Narración y diálogo sobre la vida consagrada de hoy

El jesuita esloveno M. Rupnik es ya, sin duda, bastante conocido entre nosotros, no sólo por sus mosaicos, sino también por sus libros traducidos al castellano. María Campatelli es menos conocida entre nosotros, pero es una experta en la tradición del oriente cristiano, especialmente de los grandes pensadores rusos de los últimos siglos, y es directora del Centro Aletti y de la casa editorial Lipa, dependiente de él.

Para hablarnos de la vida consagrada hoy se ha optado por ofrecernos no tanto un libro metódico convencional, sino más bien una narración, casi al estilo del Peregino ruso, en la que un ficticio y anciano padre Boguljub, perteneciente a un monasterio de tradición oriental cristiana, según parece, se va encontrando con diferentes personas de dentro y de fuera del monasterio, y con los que va dialogando sobre diferentes temas fundamentales para la vida consagrada de hoy. En este sentido, los siete capítulos en los que está divido el libro obedecen sobre todo a siete ámbitos narrativos o de encuentro con unos u otros personajes que van entrando en escena, para abordar, eso sí, la vida consagrada hoy desde una u otra perspectiva, o uno u otro aspecto de la misma.

El protagonista principal de dichos diálogos es siempre dicho padre Boguljub, aunque en algunos casos parece que le cede el protagonismo a otros de sus acompañantes o visitantes. Sólo en un caso, en el último capítulo, parece que protagonista va a ser otro, el padre Vassilij, que tiene un grupo de arte religioso, pero al final del mismo vuelve a entrar en escena el anciano monje ya mencionado. Generalmente dialoga con religiosos, pero en algún caso, como en el primer capítulo, lo hace con un matrimonio. Esto tiene su sentido, porque se quiere hacer ver hasta qué punto la vida consagrada tiene su raíz en el bautismo, y cómo, según la tradición oriental cristiana, también los laicos están llamados a vivir la pureza de corazón del espíritu monástico. Sólo en un capítulo, en el cuatro, el padre Boguljub no dialoga con ningún visitante, sino sólo en su interior con Dios, aunque de vez en cuando echa una parrafada sobre cosas más aparentemente banales con su compañero de trabajo en ese momento.

Se trata siempre de discursos más bien largos, que contienen, sin duda, una densa reflexión teológica, con referencias a la situación presente. Las preguntas suelen ser más bien breves, y son casi una excusa para la exposición que se quiere ofrecer. Todo esto hace que a veces la narración, y la reflexión, se hagan un poco lentas, y los capítulos acaban resultando demasiado largos. En mi opinión los autores habrían hecho un favor a los lectores si, en lugar de ofrecernos un libro tan amplio, nos hubieran ofrecido el mismo material en varios volúmenes, articulados en más capítulos.

Estamos, sin embargo, ante páginas siempre sugerentes y llenas de actualidad, aunque parezca que se está hablando de una forma de vida consagrada tan antigua como la del monaquismo del oriente cristiano. De hecho, ante los retos que en Occidente se plantean hoy a la vida consagrada, que se abordan de forma muy realista y nada utópica, parece que los autores no ven más respuesta que volver a rescatar los contenidos teológicos fundamentales de dicha tradición teológica y monástica oriental. En este sentido abogan por una vida consagrada que pone de relieve la primacía de Dios por encima de todo, incluso de las propias estructuras, tradiciones y proyectos pastorales, que a veces están lejos de la verdadera vida; una vida consagrada en comunidad que bebe en las fuentes de la Trinidad una espiritualidad fundamentalmente comunional y, en este aspecto, eclesial, en donde no se viva los unos juntos a los otros, sino los unos en los otros; y esto no sólo con los propios hermanos de monasterio, comunidad o carisma, sino también con los que están fuera de los mismos, mirando siempre más allá del propio círculo. De este modo, el presente volumen es una llamada a rehacer las bases teológicas de la actual teología de la vida consagrada desde las raíces mismas de nuestra fe cristiana, siguiendo en esto la mejor tradición cristiana del pasado.

Lo que sí puede extrañar un poco hoy día es que, siendo mujer uno de los autores de la presente obra, haya poca referencia a la vida consagrada femenina (solo algo en el capítulo segundo), y nada sobre dicho tema dentro del mundo del monacato oriental.

Resumiendo, creo que se podrá estar o no de acuerdo en todo o en parte con los análisis que se hacen de la vida consagrada en Occidente, y, sobre todo, con los remedios que se proponen –no tanto los teológicos cuanto a veces ciertas: opciones prácticas que parecen sugerirse, que me parecen excesivas en algunos casos–, sin embargo no se puede negar que los autores de este libro han tenido el valor de plantearse y cuestionarse cosas sobre las que a veces se calla, porque parece que son incuestionables en la vida consagrada de hoy.

En todo caso los autores no pretenden ser derrotistas ni pesimistas, aunque a veces puedan parecerlo. De ahí precisamente el título que han querido poner a la obra que aquí nos ofrecen –Veo una rama de almendro– y que, ya casi al final de la misma, comentan de la manera siguiente: «Es tiempo de orientarse con todas las fuerzas hacia lo que el Espíritu Santo llama a las Iglesias y dejar caer todas las soluciones condicionadas por una época que no quiere admitir que ya ha pasado […]. Al dar la precedencia a la vida en el Espíritu, que es la comunión con el Padre en el Hijo, se genera la vida, se llega a ser fecundos. El hombre cuya vida da fruto es el hombre vivo, y por ello es feliz. A pesar de que nuestro tiempo esté contaminado por el olor de la muerte, es el tiempo en el que el Señor no pide como a Jeremías: “¿Qué ves, Jeremías?” Y Jeremías le responde: ‘Veo una rama de almendro”. Y el Señor añade: “Has visto bien, porque yo velo sobre mi palabra para realizarla”. Los religiosos son como esta rama de almendro, que tiende toda ella hacia la primavera para poder florecer» (p. 357-358).

Estamos ante un libro que puede ser muy útil para la lectura personal, pero también para la lectura, reflexión y formación comunitaria.

José-Damián Gaitán, O.C.D.

CONFER 216 (octubre-diciembre de 2017).