Porque todos hoy necesitamos sacerdotes más felices

(Jesús Domínguez Sanabria, en Revista Agustiniana). Los autores de Los verbos del sacerdote, dos párrocos de la diócesis de Milán (Italia), experimentados en la vida pastoral de su ministerio sacerdotal, y habituados a realizar ya algunas otras publicaciones, han unido, compartido y dialogado su experiencia pastoral. Y, basados por una parte en la formación actualizada que poseen, y, por otra, apoyados sobre todo en los resultados de su ya madura pastoral como párrocos, han recogido en el presente libro un conjunto de verbos (por ejemplo: acoger, acompañar, administrar, colaborar, escuchar, servir, etc., hasta 20 distintos) para compartir con cuantos sacerdotes les lean unas reflexiones sencillas, prácticas, orientadoras, para llevar con acierto santificador y apostólico el proceder sacerdotal en el ejercicio del ministerio, particularmente con los feligreses de una parroquia.

Nada nuevo para quienes hemos desempeñado durante años el oficio de coadjutores o de párrocos. Pero ciertamente sugerentes en algunos puntos. Indudablemente son ejemplos y orientaciones indicadoras aceptables. Algunas de ellas simplemente opinables. Pero en todo caso flexibles para que resulten adaptables a las situaciones concretas de otras parroquias, en las que necesariamente habrá que tener en cuenta las debidas connotaciones circunstanciales que siempre forman parte necesaria del entorno, de las costumbres positivas y de las valoraciones personales. Se busca la doble efectividad de proceder con rectitud santificadora personal y, al mismo tiempo, para intentar lograr el mejor y más efectivo ejercicio pastoral. Y, en este sentido, la presente obra ciertamente resultará muy aleccionadora para aquellos sacerdotes que se inicien en la práctica de la pastoral parroquial. Sí, también ayuda a la formación permanente que todo sacerdote debe de ir actualizando al sumar años de ejercicio sacerdotal; los autores así lo pretenden, porque «lo que importa –dicen ellos– es la calidad evangélica del ministerio» (p. 10)…; y porque, en definitiva, también los sacerdotes, personalmente y en el ejercicio del ministerio, hemos de estar en constante progreso de conversión, para ser siempre signos vivos del amor de Dios y testimonios eficaces de la alegría del Padre; por que, el mundo, la Iglesia, los fieles, «todos hoy necesitamos sacerdotes más felices» (p. 237). iY eso debe notarse en el ejercicio de la pastoral!

 

Jesús Domínguez Sanabria

Revista Agustiniana 58/2 (2017) 577-578.