Luis Francisco Ladaria, nuevo prefecto de la Congregación de la Fe

Luis Francisco Ladaria, nuevo prefecto de la Congregación de la Fe

Es autor de Jesucristo, salvación de todos,
publicado en SAN PABLO

(SP). El papa Francisco ha nombrado el pasado 1 de julio al arzobispo español Luis Francisco Ladaria Ferrer, jesuita, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en sustitución del cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller. Ladaria es autor de Jesucristo, salvación de todos, obra publicada por SAN PABLO en su colección Teología Comillas en colaboración con la Universidad Pontificia Comillas. Se trata de una recopilación de artículos en torno a la salvación universal de Jesucristo.

Natural de Manacor, Luis Francisco Ladaria ingresó en la Compañía de Jesús en 1966. Ordenado sacerdote en 1973, obtuvo el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana, donde fue vicerrector entre 1986 y 1994. Fue nombrado miembro de la Comisión Teológica Internacional por Juan Pablo II en 1992 y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1995. Desde el año 2008 ocupaba el cargo de Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuya prefectura ha recibido el 1 de julio, junto a los nombramientos de presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica.

La Santa Sede precisó que el pontífice «ha agradecido» a Müller, «a la conclusión de su mandato quinquenal», su labor al frente de Doctrina de la Fe y como presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional. Müller es autor, entre otros libros, de Iglesia pobre y para los pobres y, en colaboración con el teólogo de la liberación peruano Gustavo Gutiérrez, Del lado de los pobres, ambos editados en SAN PABLO.

El lugar de María en la fe cristiana

(B. Sierra de la Calle, en Estudio Agustiano). El profesor José Ramón García-Murga nos ofrece María-Mujer-Iglesia, una sugestiva presentación de María, destacando su dimensión como mujer y su relación con la Iglesia. Su reflexión sigue una metodología narrativa y global en la que, en ocasiones, se entrelaza una metodología circular, pasando de la teología a la Escritura y viceversa. La obra esta dividida en tres partes. En la primera –centrada en la Sagrada Escritura–, toma pie de los textos de Mateo, Lucas y Juan, para mostramos a María como Virgen, Esposa y Madre y Nueva Mujer. A continuación, se estudia la figura de María en las culturas y en la tradición. Se parte del cristianismo primitivo, para pasar del Concilio de Éfeso a la Edad Media y seguir por el Renacimiento, la Reforma, el Barroco y la ilustración, concluyendo con las innovaciones de los siglos XIX y XX y el impulso del Concilio Vaticano II. En la última parte –de reflexión teológica más sistemática–, se profundiza en los temas de María Inmaculada, María Madre de Dios, María Virgen, María Asunta al Cielo, el Culto a María y la Comunión de los Santos. Al final del estudio el autor se hace la pregunta que aparece en el subtítulo de este estudio. ¿Por qué María si ya tenemos a Cristo? Siguiendo el Vaticano II muestra que no existe contradicción entre uno y otro sino complementariedad, estando siempre la figura de María y su obrar subordinados a su Hijo Jesús. Concluye diciendo que «el lugar de María en la fe cristiana es ser desde dentro de la Iglesia, modelo por excelencia de una Iglesia que prendada y preñada de Cristo lo transmita, siguiendo los caminos del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo». La obra se complementa con una abundante bibliografía de referencia. No dudamos en aconsejar este estudio tanto a los estudiantes de teología como a los cristianos deseosos de profundizar en su fe.

B. Sierra de la Calle

Estudio Agustiano 51, fasc. 2 (2016) 431-432.

Autonomía, libertad y responsabilidad

(José Román Flecha Andrés, en Estudios Eclesiásticos). El autor de esta obra –Autonomía moral– es doctor en Teología y Magíster en Bioética por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, en la que ejerce su docencia en los ámbitos de la moral fundamental, la bioética y la ética social.

En este libro, en el que reelabora su tesis doctoral, aborda un tema clásico en el estudio de la moral fundamental, que evidentemente está muy relacionado con las cuestiones relativas a la libertad y la responsabilidad. Si bien se mira, al considerar la cuestión de la autonomía moral se replantean de forma obligada las eternas preguntas sobre la relación entre la revelación natural y la revelación positiva, la naturaleza y la gracia, la razón y la fe.

No ignora el autor que la autonomía es un concepto que entraña muchos significados, como ya se observa en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente en la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (cf. GS 17, 20, 31, 36, 41).

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Itinerarios que educan la mirada para orientarla hacia el encuentro con Dios

(Víctor Fernández, en Revista Agustiniana). El libro que aquí presentamos lleva por título La herida esencial. Fue escrito por el conocido teólogo español de la Universidad Pontificia Comillas, Pedro Rodríguez Panizo, y recoge el esfuerzo de pensar la raíz que constituye la existencia religiosa, a la vez que algunas de sus más importantes formas de realización; todo ello, en el contexto sociocultural posmoderno. Se trata, por tanto, de presentar y desarrollar algunos caminos e itinerarios que eduquen nuestra “mirada” para orientarla al Misterio {mista-gogía) o, lo que es lo mismo, al encuentro con Dios. Y realizarlo en nuestro tiempo, un clima espiritual caracterizado por el eclipse de Dios. Ayudado de los diagnósticos de nuestra época, realizados por Michel Henry y Mario Vargas Llosa, dos grandes de la filosofía y de la literatura respectivamente, muestra un panorama bastante oscuro para las humanidades en general, y para la religión y la filosofía en particular. El desprestigio de la universidad actual y el pernicioso influjo de los m.c.s., hacen que vivamos como “narcotizados” en una sociedad donde la superficialidad, el divertimento y el entretenimiento han tomado la delantera al Bien, la Belleza y la Verdad, como valores supremos. En este contexto cultural, es condición necesaria, si la religión quiere tener algún futuro digno, que los cristianos tomemos conciencia de que no hay fe sin hacer la experiencia personal de la fe; y no se dará una experiencia de este tipo, si no se entra – existencialmente– en el núcleo esencial de lo religioso: la experiencia religiosa y su culminación, la experiencia mística. El autor quiere exponer la necesidad de descubrir unos preámbulos existenciales antes de asistir a esa apoteosis biográfica que constituye la relación religiosa. Sin profundizar en las fuentes de sentido auténtico que anidan en nuestro interior, no hay aprovechamiento verdadero de nuestras posibilidades de realización. Especial mención merece la relevancia dada a la experiencia estética –la belleza en la naturaleza y en el arte poético– como un modo privilegiado de ensanchar los pulmones o dimensiones de lo humano. De los muchos aspectos positivos que tiene esta obra, queremos destacar uno: el autor, en sintonía con la forma de hacer filosofía y teología de los profesores Miguel García-Baró y Juan Martín Velasco, piensa los problemas antropológicos básicos –mejor aún– la cuestión del hombre, al modo socrático, es decir, en primera persona. No como alguien que es un mero transmisor aséptico de conocimientos, sino como alguien que los pasa por el tamiz de su experiencia humana. El modo fenomenológico de acceso a la realidad o actitud fenomenológica, le ha permitido plegar la propia vida al modo de manifestación de las diferentes esferas de lo real o regiones ontológicas. Quizá, como el propio autor reconoce implícitamente, el hecho de haber sido una re-unión de ensayos le hace perder un claro hilo argumental. Re-hacerlo, es decir, re-vivirlo es ahora tarea del lector.

Víctor Fernández, OSA

Revista Agustiniana 55 (2014) 492.

La aventura de encontrar a Dios en todas las cosas

(C. García, en Studium). Puede extrañar el título de este libro: La herida esencial. Sin embargo, como explica su autor la metáfora de la herida es recurrente es nuestros místicos. Se refieren con ella a la visita que Dios hace al hombre traspasándole de infinito, haciéndole salir de su egoísmo en un encuentro transformante y renovador que permite transitar a una nueva manera de ser. Semejante drama es una cuestión de amor, pues sólo el Amor de Dios puede a la vez herir de amor (ágape) el alma humana y cauterizarla con su fuego. San Juan de la Cruz amaba esta metáfora, al igual que san Bernardo antes que él y san Francisco de Sales después.

El libro reúne los trabajos que ha dedicado el autor en los últimos años a exponer lo que, en sentido lato, podemos llamar mistagogía: iniciación o introducción en el Misterio. Muchos han sido publicados en revistas o colaboraciones (Sal Terrae, Trotta, Universidad Comillas, etc). Todos han sido revisados no sólo estilisticamente, sino que han sufrido las transformaciones necesarias para convertirse en un libro. No puede buscarse en él una Mistagogía completa, al modo como se hacía en la Iglesia antigua, consistente en la explicación de los sacramentos. Se trata, como indica el subtítulo, de consideraciones para ella, más en la línea del hermoso capítulo sobre el Homo capax Dei con el que suelen comenzar los tratados modernos de Teología Fundamental.

Los doce capítulos del libro quieren ser un camino mistagógico. El primero evoca, de la mano de dos análisis recientes, la situación cultural y espiritual del tiempo recio que nos ha tocado vivir y donde tenemos que ejercitar el cristianismo. En los tres siguientes se inquiere la esencia de la experiencia religiosa y la condición misteriosa de Dios, recogiendo algunas de las invitaciones que varios teólogos contemporáneos ofrecen sobre la experiencia mística. En los capítulos 5-11 se examinan otros escenarios mistagógicos. Todos ellos no tienen otra intención que llevar al redescubrimiento y el ejercicio del núcleo esencial de la fe. El último, está dedicado a redescubrir el núcleo esencial de la fe, su realidad y su significado.

Creo que la lectura de este libro, como afirma su autor, conducirá a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a que no tengan miedo a introducirse en esta aventura de encontrar a Dios en todas las cosas. Es un camino lleno de descubrimientos, de alegrías indecibles y dolores que nos hacen crecer y ser mucho más libres.

C. García

Studium LIV/2 (2014) 338-339.