Menos leyes y más amor

Menos leyes y más amor

La obra reflexiona sobre una realidad social y eclesial sangrante
sin rehuir el debate de fondo acerca del propio matrimonio

(Lala Franco, en Vida Nueva). Es Hasta que la muerte (del amor) nos separe, el libro de Cristina Ruiz Fernández, un alegato razonado y sentido para que los divorciados y separados tengan un trato mejor en nuestra Iglesia, que debe acoger y acompañar el dolor de su ruptura y fracaso matrimonial.

De inicio a fin, estas páginas van desarrollando la misma propuesta: “Volver a poner el amor en primer plano, darle toda su importancia como sentimiento profundo. Desjuridizarlo”. Porque una visión exclusivamente juridica corre el riesgo “de dejar al amor –y a la muerte del amor– fuera de la historia”, cuando la realidad sacramental del matrimonio se verifica y construye día a día.

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Acoger, acompañar, ayudar y sanar a las personas divorciadas

(J. Montero, en Studium). El interés fundamental de esta obra –Hasta que la muerte (del amor) nos separe– se centra en su análisis de la situación compleja del divorcio, en el problema íntimo y en las consecuencias no raras veces traumáticas de las personas divorciadas en la Iglesia católica. Para captar la problemática real y específica de cada situación, la autora hizo entrevistas a personas que pasaron por este duro trance. No es teóloga, ni catedrática, ni abogada sino que reflexiona y escribe desde su condición de laica, creyente, mujer, esposa y madre, lo cual multiplica su autoridad como persona que sabe de lo que habla porque tiene muy presente y ejerce cada tras día el noble arte de convivencia. (más…)

Lo que las personas divorciadas creyentes piden a la Iglesia

Lo que las personas divorciadas creyentes piden a la Iglesia




(Mª Cristina Guzmán Pérez, en Razón y Fe). Cristina Ruiz Fernández ha sabido narrar en Hasta que la muerte (del amor) nos separe de una manera ágil, clara y cercana el problema que sin duda existe en nuestra sociedad sobre el fracaso del amor conyugal y el importante porcentaje de rupturas matrimoniales. Aborda, sobre todo —y esta es la finalidad de su obra— la respuesta que se espera de la Iglesia, ante el número creciente de divorciados vueltos a casar, con la esperanza de que la última Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Amoris Laetitia, se traduzca, en la práctica, en una postura evangélica de cercanía, acogimiento pastoral, ayuda y sanación de las heridas, desapareciendo esa tradicional e intolerante posición de juridicidad canónica sobre el matrimonio y el juicio de culpabilidad por la ruptura.

Felicitamos a la autora porque (más…)

Cuestión de actitudes

(Álvaro Santos, en Cooperador Paulino). He aquí una frase programática, que resume la intención de este libro –Hasta que la muerte (del amor) nos separe– sobre las personas divorciadas en la Iglesia: «Acoger, acompañar, ayudar, sanar. Esos deberían de ser los verbos con los que la Iglesia afrontase la realidad del divorcio». Y ciertamente, lo que propone Cristina Ruiz, de lo que habla, es del trato pastoral y personal que da y del que debería dar la Iglesia a las personas que han vivido una ruptura de pareja. Un trato que ha sido frío, excluyente, acompañado a veces de gestos adustos y que muchas personas han vivido como una nueva pesada carga e incluso como una expulsión de la Iglesia. Pues bien, apoyada en la Amoris laetitia y en los documentos sinodales, Cristina Ruiz nos propone un cambio de actitudes que pasa por sustituir el rechazo y el silencio por la acogida, la escucha y la comprensión.

Álvaro Santos

Cooperador Paulino 177 (mayo-agosto de 2017) 41.

Los católicos divorciados: «“Amoris laetitia” se ha quedado corta con nosotros»

De izquierda a derecha, Mª Ángeles López Romero, Cristina Ruiz Fernández, Fernando Artigas, Mari Patxi Ayerra y Ana Nadal.

(José Beltrán, en Vida Nueva). El capítulo VIII Amoris laetitia sobre la mesa de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Madrid. No es la primera vez ni la última. Pero sí desde los implicados. Después de un año en el que no son pocos los que han hablado, interpelado y cuestionado la exhortación apostólica, los divorciados toman la palabra.

Y lo hacen a través de ‘Hasta que la muerte (del amor) nos separe’ (San Pablo), escrito por la periodista Cristina Ruiz Fernández y presentado ayer 24 de mayo. “La Iglesia de Francisco no es una Iglesia de titulares, sino de acogida. La experiencia que yo he conocido en la parroquia de Guadalupe es que nadie condena”, señala la autora sobre SEPAS, los grupos de acompañamiento a separados y divorciados de esta iglesia madrileña “que no buscan crear un gueto en la parroquia, sino que de modo natural se integran en las diferentes opciones de la parroquia”.

El libro se elabora en pleno desarrollo de los Sínodos de la Familia y la publicación de la encíclica de Amoris laetitia. “El proceso sinodal ha conseguido que yo diese una imagen mucho más amable de la Iglesia de la que yo podría ofrecer al principio. A buen seguro sería más crítico si el Papa no hubiese metido mano al tema”, reconoce la autora.

Ruiz Fernández cuenta con el apoyo de la canonista Carmen Peña, antes y después del motu proprio sobre nulidades: “Es el único tema práctico que se ha modificado de verdad para hacerlo más rápido y barato. Una de las cosas que me han quedado claro es que son nulos y que podría dar paz a mucha gente. El problema es que no se ha hecho una pastoral adecuada al respecto”. Cristina Ruiz reclamó “un plan estratégico real para implementar Amoris laetitia con acciones concretas y un presupuesto real”.

Orientación papal

“Al publicarse Amoris laetitia, me llamó un periodista para preguntarme qué opinaba. Está haciendo bien a la Iglesia, en tanto que abre la puerta a experimentar la misericordia de Dios. Deja de ser una idea de unos cuantos que estamos en la base para ser una orientación del Papa y por tanto, es de toda la Iglesia. Desde ahí, es un aire nuevo que hace recobrar esperanza a la gente”, subraya, por su parte, Fernando Artigas, párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, que explicó cuál es el punto de partida de SEPAS desde que se pusiera en marcha en 1987.

“Desde el inicio, cuando alguien llegaba y se presentaba como ‘soy separada’, le decíamos que ‘estaba separada’, en realidad ‘eres persona’”, explica este misionero del Espíritu Santo sobre este trabajo realizado, no sin dificultad ni críticas veladas.

Desde esta realidad, Artigas señala que “hay resistencias e intereses además de planteamientos teológicos que están por medio. Aun así, se ha dado un paso”. Por eso, asegura el misionero que “en algunos casos esperábamos que Francisco sentara cátedra, pero está claro que Amoris laetitia nos devuelve a todos a la adultez, a ser actores de nuestra propia vida en la medida que la conciencia frente a Dios toma protagonismo”.

La bendición que no llega

Amoris laetitia es un texto que puede ayudar y de hecho ayuda, pero se ha quedado corta. Se propone una Iglesia que abraza, pero sigo pensando en las personas divorciadas que viven con intensidad su fe… La prueba es que no se están viendo resultados prácticos al respecto”, valora Ana Nadal, divorciada y actual voluntaria de SEPAS, que denunció que “se les siga viendo como personas irregulares. Espero a que se pueda bendecir en algún momento a estas personas”.

“Quería acompañar a la gente que venía con tanto dolor, soledad y sensación de fracaso en su vida. Poquito a poco se logra volver a recomponer su vida y ser feliz. Eso me movió a dar el paso”, detalló sobre su experiencia personal: “Algunas no se han sentido acompañadas por sus familias ni acogidas por sus parroquias de origen. Aquí buscamos sobre todo buscar un clima de confianza, un espacio de sanación para, desde ahí, poder acompañarles en su propio duelo”.

Cristianos salvadores

“Cuando fui de ejercicios espirituales, me encontré con una taxista que me habían dicho: ‘Me han divorciado’”, comentó desde su vivencia cotidiana la teóloga Mari Patxi Ayerra, que se vio sin herramientas para poder responder a la realidad doliente de esta mujer: “Este libro ayuda a dar pistas precisamente en este acompañamiento. Todos tenemos que acompañan y ser cristianos salvadores de todos los que pasan por una de estas situaciones”.

“Hablar de este tema tiene muchas aristas. Quien abordara este tema tenía que ser valiente y debía afrontar todos los roces que surgieran por el camino. Pero sobre todo quería alguien que supiera adentrarse en el día a día de los protagonistas y esa persona es Cristina”, aplaude Mª Ángeles López, directora editorial de San Pablo.

José Beltrán

Vida Nueva (25 de mayo de 2017)

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