Vivimos en un mundo de gracia y cada uno de nosotros se convierte en un campo de compasión

(José Mª Martínez, en Sinite). Campo de compasión comienza narrando la experiencia de Nate al ver unas ballenas varadas en la playa. Al darse cuenta de que temblaban y se hacían heridas en la arena, Nate puso las manos encima de la primera y vio que se calmaba; la empujó mar adentro y lo mismo hizo con otras. La autora se pregunta: ¿Tendrá que ver esto con el proceso de transformación al que estamos llamados? Ante los problemas de la sociedad, tenemos todos un reto de transformación; nada es insignificante: pensamientos, palabras, acciones; se nos invita a tomar conciencia de la energía y fuerza que cada uno tiene.

La autora introduce el concepto traído por Sheldrake, biólogo británico, sobre los «campos morfogenéticos». Esto sugiere que la persona y los sistemas a los que pertenecemos son mucho más que lo que se puede medir por procedimientos empíricos estándar. Jesús mismo genera un «campo de compasión» que cambia todo, restaura lo que está perdido. Aquello de lo que hablaba Jesús era la creación de un «campo morfogenético» que reverbera amor y atrae a los otros como un imán.

Los modernos descubrimientos nos hablan del Big Bang o de la «llamarada primigenia» de hace unos 13.700 millones de años. La autora afirma que todo fluye de una misma fuente que podemos denominar «vacío cuántico» o Espíritu Santo y que todo lo que hacemos afecta a todos. Vemos que el Universo es un proceso evolutivo único, dinámico y orgánico y que la vida está esencialmente conectada. Un campo puede describirse como una región inmaterial de influencia que estructura la energía de un sistema; el ejemplo del imán lo clarifica, es una fuerza inmaterial pero real, con su región de influencia. Un término importante es el de la «resonancia mórfica», básicamente la influencia de los semejantes; cada campo tiene una memoria colectiva que ayuda a dar forma. Otro concepto es el de «holanes», que establece que cualquíer parte del universo es parte de un todo; nada es un conjunto separado de otros; algo parecido a las matriushkas, muñecas rusas que cada una tiene dentro otra y ésta otra… Nada es lo que es sin todo lo demás (Brian Swimme). La libertad es el suelo sobre el que las demás capacidades bailan: el amor, el servicio, la justicia… no pueden existir si no se basan en la libertad. En el centro del Evangelio se habla de libertad como la capacidad para elegir comprometernos en el proceso de evaluación de la consciencia.

Surge la pregunta sobre lo que es la historia de salvación y la Historia. K. Rahner quiso integrar la noción de «Universo cambiante» con el concepto de «dado», que es el principio fundamental de la fe cristiana. El teólogo habló de la capacidad de convertirse en más y lo denominó «autotrascendencia activa», que es propia de toda la creación, no sólo de los humanos. Cada realidad tiene la posibilidad de convertirse en algo más, es decir, llega a la trascendencia. A medida que evolucionamos, nuestra consciencia crece y también nuestra comprensión de la raíz de nuestro ser, de lo que llamamos Dios. A medida que crecemos en libertad y amor aceptamos nuestra participación en la dimensión espiritual de la vida; y así la salvación no trata sobre «mi» o «nuestra» salvación, sino sobre el cosmos como un conjunto. Se llega a la consciencia de su propia divinidad en la divinidad.

Rahner habla de la autocomunicación de Dios para significar la gracia que rodea, modela y constituye todo lo que existe. El concepto de pecado como fruto de la libertad humana y de la posibilidad de decir «no» a la gracia es dar la espalda a Dios y a su invitación a la vida y al amor. No se trata de hacer listas de «síes» o «noes» sino de responder a la pregunta: ¿Cuál es la opción dadora de vida en esta situación? ¿Cómo puedo amar en este contexto? ¿Qué me permitiría abrirme más a lo santo? Y esto con un sentido de responsabilidad, ya que, en este mundo globalizado, el «nosotros» ya no incluye sólo a nuestro propio clan, sino a toda la creación.

La autora nos explica lo del Reino de Dios: «Debo anunciar el Reino de Dios a las demás ciudades porque para esto he sido enviado» (Lc 4,43). Es el Reino de Dios; Jesús nunca lo reclamó para sí mismo; un Reino cuya referencia en el NT es Dios como Abba, Padre; Reino de la unidad, regruo de Dios, Reino de las relaciones responsables en clave interpretativa de compasión y justicia. La invitación a entrar en ese Reino requiere el ejercicio de la libertad: «Convertíos, porque el Reino de Dios está cerca (Mt 4,17), requiere la motivación de la autotrascendencia como componente del Reino. Jesús pedía a los suyos que tuvieran fe en sí mismos y que creyeran que la vida dívina no estaba separada de ellos. Para la autora, la imagen del Reino de Dios es un campo morfogenético, una región inmaterial de influencia con un tipo de energía particular característica del Reino. Este campo o resonancia mórfica se mautiem, retiene y atrae a quienes tienen resonancias similares. Todos conectados gracias al flujo que surge del misterio absoluto; los díscípulos debemos hacerlo nuestro, vivirlo, encarnarlo, entregarnos por completo a él para que el amor sea auténtico.

El Universo, en su evolución de la consciencia reflexiva, se ha hecho capaz de recibir la comunicación de Dios y responder con sensibilidad y profundídad mayor. Dios siempre está haciendo algo más, revelando más, comunicando más; el único límite puede ser nuestra capacidad de recibir. En la actualidad van apareciendo sensibilidades nuevas que el Espíritu nos anima a aceptar: 1) Un nivel de conciencia unitiva. 2) Sensibilidad a la medítación, como forma de acceder a la sabiduría interna. 3) El estudío de la intencionalidad, que quiere conducir nuestra energía hacia caminos constructivos vivificantes; hacia la consciencia constructiva y unitiva. En el campo de la resonancia mórfica puede entrar todo el universo.

La autora, al final del libro, va uniendo las piezas que ha usado, de modo que sirvan para el rescate de lo que es una sociedad que lo necesita. En la Historia evoluciona la capacidad de comprender, de amar, de libertad. En la historia cristiana, Jesús fue el principio evolutivo, un acontecimiento cósmico que marca una nueva era de consciencia profunda de lo sagrado; nos da una nueva manera de ver a Dios, a uno mismo y a los demás. La Historia del Universo, la cristiana y la del Reino de Dios mantienen nuestra energía, focalizan la fascinación que reside en nuestro interior y nos atrae hacia ella. La nueva consciencia surge de todas las historias vitales o campos mofogenéticos que comparten la visión de la conectividad de todo lo que existe.

El nuevo humano es profeta y místico, involucrado en un mundo trascendente, atraído hacia el misterio absoluto. Tenemos valiosas herramientas para que el campo morfogenético de la compasión se realice; sus caracteristicas son: la amplitud, «hay espacio en mí para ti»; la contemplación, «observar largo tiempo y con amor lo real»; el compromiso y la imaginación. Uno de los mayores dones es la capacidad de ver lo que no se ve e invitarlo a tomar forma. Incluso nos permite dar forma a los impulsos del Espíritu. Vivimos en un mundo de gracia y, a medida que ganamos en consciencia, cada uno de nosotros se convierte en un campo de compasión, se abre más al amor, se es más libre; sólo se requiere un «sí» que se fortalece con el «sí» de los demás.

José Mª Martínez

Sinite 177 (enero-abril de 2018) 178-181.