Excelente biografía de Lutero, erudita y didáctica

(Jordi Aladro, en Archivo Agustiniano). El 31 de octubre comenzaron en todo el mundo los actos de conmemoración del quinto centenario de la Reforma protestante que encabezó Martín Lutero. Durante todo un año se multiplicarán las celebraciones y eventos sobre un cisma histórico. Incluso el papa Francisco viajó a Suecia para participar en un encuentro ecuménico católico-protestante. El viaje del papa Francisco, adalid del ecumenismo y que ha conmemorado la Reforma, a Suecia para asistir a la apertura del Año de Lutero fue todo un símbolo porque quien da el paso por parte de Roma es nada menos que un jesuita.

Se conmemora el 500 aniversario de la Reforma protestante y hasta el papa Francisco se ha unido a los festejos colocando una estatua en el Vaticano del mayor de los «herejes» cristianos. Roma dudó sobre la necesidad de castigar a Lutero, famoso muy pronto en toda Europa. Finalmente, las 95 tesis fueron condenadas por León X el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine y sobre Lutero cayó la excomunión al año siguiente. Se habla si el papa Francisco prepara una rehabilitación. El Vaticano no puede levantar la excomunión al fraile agustino (eso solo puede hacerse en vida), pero sí reconocer que las intenciones de Lutero no eran «heréticas» y así este 31 de octubre de 2017 no pudo ser más pacífico y ecuménico.

Con el cristianismo evangélico (luteranismo) surge una nueva forma de relación con Dios, pero también una revolución de la estructura social y la construcción política. Lutero predica la libertad de creencia y, en consecuencia, la libertad de pensamiento y labró una división en el seno de la Iglesia que dio forma al mundo contemporáneo y se ha mantenido a lo largo de los siglos. Conocer, pues, a fondo la biografía de Martín Lutero, y con ella las claves teológicas y sociológicas de la Reforma, es algo esencial para todo cristiano evangélico que anhele descubrir las raíces comunes de su fe y, así, contribuir a un mejor entendimiento entre los distintos grupos, iglesias y denominaciones cristianas.

El libro que nos ocupa constituye una magnífica propuesta para entrar en este diálogo imprescindible para profundizar en el conocimiento del pensamiento de Lutero. El libro comienza con una sencilla y magnífica presentación al pensamiento de Lutero, que ayuda sin duda al lector a situarse en el contexto cultural, político, social y religioso del siglo XVI. Y ya desde estas primeras páginas se avanza otra de las tesis fundamentales del libro: la cruz de Cristo es fuente de gracia que alimenta a la fe. Esta interpretación de Rafael Lazcano no es nueva, él mismo señala como referencia los textos de san Pablo. Sin embargo, en una época como la actual, en la que cada vez se hace más evidente la necesidad de un encuentro fraterno entre cristianos, de un mutuo reconocimiento de lo que nos une (el Dios creador y salvador, la Escritura, la Alianza, el compromiso ético, etc.), siempre será bueno alejar a Lutero de la vieja acusación de destructor de Europa.

Al discurrir de los capítulos vamos encontrando una serie de argumentos o de puesta en cuestión de muchas aseveraciones o presuposiciones implícitamente asumidas que desafían nuestros naturalizados parámetros del conocimiento de Lutero y señalan la importancia de relativizar, o mejor, de contextualizar tanto aquello que se está examinando como la concepción desde la que esto se hace, con una prosa que une el encanto del relato a la agudeza de la reflexión, lo que desde luego no resulta sencillo teniendo en cuenta la complejidad del personaje tratado. Destaco el aspecto narrativo de R. Lazcano porque su texto logra una vívida reconstrucción de la época, emplaza la Europa del XVI con sus ciudades, instituciones y colores, define con exactitud cada uno de los personajes que son retratados en su entorno e ideología. Muy útil es el apéndice final de nombres propios relacionados con la vida y obra de Lutero.

Rafael Lazcano pone el acento en la lectura como la instancia que permite vincular a la teología con el contexto histórico y social. Ese valor se aprecia doblemente porque la lectura de cada uno de los capítulos, incluyendo controversias o coincidencias, bien puede considerarse un elaborado trabajo comparativo capaz de enlazar en simultaneidad al hombre (Lutero) y sus ideas (la teología), y de instaurar un dialogo entre el pasado y el presente, que no solo apela a los especialistas sino también al más amplio arco de lectores a que está destinado el libro; libro especializado, pero no solo para especialistas.

El autor introduce el tema que va a tratar en cada capítulo a partir del episodio de la vida de Lutero para luego encarar su peculiaridad y explicar la propia estrategia de la indagación. Rafael Lazcano aporta claridad y orden en este complejo mundo que es la interpretación de las ideas de Lutero, y además ofrece una visión armónica, coherente, una propuesta verosímil de reconstrucción de su pensamiento social y teológico.

Quizás uno de los elementos que distinguen este libro de otras biografías de Lutero es su génesis. No me refiero tanto al proceso literario cuanto a la gestación intelectual del libro. Lutero: Una vida delante de Dios tiene un carácter distinto y novedoso. Más que un resumen de una vida, estamos ante un intento de plantearse desde el principio, de una manera didáctica, la figura y las enseñanzas de Lutero. A lo largo del libro, especialmente en su primera mitad, el autor va a ir revelándonos una visión bastante concreta y definida de la figura y de la teología de Lutero, y esa interpretación va siendo contrastada sistemáticamente con la vida del reformador.

Toda la obra tiene por ello un carácter más personal, quizá más actual, y más abierto o más fácil de leer para un público amplio, no específicamente creyente o especialista. El lector creyente encontrará, por supuesto, información suficientemente actual y clara sobre Lutero, pero el lector no creyente verá también un enfoque crítico, rigurosamente histórico, que intenta alejarse de visiones apriorísticas o excesivamente confesionales, intentando situar a Lutero en su contexto histórico, cultural y político. Como el mismo autor señala no es su propósito primero ofrecer un libro para la meditación espiritual, ni para la profundización en la fe de aquellos que sean creyentes, sino que le guía, ante todo, el deseo de hacer “pensar atenta y detenidamente sobre el entendimiento con Dios, el mundo y la humanidad desde la fe, las tradiciones y la libertad que hacen posible la vida cristiana” (p. 15).

Los comentarios, por tanto, son aquí necesariamente breves, dejando al lector en algunos momentos con las ganas de saber más, de cómo interpreta el autor este o aquel aspecto de la vida de Lutero que uno considera relevante para la interpretación general de su pensamiento. Pero es eso precisamente lo que busca Rafael Lazcano, no una biografía de autor sino un texto biográfico que alimente y estimule el pensamiento. En efecto, el diálogo personal que establece con estas páginas de aclaraciones me parece apasionante. Para el lector no conocedor del pensamiento luterano será un modo muy claro de acercarse al teólogo alemán. Para quienes tengan ya una cierta formación académica en teología bíblica, no dejarán de resultarles muy interesantes y útiles las síntesis que aquí se ofrecen. En muchas ocasiones nos identificaremos plenamente con las opciones exegéticas que se defienden, algunas de ellas de tenor más bien clásico, huyendo de adoptar demasiado rápidamente la última moda o nueva perspectiva. Es en estas páginas donde encuentro lo más interesante, donde la capacidad de síntesis, de formular claramente los problemas, de sumar las distintas opciones y de intentar una propuesta coherente al «nuevo ecumenismo» que «estará basado en el fortalecimiento de la comunión y en el reconocimiento de las diferencias reales y legítimas compatibles con la unidad» (p. 242). Siempre desde el respeto mutuo.

En resumen, una excelente biografía de Lutero muy acorde con toda la obra, siempre erudita, no por ello menos didáctica, de Rafael Lazcano. Permítaseme una frivolidad «ahistórica»: si Rafael Lazcano y este magnífico libro hubieran existido a principios de 1521 hoy recordaríamos la Dieta de Worms como el principio del ecumenismo, donde «los aventureros del ecumenismo cristiano, aquellos que desde hace algún tiempo se afanan en ofrecernos un modelo ecuménico asentado en el diálogo, el encuentro y la comunión» (p. 15) se dieron un abrazo.

Jordi Aladro

Archivo Agustiniano 102 (2018) 523-525.