Simbiosis de palabra y arte para la contemplación

(Pablo Largo, en Ephemerides Mariologicae). En diversos textos, tanto en edición impresa como en edición digital, se informa que fue el salesiano Francisco Palumbieri quien propuso en 1988 la creación de un conjunto de estaciones centrado en la resurrección de Jesús. Sería en 1990 cuando tuvo lugar la primera gran celebración pública. La propuesta ha ido ganando terreno, como se detalla en las primeras páginas (pp. 5-20) de este Vía Lucis, tituladas El Vía Lucis. Devoción pascual del Tercer Milenio y firmadas por Manuel G. López-Corps, profesor de Liturgia en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso. En ellas se expone la variedad de esquemas celebrativos (esquema septenario, esquema de catorce estaciones) que se han adoptado en distintos espacios geográficos y lingüísticos. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia del año 2001 menciona y aprueba esta devoción, lo que le da un sello oficial. El autor, Pablo Cervera, explica en la Introducción qué es el Vía Lucís y ofrece varias instrucciones sobre esta nueva práctica: la disposición inicial que requiere, el tiempo y el modo apropiados. Su esquema propone catorce estaciones. En cada una se ofrece una secuencia de cuatro momentos: 1. Palabra de Dios (que reproduce un texto evangélico, salvo el de la última estación, que procede de Hechos); 2. La fe de la Iglesia (con un texto pertinente del Catecismo de la Iglesia Católica); 3. Reflexión: la voz de la tradición (con textos patrísticos, sobre todo de san Agustín, o del magisterio); 4. Oración (acorde con el motivo considerado).

No se puede pasar por alto un complemento de particular rango: son las 30 ilustraciones a todo color y a toda página o a media página que acompañan al texto. Reproducen mosaicos de Marko I. Rupnik y del Centro Aletti; es toda una galería temática que nos acerca a este misterio de gloria cumplido en Jesús y nos muestra su impacto en la experiencia de quienes serían sus testigos; se ofrece así un recorrido visual por los encuentros pascuales. El papel satinado permite una reproducción de gran calidad. Este elemento complementario no solo da esplendor al libro, sino que es una vía para la contemplación de distintas facetas de este misterio de gloria. Hay una simbiosis de palabra y arte.

La selección de textos del Nuevo Testamento y del Catecismo es la adecuada. La selección patrística contiene páginas bellas, en especial varias de san Agustín. El rezo del conjunto en una celebración pausada puede requerir un tiempo prolongado, similar al que dura el Vía Crucis del Viernes Santo junto al Coliseo romano.

En p. 32 hay una extraña errata: «de los Hijos», en lugar de «del Hijo». Y quizá se deba revisar la secuencia de letras en rojo de las págs. 12-14, donde Manuel G. López-Corps ofrece las referencias bíblicas de un Vía Lucís septenario para cada ciclo del año litúrgico.

Pablo Largo

Ephemerides Mariologicae 64/4 (octubre-diciembre de 2014) 583-584.