La necesaria atención a los presos

(SP). Visitar a los presos es una breve reflexión sobre la obra de misericordia que se refiere a la visita a las personas que se encuentran encarceladas. Esta dolorosa realidad aúna a los presos, personas heridas por una vida que les ha llevado a transgredir las normas que regulan la convivencia civil, a los directivos y funcionarios de prisiones y a los voluntarios, que visitan y acompañan el recorrido del arrepentimiento, la recuperación y la reinserción en la sociedad de las personas recluidas. Visitar a los presos, dice Giovanni Nicolini, es un trabajo arduo de realizar, sobre todo por las restricciones que impone la cárcel a visitantes y visitados. Pero la amistad con aquellos que están «dentro» genera la gratuidad, la esencia de Dios. El papa Francisco nos enseña que a veces estamos «fuera» solo porque hemos sido más afortunados en la vida.

La paciencia como obra de misericordia

(SP). Soportar con paciencia a los molestos es una reflexión sobre la obra de misericordia que comúnmente se enuncia como «sufrir (o soportar) con paciencia los defectos del prójimo», para redescubrir su vigencia y actualidad. Christian Albini identifica en primer lugar cuatro categorías de personas «molestas»: personas «dañinas» que no respetan ni sienten consideración por los demás, personas «incómodas» que perturban nuestros privilegios y desvelan nuestras hipocresías, personas «provocadoras» que remueven nuestras conciencias y desearíamos fueran invisibles, y personas «detestables», opuestos a nosotros en cuando a identidad, convicciones o comportamientos. Después, apoyándose en la actitud de Jesús para con los otros, invita a alargar la mirada más allá de la lo que nos molesta, a trascender la mera tolerancia, a ser misericordiosos, a acoger al otro de modo cálido y fraterno (incluso aunque nos desafíe), y a tratar de curar la convivencia construyendo comunión, encuentro y compartición.

La fe y la esperanza de la Iglesia en la resurrección

(SP). Sepultar a los muertos es una breve reflexión sobre esta obra de misericordia, obra que se refleja en la Sagrada Escritura y se recoge en la tradición de la Iglesia, que ha confesado y enseñado su fe en la resurrección de los muertos, celebrándola en la liturgia y los sacramentos y viviéndola con caridad. José Antonio Belmonte Aguilar aborda, desde la fe, las muchas implicaciones en torno al misterio de la muerte, señala cómo los cristianos han expresado desde antiguo su esperanza en la salvación de Jesucristo, y desgrana los significados de los numerosos símbolos que nos unen al misterio de Dios, manifestado en Jesucristo, que ha vencido a la muerte con su resurrección, haciéndonos partícipes de su vida inmortal.

La visita y el cuidado a los enfermos

(SP). Visitar a los enfermos revisa y actualiza la obra de misericordia que exhorta a los fieles cristianos a visitar y cuidar a los enfermos, cumpliendo con el mandato de Jesús a sus discípulos para que los curaran. Cuidar –dice Angelo Cupini– es acompañarnos unos a otros, visitar el misterio de cada uno, tener las manos abiertas para ofrecer y para recoger; es soportar los sufrimientos y las angustias de los demás como si las suyas fueran nuestras propias heridas, porque solo llegamos a «curar» si somos conscientes de nuestras debilidades.

El consuelo entendido como solidaridad con el que sufre

(SP). Una breve reflexión sobre la obra de misericordia que nos llama a Consolar a los afligidos. Marcelo Barros reflexiona, apoyándose en textos bíblicos y en su propia experiencia, sobre qué es el consuelo, quiénes son los que lloran, por qué Dios consuela a los afligidos y de qué modo son estos consolados. Consolar a quienes están sufriendo –dice– es uno de los gestos más revolucionarios que la fe cristiana pide, e incluye que nos movilicemos para luchar contra cualquier injusticia. Y nunca debemos olvidar que la verdadera solidaridad también se vislumbra en nuestras lágrimas.