Una ayuda que dignifica

(Rosa María Belda Moreno, en Vida Nueva). El counselling “es la forma de relación de ayuda en la que un profesional de la ayuda con competencias relacionales encuentra a otro en contextos de fragilidad, crisis, desorganización interna y, creyendo en él y a través de la relación, le acompaña a desarrollarse en el máximo de sus posibilidades”. Así describe el autor el proceso de counselling, que a tantos nos apasiona.

En Counselling humanista –que no es un estudio profundo, sino unas pinceladas interesantes y actuales sobre el counselling– se subraya la valía de un acompañamiento que ayuda a clarificar las situaciones problemáticas, a concretar lo que se desea mejorar, favoreciendo que las personas que sufren se comprometan en la búsqueda de la superación o en la vivencia lo más sana posible de lo que no se puede cambiar. José Carlos Bermejo presenta cinco partes, introduce nuevos matices a lo que ya escribió en Introducción al ‘counselling’ (Sal Terrae, 2011) y Apuntes de relación de ayuda (Sal Terrae, 1998), reclamando el mejor uso de términos clásicos como la empatía, la aceptación incondicional y la autenticidad.

El counselling se ejercita como tal en España, entre otros, en los centros de escucha promovidos por el Centro de Humanización de la Salud de los Religiosos Camilos. Se trata de servicios voluntarios y gratuitos, desarrollados por agentes que se han formado en counselling a través de un máster en dicho centro. Pero también, y sobre todo, es un modo de ejercer las profesiones de ayuda. Las personas que nos dedicamos a la salud, el trabajo social, la psicología, la educación, el trabajo pastoral, así como los directivos que coordinan equipos humanos, pueden adquirir a través del counselling una formación específica que promueve un tipo de relación que humaniza y que favorece las intervenciones terapéuticas de cualquier tipo.

Encuentro personal

Bermejo habla de counselling humanista, y con este apellido refuerza lo prioritario de este modo de ayuda: el reconocimiento de la dignidad. Quien nos pide ayuda es, ante todo, “persona”, y el counselling lo hace valer, por más rota que esté su vida o más hundido que se encuentre quien llama a nuestra puerta. El encuentro personal provoca que “quien entra aquí, sale mejor persona”.

El autor habla también de counselling integrativo. Hoy, el uso del término integrativo puede hacer referencia tanto a la síntesis de teoría y métodos de la psicoterapia en lo afectivo, lo conductual, lo cognitivo y lo fisiológico, como al resultado de la psicoterapia: la integración o asimilación en el interior del individuo de los aspectos de la personalidad fragmentados. Bermejo destaca, además, la necesidad de dos “integraciones” concretas: integrar la propia sombra (heridas, vulnerabilidad) e integrar la propia muerte (límites, realidad de la vida), aspectos a los que necesita confrontarse cualquiera que quiera ayudar.

En la tercera parte del libro se hace referencia a las formaciones en counselling, a las asociaciones que existen en España, a la acreditación del counsellor, caminos todos ellos que tendrán que ser completados, ya que el counselling tiene una historia incipiente en nuestro país, es una forma de ayuda que aún tiene retos por los que caminar.

Bermejo destaca en la cuarta parte de su obra algunos aspectos a tener en cuenta en counselling. Uno de ellos es la ternura, que no sea confusa, como expresión del amor y rostro de la misericordia al servicio de la persona herida. Otro es la apuesta por la liberación de las diversas esclavitudes que mantienen a quien sufre bajo un yugo invisible. Por último, el cuidado del counsellor hace caer en la cuenta no solo del burnout (síndrome del quemado), más conocido ya, sino también de la satisfacción por compasión, de la que apenas se habla. El sentimiento de logro derivado de los esfuerzos realizados por ayudar a otra persona, o el placer que uno siente por desempeñar bien su trabajo y ser capaz de contribuir al bien social, están incluidos en este concepto.

No es una obra cerrada, ya que plantea retos para seguir pensando: sentimientos sobre los que se escribe menos, como la culpa y la vergüenza; la posibilidad de reinventarse cuando los acontecimientos truncan la vida; o el counselling con los verdugos, y no solo con las víctimas, en los casos de abuso o maltrato. Todo ello es materia de estudio que abre recorridos a lo que se escriba sobre counselling en los próximos años.

Para concluir, Bermejo apela a la formación en bioética, ya que los conflictos éticos, en este mundo complejo, son tan habituales y difíciles de afrontar, que requieren una elevada exigencia de reflexión para quien quiera ayudar de manera cualificada.

Rosa María Belda Moreno

Vida Nueva 3.092 (21 de julio de 2018) 42.