Una ayuda para comprender el papel de la religión en la sociedad

Morir para renacer, del veterano sociólogo Javier Elzo, lleva como subtítulo Otra Iglesia posible en la era global y plural. Está estructurado en cinco capítulos: l. La duda, paradigma de la religiosidad en un mundo global. 2. Para superar el binomio de lo secular y lo religioso. 3. El cristianismo en la esfera pública. 4. Valoración de los españoles de la Iglesia católica. 5. Otra Iglesia para un mundo plural y globalizado. Este cuerpo de la obra va precedido de una Introducción y de un Epílogo.

Los dos primeros capítulos se mueven en el terreno de una sociología más teórica. Teniendo especialmente en cuenta varias aportaciones de Charles Taylor, Peter L. Berger y otros estudiosos, el autor examina dos fenómenos vinculados a la modernidad (es decir, a la Ilustración y a la tecnociencia con su revolución industrial): la secularización (manifestaciones, causas, prospectiva) y el pluralismo, entendido como la convivencia e interactuación amistosa de personas con distintas cosmovisiones (Berger). En virtud de estos y otros procesos, han quedado afectadas las certezas de una sociedad sobre lo real (p. ej., la plausibilidad de la afirmación de un mundo trascendente y divino), así como sobre lo correcto y legítimo (un ejemplo: el esclavismo, tolerado durante siglos, es ahora objeto de un rechazo sin fisura). A consecuencia del pluralismo, se ha instalado un clima de duda, para la que tanto el relativismo como el fundamentalismo son respuestas nefastas; en relación con el pluralismo religioso el autor se pronuncia a favor del pluralismo de iure propuesto por Jacques Dupuis.

En el cap. 2, Elzo señala con Berger que, para la mayoría de las personas, la fe y la vida secular son modelos compatibles, no contradictorios, y que el discurso religioso y el secular pueden coexistir, funcionando de modo autónomo cada uno o incluso coordinándose ambos (p. ej., la persona que acude al médico y a la vez ora para que Dios guíe la mano del cirujano): se manejan, pues, códigos diferentes, no antagónicos. Sobre este punto se vuelve en el apartado en que se pregunta si lo sagrado y lo profano son vasos comunicantes, si hay priorizaciones o si son mutuamente excluyentes, y en el siguiente, en que se plantea si la presencia dominante de lo secular arrincona o difumina lo religioso en Occidente; en todo caso, el autor señala variaciones que se han producido en esta área: el paso de la religión como salvación individual a la religión como fuente de sentido o experiencia de un amor al que se desea pertenecer, la puesta en crisis de la idea de una sola religión verdadera, la primacía de una mística de la caridad, etc. En los dos últimos apartados expone el pensamiento de Fenggang Yang: en uno se trata de la secularización intencionada de las instituciones públicas del Estado para evitar guerras y conflictos sociales por motivos religiosos; en el otro, distingue entre pluralismo religioso individual interno (el individuo piensa que no hay una sola religión verdadera) y pluralismo social (se reclama al Estado el reconocimiento de las varias religiones, especialmente si se es una minoría religiosa perseguida).

El cap. 3 se circunscribe al cristianismo y su presencia en el espacio público. Se expone la teoría de Marcel Gauchet, que entiende el cristianismo como «la religión de la salida de la religión», lo que no significa pérdida de la fe personal, sino «salida de la organización religiosa del mundo». La encarnación de Dios obliga a concebir una alteridad radical de Dios y permite la emergencia de un mundo humano autónomo. Esto da pie para exponer el debate entre la moral autónoma y la moral heterónoma. Seguidamente, se trata sobre el encierro de la religión en la esfera privada y la aparición las religiones de sustitución. Un nuevo apartado se dedica al pluralismo intraeclesial, con posiciones más beligerantes e intransigentes y con otras más abiertas (el propio Vaticano II habría dado pie a ambas opciones). El siguiente apartado, de tipo descriptivo, muestra los diferentes modelos de relación entre religión y política: el de la separación Iglesia-Estado (Occidente) y el de la inspiración del gobierno en una tradición religiosa (las naciones ortodoxas europeas); a continuación, Elzo se centra en el caso español. El capítulo avanza hacia su final señalando dos fenómenos: uno, las declaraciones políticas oficiales francesas y los comentarios de muchos articulistas en el sentido de que los atentados yihadistas de los años 2015 y 2016 en Francia no tienen nada que ver con el islam; pero –como denuncia Birnbaum– es una ceguera silenciar el marco intelectual o autolegitimación religiosa en que estos terroristas los inscriben. (La izquierda político-cultural debería advertir que eliminar Jo religioso de la vida socio-cultural garantiza, tarde o temprano, el conflicto). El otro fenómeno es la persecución de los cristianos en el mundo; Elzo aduce datos, ofrece cinco motivos que pueden en parte explicar, no justificar, tal persecución y busca las razones del silencio o del negacionismo que se da en Occidente respecto a este hecho sangrante. Por último presenta la libertad de religión como un bien para la democracia.

El cap. 4 reduce más el perímetro de la investigación, ciñéndose a España. El autor practica en este capítulo una sociología más empírica, que presenta los resultados de encuestas sobre la Iglesia en España en torno a estos puntos: autoposicionamiento religioso de los españoles y su evolución; grado de confianza de los españoles en la Iglesia (también según edad, sexo y clase social); nivel de aprobación del desempeño de sus funciones. En varias encuestas se indica el puesto que ocupa la Iglesia en la clasificación de diversas instituciones. En esta presentación, junto con las correspondientes tablas, el autor ofrece su análisis e interpretación de los datos que deparan las encuestas. Entre otros asuntos, se advierte el alto aprecio por la labor de Caritas y el muy limitado papel de la Iglesia en la socialización de las nuevas generaciones.

El cap. 5 aduce reflexiones de Paul Ricoeur y Andrea Riccardi y sobre el papel de las Iglesias y propone tres reformas a nivel interno de la Iglesia católica, que dan concreción a la apuesta por el tránsito de una Iglesia piramidal a una Iglesia participativa: resolver el papel de la mujer, la decisión a favor de la sinodalidad, la superación del clericalismo (detalla su propuesta en varias páginas y añade una larga lista de otras sugerencias o reclamaciones); a nivel externo, se apuesta por erradicar la nostalgia del Estado de cristiandad y por participar en un mundo más justo y convivial, atendiendo a cuatro dimensiones: la personal (conversión), la caritativa, la denunciativa de las injusticias y la prepositiva, trabajando para otra gobernanza. La tesis de fondo es que la edad de oro de la Iglesia no está en el pasado, sino, quizá, en el futuro. El motivo es doble: nunca ha sido la Iglesia tan universal y nunca ha estado tan desligada del poder político.

Como puede advertirse, Elzo, que ha manejado variedad de fuentes informativas, se ha movido en diversos registros: teórico, descriptivo-interpretativo, crítico (se opone al pensamiento binario, que parece entender en el sentido antitético de un aut… aut), prepositivo. En este último registro, hay propuestas generales en relación con la presencia de la religión en el ámbito público (ni teocracia ni ateísmo de Estado o, más suavemente, reclusión de la religión en la esfera privada); otras propuestas se refieren a la Iglesia católica, de la que se declara miembro. Entre otros valores, podemos apuntar los siguientes: el libro está escrito en un lenguaje inteligible para el profano, afronta muchas cuestiones de gran interés y actualidad, da a conocer el pensamiento y las búsquedas y debates de autores muy destacados, es una ayuda para comprender el mundo en que vivimos y el papel de la religión en la sociedad, pone o señala balizas que indican vías peligrosas, incita a la esperanza.

Por otro lado, estimula a profundizar en la idea de verdad, a preguntarse por los profundos y rápidos cambios en la historia de las mentalidades (¿también por presión de poderosos lobbies?), a afrontar transformaciones en la vida eclesial (sin necesidad de suscribir todas los que el autor propone).

Debido a la forma de comunicar adoptada, el autor ofrece en parte una autobiografía intelectual. Esto no solo se aprecia por las referencias que hace a otras publicaciones suyas y a intervenciones tenidas en diversos ámbitos, sino también por las alusiones a su formación académica, a la influencia recibida de profesores y autores, a encuentros y diálogos mantenidos con pensadores y creadores. Su formación en ambiente francófono se traduce en algún galicismo («resentir>, en lugar de «sentir»; «infantar», en lugar de «alumbrar»).

Julio González Martos

Ephemerides Mariologicae LXVIII, fasc. I-II (enero-junio de 2018) 202-204.