Prólogo de Francisco José Andrades Ledo para «La opción misionera renovará la Iglesia»

El siempre recordado Pablo VI puso en primer plano de la preocupación eclesial el motivo central de su ser Iglesia: la evangelización. Con la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975) elaboró una enseñanza pormenorizada, a la vez que sencilla, de la tarea eclesial de anunciar el Evangelio a todos los hombres. Desde entonces, y hasta nuestros días, dicho documento ha servido de referencia a cualquier intento de seguir profundizando en la misión de los creyentes. La teología pastoral tiene puesto permanentemente un ojo en este magisterio a la hora de seguir reflexionando sobre la evangelización.

Casi a los cuarenta años de su publicación, y justo a los pocos meses de su elección como obispo de Roma (24 de noviembre de 2013), Francisco retoma el motivo central de la evangelización y lo convierte en contenido esencial de su primera enseñanza como pontífice de la Iglesia, la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Como él mismo dice, este documento «tiene un sentido programático» de todo su magisterio posterior (EG 25). La exhortación apostólica de Francisco –recordando a aquella de Pablo VI incluso en el nombre– vuelve a situar en el centro de la reflexión eclesial, y de su acción, la evangelización. Adoptando un modo de proceder diferente y desde el abordaje de aspectos distintos, el papa argentino confiere de nuevo toda su importancia a lo que su antecesor bresciano había considerado como la razón de existir de la Iglesia: la evangelización. Basta recordar en este momento la afirmación explícita de Pablo VI de que la Iglesia «existe para evangelizar» (EN 14).

Pero seríamos injustos con la propia trayectoria evangelizadora de la Iglesia en el período posconciliar, y con los pontificados intermedios entre los ya citados, si no dejáramos constancia también de las aportaciones de Juan Pablo II y de Benedicto XVI a la tarea evangelizadora. Al margen de toda valoración acerca del modo de proceder en cada caso y de las peculiaridades propias de sus personalidades, ateniéndonos solamente a la reflexión teórica que desde la teología pastoral podemos hacer, se debe al primero principalmente la apuesta por la «nueva evangelización» como clave unificadora de todo su magisterio pastoral. Esta preocupación por introducir a la Iglesia en una nueva etapa evangelizadora, consecuencia de la situación nueva de presencia en medio del mundo que atravesaba, llevó al papa polaco a convertir esta expresión en un eslogan de su pontificado. No hay documento de este período –desde aquella famosa homilía en Nowa Huta, barrio industrial de Cracovia, el 9 de junio de 1979– que no se precie de recoger alguna orientación en este sentido. Su sucesor, Benedicto XVI, perfecto conocedor de los anhelos y deseos de su antecesor por los años de colaboración con él al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, confiere un impulso de aplicación práctica a lo que antes había sido más bien solo una propuesta. Con su llegada al papado se crea, por medio de la Carta apostólica en forma de motu proprio Ubicumque et semper (21 de septiembre de 2010), el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización y convoca también la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana (7-28 de octubre de 2012).

Este breve apunte del magisterio papal posterior al Vaticano II acerca de la evangelización, partiendo del impulso renovador que supuso el acontecimiento conciliar, nos coloca en la pretensión de la obra de Juan Pablo García Maestro, gran conocedor de esta trayectoria apostólica y fiel observador de los pormenores que en cada período se van sucediendo. La obra que nos presenta ahora, unida a otras de reciente publicación, nos permite adentrarnos en la tarea eclesial y reflexionar acerca de cómo poder llevarla a cabo en el momento actual de un modo más operativo y eficaz, de manera que, como decíamos más arriba, el Evangelio pueda dar respuesta a los anhelos del hombre. Con ello pretende responder a la pregunta que ya Pablo VI formulaba en el Preámbulo de Evangelii nuntiandi: «¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?» (n. 4). ¡Cuántas veces se ha descuidado en la reflexión de la teología pastoral este principio de la eficacia, como si estuviera en contra de la gratuidad con la que Dios nos ofrece su salvación! En esta obra se asume como un principio orientador, aunque sin indicarlo en ningún momento como algo específico, pero dando sugerencias precisas en cada aspecto tratado. Considero digno de ser destacado este interés por actualizar los criterios orientadores de la acción pastoral en esta obra, porque es una de las aportaciones de las páginas que nos siguen para la acción evangelizadora eclesial en el momento actual.

Junto a ello, y también sin ser citado expresamente por parte del autor, quisiera subrayar el esfuerzo dedicado a poner en el centro de la reflexión la evangelización, queriendo abordarla de una manera asequible a cualquier lector sin necesidad de ser especialista en teología pastoral. El anuncio del Evangelio es tarea de todos y cada uno de los cristianos (cf EG 119-121); el bautismo ha convertido a cada uno en «discípulo-misionero» del Evangelio. Pero eso requiere también el conocimiento de aquello a transmitir, y previamente el encuentro personal con Cristo y la opción en libertad por su seguimiento. El Evangelio a comunicar es a Jesucristo, y este muerto y resucitado, dador de vida para el hombre y proyección de realización plena de su humanidad. El encuentro personal con él es lo único que nos puede permitir entrar en esa dinámica de discipulado misionero. La lectura de las páginas que siguen puede ayudar al lector a profundizar en ello desde una clave de renovación misionera.

El título de la obra (La opción misionera renovará la Iglesia) ya indica una apuesta por esa renovación de la acción evangelizadora de la Iglesia. Ella apunta a la superación de la tradicional pastoral de cristiandad, caracterizada por la conservación de las prácticas pastorales tradicionales de la Iglesia, independientemente de la nueva situación creada en los destinatarios, por otra opción que, partiendo precisamente de este nuevo escenario, pretende dar respuesta al hombre actual desde el anuncio del Evangelio de Jesucristo y la preocupación por el encuentro personal del hombre con Dios como prioridad evangelizadora. Esta opción se inserta en la propuesta de renovación del papa Francisco (cf EG 2) y viene a dar respuesta a una necesidad sentida en amplios sectores eclesiales desde hace varias décadas. No se trata, como en otras épocas se ha pretendido, de hacer conocer a otros lo que la Iglesia dice o sostener por la fuerza los valores tradicionales que supuestamente siempre ha defendido. El desarrollo pastoral que el pontífice actual está proponiendo a la Iglesia se orienta desde otras claves: en salida, a la búsqueda de las periferias, con una gran valoración de todo el pueblo de Dios como sujeto evangelizador, la pobreza como realidad esencial a tener en cuenta, etc.

En esta apuesta renovadora a la que la obra quiere contribuir hay que valorar la audacia y el compromiso de su autor a la hora de manifestar su valoración personal, en ocasiones arriesgada y comprometida, en determinados puntos que todavía hoy no alcanzan un nivel de consenso generalizado en la Iglesia. El amor desinteresado a la Iglesia, la frescura de pensamiento, la apuesta evangelizadora, la pericia teórica y el conocimiento del magisterio, del que deja amplia muestra en las numerosas citas que acompañan su reflexión, son muestras de que la propuesta ofrecida anima a los creyentes a entrar en una opción evangelizadora con perspectivas de futuro en el tiempo presente. El hombre contemporáneo está demandando abiertamente de la comunidad cristiana un testimonio evangelizador que le ofrezca alternativas a las situaciones de angustia y opresión que la misma sociedad le plantea. El hecho mismo de poner a Dios, y a su Hijo encarnado, en el centro de atención de la fe cristiana es ya un signo claro de este deseo renovador. Si a ello unimos la ilusión por que sea desde Dios, y no desde la estructura eclesial, de donde provenga ese deseo renovador, nos encontramos con una decisión firme de contribuir al bien de la humanidad, apostando por la implicación de los cristianos –y de la Iglesia como institución– en ello. Desde ahí es digno de destacar la importancia concedida al binomio fe-justicia; esto es, la implicación ética de la fe y el compromiso que comporta para el creyente en la realización ordinaria de su vida. Es la importancia de la fe convertida en vida y de la evangelización tendente a la acción («evangelización es palabra de acción», dice el autor en las primeras páginas). En eso se denota la preocupación por no reducir la evangelización al simple anuncio del Evangelio, por muy bien hecho que esté y muy explícito que se haga, como si ello fuera el fin último y prioritario de la evangelización. Esta no se termina hasta que no culmina en la acción, en su puesta en práctica, en la vivencia de la Buena Noticia anunciada. En eso se deja traslucir también la enseñanza de Pablo VI, cuando en Evangelii nuntiandi 19 indicaba que «para la Iglesia no se trata de predicar el Evangelio… sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad».

Y dicho todo lo anterior, solo nos queda agradecer a Juan Pablo García Maestro el tiempo invertido en plasmar en letra impresa las reflexiones que durante tiempo viene haciendo en las aulas con sus alumnos, en los numerosos encuentros en los que participa como ponente y en las conversaciones personales mantenidas con colegas y amigos. Su entusiasmo evangelizador supone un estímulo para todos los que nos sentimos embarcados en la misma tarea. Espero que estas páginas puedan servirte también a ti, estimado lector, en el proceso de conversión personal y a continuar la dinámica de renovación pastoral en la que el papa Francisco ha embarcado a la Iglesia.

Francisco José Andrades Ledo