Un plan metódico de lucha interior para llegar al puro amor de Dios

(Ernestina Álvarez, en Confer). ¿Puede ser de actualidad un libro sobre el combate espiritual escrito en el siglo XVI? Sin duda que sí. El autor, Lorenzo Scupoli, un humilde teatino nacido hacia el año 1530 en Italia, nos ha dejado una de las obras cumbres de la espiritualidad cristiana, síntesis maravillosa de la ascética. El título del libro, Combate espiritual, condensa su esencia e incluye su contenido: la lucha interior. Esta es la nota dominante, el hilo conductor de todo el tratado. Podemos decir que nos encontramos ante un «curso de estrategia espiritual» porque expone un plan metódico de lucha interior para llegar al puro amor de Dios.

Como lema heráldico del combatiente, encabeza el tratado con la frase de san Pablo: «Un atleta no recibe el premio si no combate según el reglamento» (2Tim 2,5), combate que termina únicamente con el fin de la vida terrena y se da, sobre todo, en torno a la voluntad, que en el hombre es la potencia dominante. La voluntad, contando con la ayuda de la gracia, se adiestra en la capacidad para decidir el bien que se va haciendo de manera cada vez más firme y renovada.

Para conseguir la perfección y alcanzar la palma de la victoria, Lorenzo Scupoli prescribe cuatro armas imprescindibles y seguras: la desconfianza de sí mismo, la confianza en Dios, el ejercicio y la oración. Según estas cuatro armas, divide su tratado queriendo dejar claro que, aunque sean armas diferentes, su uso estratégico debe hacerse a la vez de forma tal que constituyan un frente único de combate y estén siempre íntimamente unidas. Es interesante destacar que el autor no nos propone una lucha imaginaria, platónica, sino realista y, sobre todo, interior, que compromete a toda la persona en su inteligencia y voluntad, pasiones y apetitos, corazón y afectividad, sentidos y sentimientos. Todo ha de ser conquistado para el amor de Dios.

Y ¿qué papel desempeña Cristo en todo este combate? La sequela Christi debe estar siempre presente en la mente del combatiente porque la verdadera adhesión a Dios se manifiesta en una fuerte y firme decisión de la voluntad de seguir a Cristo, cargando con la cruz. Todo el libro está dominado y compenetrado por la centralidad de Jesús. Especialmente en su pasión, Cristo es considerado como maestro y guía de la lucha espiritual. Pero en su cristocentrismo integral, el autor recuerda que María es la madre de Jesús y el alma se volverá hacia ella e invocará su protección materna. Es un recurso a María lleno de confianza, y se apoya en que es el mismo hijo de Dios el que nos ha dado a su madre como madre y abogada nuestra.

Este combate espiritual, arduo y difícil, finaliza en una oración de dulce quietud en Dios, en la sencillez de una mirada llena de amor puro, en la que, sin mediar palabra alguna, el alma vive felizmente en el corazón de Dios, y allí descansa con serenidad y paz. Todas estas ideas se desarrollan a lo largo de 66 capítulos más o menos breves, que forman el entramado de esta obra del «Humildísimo siervo comprado con tu sangre, Señor, Don Lorenzo Scupoli, Clérigo Regular».

Ernestina Álvarez, osb

Confer 206 (abril-junio 2015) 286-288.