La respuesta del Dios de la vida frente a la cultura de la muerte de nuestra sociedad

(Juan Dobado, en Miriam). Como la devoción pascual del Tercer Milenio, así aparece descrito el ejercicio de este Vía Lucis en la obra del padre Pablo Cervera. Si el Vía crucis concluye en el sepulcro, ahora es momento de vivir la experiencia del Resucitado. Ilustrado con mosaicos del P. Marko I. Rupnik y colaboradores del centro romano Aletti, el Vía Lucis es la respuesta del Dios de la vida, de la esperanza, frente a la cultura de la muerte de nuestra sociedad. A través de catorce estaciones, desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés, el autor nos invita a meditar en las apariciones del Resucitado a la luz del Magisterio y de la oración.

Juan Dobado

Miriam 390 (septiembre-octubre de 2014) 189.

Libros sobre santa Teresa

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Puede ser un buen complemento para entender la vida y doctrina de esta doctora de la Iglesia el libro de un especialista en teología espiritual como Alfonso Crespo Hidalgo: Fuga y retorno de Teresa (La secreta seducción de Teresa de Ávila). Apoyándose en la vida y andanzas de la santa, el autor se adentra en la experiencia mística de relación con Dios, en su relación con el Amado que atraviesa por momentos de crisis y desencuentros y momentos de fusión en el amor de Cristo con la relación íntima más fuerte que puede tener un místico.

Una lectura actualizada al siglo XXI a fin de hacer más asequibles los textos de nuestros místicos clásicos (hacer que llegue más fácilmente su mensaje vivo y siempre actual) no es cosa nueva en algunas publicaciones de Jesús Martí Ballester, aunque para muchos resulte bastante discutible. Lo había hecho con san Juan de la Cruz y lo hizo con santa Teresa; ahora la Ed. San Pablo lanza Las Moradas de santa Teresa leídas hoy con el prólogo que en su día firmara el cardenal Ángel Suquia.

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El Rosario, como oración de los sencillos, para acercarnos al rostro de Cristo Jesús de la mano de María tiene una original propuesta para este Año Teresiano. La hace Pablo Cervera Barranco. Rezar el Rosario con santa Teresa de Jesús. Nos ofrece beber en los escritos de la santa carmelita, que no son propiamente comentarios, sino invitaciones a la contemplación y a la meditación e imitación de las actitudes de María para cada uno de los veinte misterios.

Javier Igea López-Fando ha elaborado una Novena a santa Teresa de Jesús, en la que deja apuntados algunos datos significativos en la vida de la santa e ilustrándolos con fragmentos de sus escritos a fm de acercar a los fieles la figura de una mujer normal, simpática, cercana, que descubrió a Jesús y llegó a ser modelo de santidad y de oración. Cada uno de los nueve días ofrece, tras la consideración del tema seleccionado, una oración tomada de los versos de la mística carmelita.

Un delicioso libro de poco más de un centenar de páginas es Santa Teresa, de Carmenmaría Hernández Alonso, en el
que esta profesora y pintora ha seleccionado unos sesenta pensamientos entresacados de los diversos escritos de la santa de Ávila para la meditación; tras el enunciado de los mismos, lleva a cabo unos sencillos comentarios o breves glosas de las originales intuiciones y lúcidas reflexiones de santa Teresa y las acompaña con unas preciosas ilustraciones a todo color que le dan frescura y espontaneidad al librito. No se trata de una obra destinada solamente a los niños, sino a cualquier tipo de lector que quiera conocer los pensamientos fundamentales de la santa escritora.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.773 (4 de abril de 2015) 18.

Simbiosis de palabra y arte para la contemplación

(Pablo Largo, en Ephemerides Mariologicae). En diversos textos, tanto en edición impresa como en edición digital, se informa que fue el salesiano Francisco Palumbieri quien propuso en 1988 la creación de un conjunto de estaciones centrado en la resurrección de Jesús. Sería en 1990 cuando tuvo lugar la primera gran celebración pública. La propuesta ha ido ganando terreno, como se detalla en las primeras páginas (pp. 5-20) de este Vía Lucis, tituladas El Vía Lucis. Devoción pascual del Tercer Milenio y firmadas por Manuel G. López-Corps, profesor de Liturgia en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso. En ellas se expone la variedad de esquemas celebrativos (esquema septenario, esquema de catorce estaciones) que se han adoptado en distintos espacios geográficos y lingüísticos. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia del año 2001 menciona y aprueba esta devoción, lo que le da un sello oficial. El autor, Pablo Cervera, explica en la Introducción qué es el Vía Lucís y ofrece varias instrucciones sobre esta nueva práctica: la disposición inicial que requiere, el tiempo y el modo apropiados. Su esquema propone catorce estaciones. En cada una se ofrece una secuencia de cuatro momentos: 1. Palabra de Dios (que reproduce un texto evangélico, salvo el de la última estación, que procede de Hechos); 2. La fe de la Iglesia (con un texto pertinente del Catecismo de la Iglesia Católica); 3. Reflexión: la voz de la tradición (con textos patrísticos, sobre todo de san Agustín, o del magisterio); 4. Oración (acorde con el motivo considerado).

No se puede pasar por alto un complemento de particular rango: son las 30 ilustraciones a todo color y a toda página o a media página que acompañan al texto. Reproducen mosaicos de Marko I. Rupnik y del Centro Aletti; es toda una galería temática que nos acerca a este misterio de gloria cumplido en Jesús y nos muestra su impacto en la experiencia de quienes serían sus testigos; se ofrece así un recorrido visual por los encuentros pascuales. El papel satinado permite una reproducción de gran calidad. Este elemento complementario no solo da esplendor al libro, sino que es una vía para la contemplación de distintas facetas de este misterio de gloria. Hay una simbiosis de palabra y arte.

La selección de textos del Nuevo Testamento y del Catecismo es la adecuada. La selección patrística contiene páginas bellas, en especial varias de san Agustín. El rezo del conjunto en una celebración pausada puede requerir un tiempo prolongado, similar al que dura el Vía Crucis del Viernes Santo junto al Coliseo romano.

En p. 32 hay una extraña errata: «de los Hijos», en lugar de «del Hijo». Y quizá se deba revisar la secuencia de letras en rojo de las págs. 12-14, donde Manuel G. López-Corps ofrece las referencias bíblicas de un Vía Lucís septenario para cada ciclo del año litúrgico.

Pablo Largo

Ephemerides Mariologicae 64/4 (octubre-diciembre de 2014) 583-584.

Las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo

«María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf Mc 16,1; Lc 24,1), enterrado aprisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (cf Jn 19,31.42), fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf Mt 28,9-10; Jn 20,11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios apóstoles (cf Lc 24,9-
10). Jesús se apareció enseguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (cf 1Cor 15,5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf Lc 22,31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» (Lc 24,34).

(Catecismo de la Iglesia Católica, 641)

«Hermanos míos, Jesús está en el cielo. Cuando estaba con sus discípulos en su carne visible y en su palpable realidad física, fue visto y tocado; pero ahora que está sentado a la derecha del Padre, ¿quién de nosotros puede tocarle? Y, sin embargo, ¡ay de nosotros si no lo tocamos con la fe! Todos los que creemos lo tocamos. Es cierto que está en el cielo; es cierto que está lejos; es cierto que no puede medirse el espacio que lo separa de nosotros. Cree y lo tocas. ¿Por qué digo que lo tocas? Puesto que crees, tienes junto a ti a aquel en quien crees. Por tanto, si creer es tocarlo; mejor, si tocarlo es creer, ¿qué significa: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre? ¿De qué se trata? ¿Por qué buscas mi carne tú, que aún no entiendes que soy Dios? ¿Queréis saber cómo deseaba tocarlo aquella mujer? Buscaba como si estuviese muerto a quien no creía que fuera a resucitar. Se llevaron a mi Señor del sepulcro y lo llora como a un hombre. ¡Oh tocar! Como la veía preocupada por la forma de siervo sin haber aprendido a saborear, creer y comprender la forma de Dios, en la que es igual al Padre, difiere el que lo toque para que lo toque en la totalidad de su ser. No me toques –dijo–, pues aún no he subido a mi Padre. Me tocas antes de subir al Padre; crees sólo en el hombre; ¿de qué te aprovecha esa fe? Deja, pues, que suba al Padre. Si crees que soy igual al Padre, subo para ti al lugar de donde nunca me he apartado. Nuestro Señor Jesucristo no descendió del Padre de manera que se apartase de él, como tampoco se apartó de nosotros cuando ascendió de entre nosotros. Mucho antes de subir y sentarse a la derecha del Padre dice a sus discípulos: Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo».

(San Agustín, Sermón 229/K, 1-2)

(Pablo Cervera Barranco, Vía Lucis).

Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz

«Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz… Qué alegría tan grande es poder vivir al pie de la Cruz. Allí encuentro a María, a san Juan y a todos los amadores… Esté (yo) siempre a la sombra del duro madero, ponga allí a tus pies mi celda, mi lecho… Tenga yo allí, Señor, mis delicias, mi descanso en el sufrir… Riegue el suelo del Calvario con mis lágrimas… Allí no hay dolor, pues al ver el tuyo, ¿quién se atreve a sufrir? Allí todo se olvida… No hay deseo de gozar, ni nadie piensa en penar… Al ver tus llagas, Señor, solo un pensamiento domina mi alma…, amor… Sí; amor para enjugar tu sudor, para endulzar tus heridas, para aliviar tan inmenso dolor. ¡No permitas, Señor, que me aparte de Ti!

¡Qué dulce y tranquilo es el sufrimiento pasado en compañía de Jesús Crucificado! ¡Es en la Cruz donde he hallado siempre consuelo…! Por eso, al ver la Escuela Divina de la Cruz, al ver qué es el Calvario, acompañando a María, donde únicamente puedo aprender a ser mejor, a quererte, a olvidarme, a despreciarme (te pido): No permitas que me aparte de Ti… Óyeme, Señor, atiéndeme y no desprecies mis súplicas… Limpia con el agua de tu costado mis enormes pecados, mis ingratitudes; llena mi corazón con tu Sangre divina y sosiega el alma que no cesa de clamar: Déjame, Señor, vivir junto a tu Cruz y no permitas que de ella me aparte».

San Rafael Arnaiz

(Pablo Cervera Barranco, Rezar el Vía Crucis con los santos).