Sobre el amor y su esencia

«Y ahora voy a describir la experiencia que consiste en maravillarse por la existencia del mundo diciendo: es la experiencia de ver al mundo como un milagro»
(Ludwig Wittgenstein).

¿Un libro sobre el Amor? ¿Acaso se puede revestir de palabras lo inefable? ¿Y si fuese demasiado osado dar voz a lo que, por ser tan humano, es limitado? ¿O quizá sea porque el amor es el sustento de la vida, el motor del existir? Sea como fuere –y que cada persona se sienta libre para filosofar sobre el ser del amor en su propia vida–, el caso es que no encuentro otra razón más firme y sincera para comprender el arte de ser y vivir como personas. Porque el amor es esencia divina que se vierte en el recipiente de nuestra frágil vida. Y así lo vivió y expresó un hombre de Dios que desplegó su antena parabólica espiritual para captar la onda divina en su propia historia personal y en la búsqueda de caminos de encuentro y diálogo entre diversas tradiciones religiosas:

Decir que estoy hecho a imagen de Dios es decir que el amor es la razón de mi existencia; pues Dios es amor. El amor es mi verdadera identidad. La abnegación es mi verdadero yo. El amor es mi verdadero carácter. Amor es mi nombre.
Si, pues, hago, pienso o digo algo, conozco o deseo algo que no sea puramente por el amor de Dios, no puede darme sosiego ni descanso, satisfacción ni gozo.
Para hallar el amor debo entrar en el santuario donde está escondido: que es la esencia de Dios (Thomas Merton, monje cisterciense).

Por eso, este es un libro sobre el amor, entendido como una fuerza que cimienta la vida humana, como una actitud, como una forma de ser y de estar, como un compromiso cotidiano con la vida, como más, mucho más, que un mero sentimiento sensiblero que, como viene, se va.

Por eso, este es un libro que tiene como protagonista a la vida misma, contemplada con el prisma del amor que nos humaniza (nos diviniza). Y por eso mismo este ejercicio de meditación a viva voz (con palabra escrita) comienza con una referencia agradecida a quien cambió el curso de los tiempos a fuerza de compromiso solidario, a ritmo de amor, y quien, según la tradición multisecular, trajo hasta el finisterrae occidental la esencia de una buena (buenísima) noticia: «Nadie tiene amor más grande sino quien da la vida por sus amigos».

Aquí tienes retazos de vida, a la luz del amor que da sentido a la existencia, y que quiero compartir contigo.

Francisco Castro Miramontes