El sentido cristiano del final de la existencia terrena

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Dos libritos de alguna manera relacionados entre sí aparecen en la colección Vivir con Misericordia de la Editorial San Pablo; se trata de Sepultar a los muertos de José A. Belmonte Aguilar y Rogar a Dios por los vivos y los difuntos de Cristina Simonelli. El primero está estructurado como un pequeño tratado, en el que se recogen las enseñanzas de la Sagrada Escritura al respecto, algunos comentarios de teólogos o escritores antiguos, el sentido litúrgico que rodea a la muerte y la interpretación y significado de los símbolos que acompañan al momento de la muerte y el enterramiento; por supuesto, se destaca el sentido cristiano del final de la existencia terrena con la esperanza de la salvación en Jesucristo: la creencia en la resurrección de los muertos lleva a la práctica de la oración, sobre todo con la celebración litúrgica del misterio pascual.

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La oración como obra de misericordia

(SP). ¿Por qué y en qué condiciones una dimensión como la oración, tan personal e íntima, o bien tan «profesional» y desligada, puede ser una obra de misericordia? ¿Por qué pedir a Dios por el bien si ya sabemos que es bueno? A estas preguntas contesta Cristina Simonelli en Rogar a Dios por los vivos y los difuntos, repasando cuestiones como las causas y los modos de oración, por quién y dónde rezar. Rogar por nosotros y por los demás –dice– también nos recuerda que nosotros no somos dioses. Rogar a Dios es establecer una relación con Él, en solidaridad con el mundo y dentro de unos horizontes de paz. El último apartado se dedica al avemaría, «una oración para meditar y para acompasar el ritmo del tiempo y una oración de súplica y petición porque “la Virgen comprende”».