Sacar el máximo provecho de las riquezas del desierto interior

(J. Patuel, en Actualidad Bibliográfica). Quien haya estado en el desierto y haya visitado la tumba de Charles Foucauld va a compenetrarse rápidamente con el contenido de este libro, o también el libro ayuda a conocer el propio desierto interior.

El autor de La espiritualidad del desierto con Carlos de Foucauld, Vázquez Borau (Barcelona, 1946), doctor en filosofía y teología, además, especializado en Ciencias Religiosas, es el presidente del Instituto Emmanuel Mounier de Cataluña. En su haber tiene más de sesenta obras sobre temas de religiones y espiritualidad, entre ellas 100 preguntas sobre el cristianismo (2014), 100 preguntas sobre el islam (2014), 100 preguntas sobre el hinduismo (2015).

El presente libro sigue los lineamientos de la interioridad. El autor en la introducción lo deja bien claro: El valor del desierto tanto geográfico como interior. En el desierto no hay nada dice, pero conviene tener en cuenta que es de forma aparente. Quien lo explora, gracias al silencio, percibe la gran riqueza. Lo mismo sucede en el interior del Ser Humano. Pero el desierto es zona de paso o de tránsito. Habla de esa necesidad de silencio y lo valúa como un pedagogo por tres motivos. El silencio, en primer lugar, nos enseña a escuchar nuestra conciencia para seguir el gran apotegma griego: Conócete a ti mismo. El segundo nos ayuda a escuchar a los demás y esa relación enriquece; además de vivir la diversidad. El tercer motivo se escucha a Dios que nos habla en lo más profundo de nuestro ser para comunicarnos su propia vida. En otras palabras, percatarnos de nuestra propia “divinidad” que todo Ser Humano es.

También nos presenta lugares de las “fraternidades de desierto”, no “del” sino “de”. Nos cita un hermoso texto de René Voillaume, que predicó al Papa y a miembros de la curia romana en 1969. Como dice el autor, la intuición de Foucauld fue vivir como Jesús sin “separaciones del mismo”. Un enfoque que tiene en cuenta la psicología holística: El Ser Humano no es departamental, sino integral. La persona lectora no tiene más que penetrar en los textos que el autor presenta en dos partes. La primera parte del libro es “La importancia del desierto”, de encontrar momentos de silencio para vivir el Silencio o la Presencia silenciosa. Lo enriquecen textos bíblicos bien escogidos donde los salmos gozan de un lugar importante. La segunda parte “Ir al desierto con Carlos de Foucauld” donde hay textos hermosos de la familia espiritual y citas del propio Foucauld. En otras palabras, ir siempre a la fuente. Un programa de siete días contemplado en dos semanas, además de bien distribuido. El libro finaliza con “la oración de Horeb” o monte de Sinaí: “Señor, ayúdame a encontrarte en lo más profundo de mi ser”.

Un libro para todas aquellas personas, que conocedoras de la Biblia y del Espíritu de Foucauld, o sencillamente las que buscan por estar sedientos en los desiertos de ciudad, les brinda un alimento interior para sacar el máximo provecho de las riquezas del desierto interior donde aparentemente no hay nada. Un libro que manifiesta y expresa lo que puede ser el Sujeto Humano cuando intenta adentrarse en su interior sin miedo, pero con tranquilidad, sin angustia pero con confianza. Las prisas en este camino nunca son buenas, como lo podrá atestiguar la persona lectora. Dios siempre espera y está presente. Toca al Ser Humano “despertarse y ver el desierto en pleno día”.

J. Patuel

Actualidad Bibliográfica 2018/1 (enero-junio de 2018) 87.