Síntesis y compendio de todo

(Ernestina Álvarez Tejerina, en Confer). El hombre es un eterno buscador de la felicidad, pero sólo cuando sepa lo que es el amor la encontrará de verdad. Esta es la idea principal que Vicente Barragán, dominico, profesor de Biblia y perteneciente a la renovación carismática, desarrolla en Un canto al amor. Pero, ¿qué es el amor?, se pregunta. Para responder comienza explicitando ampliamente dos conceptos, la amistad y el amor, bastante parecidos en sus significados etimológicos y en su discurrir histórico desde el mundo griego y romano hasta nuestros días.

En cuanto al amor, es clásica la distinción entre el eros, amor que desea y es posesivo y el ágape, amor que se entrega y es oblativo. Estrictamente hablando solo hay un amor, el de Dios, y él lo pone en nuestro corazón y lo alimenta y sostiene a lo largo de toda la vida.

Por lo que se refiere a la amistad, estaría relacionada directamente con el amor y sería una de las formas más privilegiadas de expresión. Sus dos características principales son la gratuidad y la reciprocidad. «Consiste en procurar y querer el bien del amigo por el amigo mismo» (Aristóteles).

La Sagrada Escritura se presenta como el libro de las grandes amistades de Dios con los hombres: (Abrahán, Moisés…) y de los hombres entre sí (David y Jonatán). Pero es sobre todo en los libros sapienciales donde este tema adquiere todo su relieve y queda reflejado, con intensidad, que lo contrario es el egoísmo que nos encierra en nosotros mismos.

Avanzando en la lectura del libro nos encontramos con una reflexión sobre el «amor revelado» según nos lo presenta la Sagrada Escritura tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y la respuesta del hombre a ese amor.

La Sagrada Escritura no habla directamente del amor de Dios sino de un Dios que ama y dialoga con los hombres como un amigo lo hace con su amigo. En el Antiguo Testamento se utilizaron diversas palabras para hablar del amor. «Ahabah» (amar), «dod» (amigo), «rahum» y «rahamin», «hésed». En todos estos términos se recoge la idea de un Dios que ama con ,un amor no sólo con carácter divino sino también profundamente humano.

Es amor de esposo y de padre; siempre fiel, misericordioso, compasivo, salvador, eterno y gratuito. No se impone, el hombre puede acogerlo o no, pero al tocar su centro, éste se ve en la necesidad de entregarse por entero a él.

El hombre debe amar a Dios «con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas». Sin embargo pronto aparece, junto a este mandamiento e inseparable de él, el «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19,18).

En el Nuevo. Testamento el punto clave de la revelación es 1 Jn 4, 7-8: «Dios es amor» y nos da una prueba de que nos ama al enviar a su Hijo para salvarnos. Esto significa que apuesta por el hombre hasta el final. En el Hijo nos da lo que más quiere, nos lo da todo y en Jesús nos ama «hasta el extremo» (Jn 13,1).

La respuesta del hombre al amor de Dios es amarnos los unos a los otros. «Esto os mando, que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12), es decir hasta el extremo, dando la vida, incluso por los enemigos. Un amor que se hace, sobre todo, perdón.

Termina el libro con una presentación del amor de Dios en nuestra cultura actual. Cuando Dios entra en el corazón de una persona toda ella se transforma y renueva y los hombres se convierten de enemigos en hermanos y aparece la fraternidad universal.

El amor es la síntesis y compendio de todo.

Ernestina Álvarez Tejerina, O.S.B.

Confer 217 (enero-marzo de 2018)