La doctrina mariana de san Luis María Grignion de Montfort

(Pablo Largo, en Ephemerides Mariologicae). Escritos marianos selectos forma parte de la colección Biblioteca Clásicos Cristianos. Contiene
dos escritos de san Luis María Grignion de Montfort: El Secreto de Maria y el Tratado de la verdadera devoción. Los precede una introducción firmada por D. Andrés Prieto Molina, que traza una breve biografía del santo y expone luego, frente a posibles críticas o reparos, cómo la devoción promovida por el santo misionero tiene un neto e incontrovertible sentido cristocéntrico.

El Secreto de María es un opúsculo que contiene dos partes, más un suplemento oracional y una conclusión en que el autor se vale de la alegoría del cultivo de un árbol o planta y cuyo sentido figurado detalla punto por punto. La Parte Primera trata sobre el oficio de María en nuestra salvación y la Parte Segunda expone la verdadera devoción a María. Esta «consiste en consagrarse totalmente, en calidad de esclavo, a María, y por ella a Jesucristo; y además en hacer todas las cosas con María, en María, por María y para María» (pp. 43-44). El autor glosa a continuación los aspectos indicados: a) la naturaleza de la esclavitud teologal (que ha de ser una esclavitud de amor y voluntad: pp. 45-46) y de la entrega a María en calidad de esclavo (lo que incluye la renuncia a disponer de sí mismo y del valor espiritual de las oraciones y sacrificios: p. 44); b) los grupos preposicionales mencionados (pp. 49-52). A ello añade una serie de consejos para la práctica correcta y fiel de esta consagración y una explicación de los efectos que produce (pp. 52ss.). Aunque la propuesta es de Grignion de Montfort, él se apoya, para diversos elementos de la misma, en autores como san Ambrosio (p. 52), san Agustín (p. 38), Guerrico (p. 56) y, sobre todo, san Bernardo (pp. 37, 46, 47).

El santo alterna con cierta libertad varias fórmulas para designar esta práctica: consagrarse a María, consagrarse a Jesús por María (p. ej., p. 47). Resalta también que, lejos de ser obstáculo para la unión con Dios, María remite totalmente a él, por ser plenamente traspareme a Dios: «nació solo para Dios» y «es el eco admirable de Dios, que cuando se grita: “María”, no responde más que “Dios”; y cuando con santa Isabel se la se la saluda bendita, responde glorificando a Dios» (p. 41).

Sospechamos que, aparte de que Grignion de Montfort mismo viviera a fondo esta espiritualidad, lo cual marcaría al escrito con cierto sello autobiográfico, hay algún pasaje .en que el autor deja entrever su propia experiencia; nos referimos en concreto a las menciones de dificultades y pruebas por que pasarán los devotos (p. 52). María no se las ahorra. Como es sabido, él, personalmente, conoció mucha contradicción; quizá por este motivo incluyó dicha advertencia, para que no se llamaran a engaño quienes siguieran su propuesta.

El estilo de este breve texto es vivo, pedagógico, fuertemente parenético. Abundan imágenes bíblicas y otras del mundo agrícola, como la de la manzana (p. 47) o la aludida del árbol.

El Tratado de la verdadera devoción amplía y enriquece notablemente lo expuesto en el opúsculo anterior. Está estructurado, después de una breve Introducción, en tres partes. La Parte Primera se dedica a la devoción a la Virgen en general. En sus tres capítulos presenta a María en el designio de Dios tanto en el misterio de la Encarnación como en la historia de la Iglesia, y de modo singular en los últimos tiempos, cuya cercanía presume el autor y para los que presagia la aparición de los “apóstoles de los últimos tiempos” (cf. cap. 3: pp. 89-96). La Parte Segunda consta de cinco capítulos, donde se declaran las 5 verdades (cap. 1), las 7 categorías de falsos devotos de Maria (cap. 2), las 5 notas de la verdadera devoción (cap. 3), las 8 prácticas interiores y las 12 prácticas exteriores de la verdadera devoción (cap. 4). La Parte Tercera se despliega en 6 capítulos: la naturaleza de esta devoción (cap. 1), los motivos para practicarla (cap. 2), la historia de Jacob y Rebeca interpretada en referencia a la relación de los predestinados y María (pp. 168-177) y los amables cuidados que María prodiga a sus fieles servidores (cap. 3), los frutos que procura esta devoción (cap. 4) y las prácticas exteriores e interiores (cap. 5; no coinciden sin más con lo dicho en el cap. 4 de la Parte Segunda), así como, finalmente, los actos que el devoto ha de realizar antes, durante y después de la comunión, porque, cuanto más se deje obrar a María en la comunión, tanto más se glorificará a Jesús (cap. 6).

Como es sabido, esta obra estuvo oculta y solo se publicó un largo siglo después de la muerte del autor, que previó este “hado” de la misma (p. 127). En ella, que tiene también por destinatarios a los sencillos (p. 77), Grignion de Montfort se sigue moviendo en la línea de la teología mariana de san Bernardo, al que cita en varios lugares y de quien toma la idea de María como mediadora ante el Mediador (pp. 112-113). Un elemento importante –como señaló, p. ej., Stefano de Fiores– es que este apóstol de la perfecta consagración a María trata de resaltar el vínculo que tal consagración tiene con el bautismo (pp. 135-137, 155-156), lo que permite entroncada en ese acontecimiento fontal de la existencia cristiana. De nuevo aparece, entre tantos otros, el motivo o punto de las pruebas o dificultades (p. 150).

En pp. 202-204 el autor se declara partidario de las expresiones “el esclavo de Jesús en María” y “la esclavitud de Jesús en María”, aunque admite la validez de la fórmula “la esclavitud de la Santísima Virgen”. En ello sigue a Tronson, superior general de San Sulpicio, y trata de razonar su preferencia, que presumiblemente encontrará buen eco en lectores de nuestro tiempo. El estilo puede resultamos algo recargado, pero se mantiene pedagógico, con la exposición ordenada, clara y razonada de los temas, el cuidado por responder a los reparos y objeciones que puedan presentarse a la propuesta, el empleo de imágenes, metáforas y analogías; es un estilo directo en que el autor dialoga con el lector y lo interpela. En él se revelan las destacadas dotes de que estaba revestido aquel gran misionero apostólico.

D. Andrés Malina, en su Introducción (pp. 5-27) trata de mostrar que la doctrina del santo rima bien con la del Concilio Vaticano II, pues tiene una neta orientación cristocéntrica. Hay, en efecto, algunas páginas que registran una verdadera catena aurea de textos neotestamentarios en los que se profesa una cristología alta y se pone de relieve la unicidad de Cristo. El lector valorará también, entre otros aspectos, el vigor con que Grignion de Montfort argumenta contra la falsa devoción y desenmascara sus razones especiosas, otro punto tratado explícitamente en Lumen gentium. Quizá le habría gustado una mayor atención a la inclusión de María en el misterio de la Iglesia, como enseña el Concilio. Habrá, por lo demás, aspectos de la teología del autor que no lo entusiasmen, como el relativo al valor que otorga a la dependencia que Jesús mostró a María durante 30 años. Estas limitaciones no han sido óbice para que la obra ejerciera un poderoso influjo en la espiritualidad.

Pablo Largo

Ephemerides Mariologicae XLIV/3 (julio-septiembre de 2014) 379-381.