidente, proceso que tiene elementos positivos que conectan con el mensaje bíblico; pero la propia modernidad y el tipo de racionalidad desarrollado por ella han entrado en crisis, dando lugar a una religiosidad difusa y a un ansia consumista de experiencias sensibles; a ello se añade el agravamiento de la desafección hacia las instituciones.

Ahora bien, importa subrayar que en el hombre hay un anhelo inextirpable de trascendencia, que el llamado «nuevo ateísmo» tiene una visión reductora del conocimiento y de la realidad, que la pregunta por el sentido no ha desaparecido, sino que persiste todavía, que los análisis de la identidad como constituida por la alteridad (relación responsable ante la aparición del Rostro del otro) muestran la razonabilidad de la fe en el Dios vivo; en fin, los fenómenos «saturados» (entre los que destaca la teofanía) llevan al hombre que responde con su «¡Heme aquí!» a la confesión de un «¡Estás ahí!», dirigida al Misterio santo. En estos análisis de la identidad y los fenómenos «saturados», la autora ha contado con las aportaciones de Emmanuel Levinas, Paul Ricoeur y Jean-Luc Marion. Merecen destacarse las secciones que se acaban de apuntar, tituladas, respectivamente, «El vacío de sentido» (relativa a la pregunta por el sentido) y «La sed de absoluto» (relativa a la alteridad y a los fenómenos «saturados»).

El capítulo III («Experiencia religiosa o mística: Nuevo momento, nueva configuración. Nuevos desafíos») es, según declara la autora, el corazón de todo el libro, y es de hecho el capítulo más amplio. Una primera noción más general de experiencia dará paso al estudio detenido de cuatro conceptos: «experiencia religiosa», «experiencia mística», «experiencia de Dios» y «experiencia cristiana de Dios: encarnación y vulnerabilidad». En este capítulo, especialmente cuando trata sobre la experiencia religiosa y la experiencia mística, expone ideas esenciales de filósofos (Friedrich von Hügel, Maurice Blondel, Joseph Maréchal, Jacques Maritain), fenomenólogos, historiadores, teóricos y psicólogos de la religión (Rudolf Otto, William James, Louis Dupré, Georg Scholem, Hans Jonas, Robert Zaehner, Michel de Certeau, Juan de Dios Martín Velasco, Raimon Panikkar) y teólogos (Jean Mouroux, Anselm Stolz, Karl Rahner, Hans Urs von Balthasar, etc.); intercala también la crítica de la mística llevada a cabo por varios protestantes del s. XX. Para esta labor cuenta con los análisis que el historiador de la mística Bernard McGinn hace de la obra de gran parte de los autores que se acaban de mencionar; en cambio, la aportación personal de la autora se hallará en las secciones tituladas «Experiencia de Dios: Misterio y gracia» y «Experiencia cristiana de Dios: Encarnación y vulnerabilidad».

El capítulo IV («Biografías místicas y narrativa teológica») examina el lenguaje narrativo en que se expresa la experiencia humana (por tanto, también la experiencia religiosa y la experiencia mística) y la relación que este lenguaje tiene con la teología y con la biografía creyente, desde la conciencia de que el cristianismo está inmerso en una crisis en sus instituciones, normas y formulaciones oficiales. Estudia la relación entre mística y ética (donde conecta con Emmanuel Levinas, Albert Schweitzer, Maurice Blondel, Michel de Certeau, Karl Rahner, Johann Baptist Metz y la teología de la liberación) y muestra el perfil que cobra una mística de ojos abiertos y oídos atentos. Las autobiografías y las biografías tienen varias razones de ser (entre ellas, la de la resistencia en situaciones límite); las vidas de los místicos son existencias teológicas y piden escritos (auto)biográficos que den cuenta de ellas. Así se hace visible en el mundo al Dios que se ha revelado en el tiempo, en la historia, y cuyo adviento han narrado las Escrituras.

El capítulo V («Historias de vida y experiencias de amor») presenta el itinerario espiritual vivido por tres «místicos»: la conversa Dorothy Day, la judía Etty Hillesum, y el jesuita y sacerdote obrero Egide van Broeckhoven. Los tres estuvieron marcados por una profunda pasión por Dios (un Dios sentido y pensado como infinito amor gratuito [Day), como Dios necesitado de ayuda en el drama del Holocausto [Hillesum), como Trinidad (Egide van Br.); y los tres estuvieron marcados por una pasión ardiente por el mundo, por su redención y transformación, a través de un hermanamiento efectivo con los últimos. Sus vidas y sus diarios personales reflejan ambas pasiones y el vínculo entre mística y ética, entre amor a Dios y solidaridad con las víctimas.

La Conclusión desgrana los aspectos en que se da una irreducible antítesis y una frontal oposición entre la mística y la cultura presente, cuyos rasgos han desfilado sobre todo a lo largo de los primeros capítulos. Sesenta páginas de Bibliografía y un Índice general completan el libro.

Estamos ante una obra ambiciosa. La información que se maneja, sea en fuentes directas o en fuentes secundarias, bien seleccionadas es abundante. Hallamos un esfuerzo de neto carácter interdisciplinar ‘(ciencias humanas, filosofía, teología, biografía), como se desprende ya de los contenidos y del elenco de autores cuyas obras se manejan en los distintos capítulos. En parte, el pensamiento de estos estudiosos aparece como una rapsodia de teorías, pero no faltan tampoco apuntes comparativos que señalan elementos comunes y diferencias entre unas posiciones y otras. A lo largo del texto se describen o analizan fenómenos, se someten a valoración, se hacen propuestas. El estilo expositivo es algo reiterativo, pero hay páginas en que vibra también la pasión de la autora por la propuesta que quiere transmitir. Es de agradecer este esfuerzo por enraizar el discurso teológico en la experiencia y vincularlo a relatos autobiográficos que dan cuenta de ella.

La tesis básica que recorre la obra es clara: en el ser humano hay una sed inextinguible de trascendencia; el punto de enganche para un anuncio o una invitación a abrirse a ella no lo ofrece la cultura actual, fuertemente refractaria a tal anuncio, sino esa hambre inextirpable que se da en el hombre; en este tiempo de increencia, es en la mística de ojos abiertos y oídos atentos donde se puede vivir la pasión por Dios, más allá de las fronteras confesionales.

P. Izquierdo Gil

Ephemerides Mariologicae LXVIII, fasc. I-II (enero-junio de 2018) 198-200.