Por la promoción de una vida más fraterna

(Carlos Sánchez de la Cruz, en Sinite). Javier Villalba, autor de Diaconado permanente, es pediatra. Cuenta con más de cincuenta articulas y colaboraciones de su especialidad en revistas nacionales e internacionales. Pero la singularidad de este escrito reside en el hecho de que él mismo es diácono permanente en una parroquia de Madrid. Comparte ilusiones y proyectos con su esposa Belén Santos, licenciada en Filología Hispánica y profesora, que ha colaborado con un apartado del libro y que también vive su fe activamente en la pastoral familiar de la misma parroquia. Se trata, por tanto, de un texto completo y muy bien documentado, pero que posee también una profunda raigambre experiencial y testimonial.

El libro cuenta con prólogo de Carlos Osoro, Cardenal Arzobispo de Madrid, que bellamente insiste en la dimensión de servicio diligente a los pobres que contiene el diaconado, íntimamente vinculado al ejercicio del servicio episcopal. Osoro resume bien la aportación del presente libro: comprender mejor quiénes son los diáconos permanentes (ministros ordenados), a quién representan (a Cristo servidor) y cuál es su misión (la diaconía ministerial en medio del mundo y en nombre de la diaconía común de toda la Iglesia). Un ministerio, además, que ayuda a entender la Iglesia como Pueblo de Dios, Misterio de comunión e Iglesia samaritana, y que realza el primado del servicio superando una visión focalizada exclusivamente en lo cultual.

El concilio Vaticano II, en su dinámica de vuelta a las fuentes (ressourcement) y de renovación (aggiornamento), vino a restaurar el diaconado como grado permanente. De ahí que en el primer capítulo, Villalba dirija la mirada a los mismos orígenes de su institución, donde ya aparece el diaconado relacionado con la pastoral social y caritativa, antes incluso que con el servicio a la Palabra y la liturgia. A partir de textos bíblicos, patrísticos y magisteriales, el autor aborda la identidad específica del diácono (“Cristopersona”, en expresión de E. Schillebeeckx) desde su configuración con Cristo, señor y siervo, a lo que corresponde una espiritualidad marcada por la servicialidad como signo distintivo. El diácono permanente casado queda también enriquecido por la gracia del Matrimonio, viviendo su ministerio de forma distinta, impregnado de la fidelidad y de la solidez de su vida familiar. Una “doble sacramentalidad” que define su identidad y se traduce en un mutuo enriquecimiento.

En el segundo capítulo, Villalba desarrolla la relación del diácono con la Pastoral Social, expresión de su servicio a la Iglesia y al mundo. Un servicio en dependencia del Señor, en humildad (kénosis), en respeto y amor al otro y llevado a cabo con alegría y que, además, ha de hacerse concreto. En el tercer capítulo, guiado por documentos diversos, el autor aboga por una pastoral social integral e integrada en la diócesis y en la parroquia: asistencial, promocional, profética, transformadora, estructurada, orgánica, continuada e independiente, etc. La práctica vivencial, de hecho, constituye la verificación de su autenticidad. El cuarto capítulo está dedicado a la espiritualidad del diácono permanente, impulso que determina la forma de ser y actuar, origen y fuente de la que brota el servicio. Un ministerio vocacional que brota de la llamada de Jesús a seguirle y cuya respuesta no solo requiere idoneidad, sino discernimiento con la familia y la comunidad parroquial, así como formación teológica y espiritual, también permanente. En el quinto y último capítulo, el autor y su esposa esbozan aspectos diferentes de su vida (mundo laboral, educación y cuidado de los hijos, función de padres y esposos, tareas del hogar, etc.) que, bien equilibrados, se convierten en ganancia y enriquecimiento mutuo.

Para terminar, se apuntan algunos riesgos a los que podría estar sometido el diaconado: clericalización, que el diaconado se viva como un campo más de la vida o la pérdida de su actividad más propia (la caritativa), entre otros. Tras un sugerente epílogo, buena síntesis del texto, se ofrece una interesante bibliografía sobre el diaconado y, particularmente, sobre el diaconado permanente.

Como confesará el autor en sus palabras finales, el diaconado –”ministerio de lo cotidiano” en un equilibrio que se abre a su desarrollo social, religioso y profesional– seguirá siendo un servicio que, a ejemplo de Jesucristo-diácono, puede dar mayor gloria a Dios por la promoción de una vida más fraterna entre todos sus hijos.

Carlos Sánchez de la Cruz

Sinite 175-176 (mayo-diciembre de 2017) 538-540.