Amplitud y riqueza de matices en el conocimiento de Jesús

(José Mª Martínez, en Sinite). Los autores de Palabras originarias de Jesús seleccionan 40 palabras de Jesús, comentadas a partir de los textos griego, hebreo y arameo, lengua materna de Jesús. No hay ninguna intención de adoctrinar, sino de dar a conocer mejor a Jesús, fuente universal de cultura mesiá­nica. Por eso el lector de esta nota podrá observar que en cada párrafo hay explicaciones y también alusio­nes lingüísticas.

El nacimiento de Jesús fue de esta ma­nera… Dios mismo, no un ángel, se dirige a José, quien decide salir por sí mismo, para salvar la honra de María, la virgen desposada. Le dice que María ha concebido del Espíritu y que debe renunciar a su paternidad patriarcal dominadora. Deberá reci­bir y educar al hijo que nacerá de Él; le pondrá por nombre Jesús (Yeoshua en griego, Dios-Yahbé salva; y por extensión, abre, libera, da la victoria, da prosperidad, da vida) En arameo, el que vivifica. Los de Emaús espe­raban que fuera el Pârûqâ, el Libera­dor, libera de todo lo que esclaviza, es Dios de vivos. Librará de hamar­tia, del error o transgresión.

Salió un decreto del emperador Augusto… El ángel anuncia a los pastores y les dice que vayan a adorado. Gloria a Dios en las alturas… Luz, no gloría ma­nifiesta en el terror sagrado, sino en el nacimiento de un niño, lo más frá­gil. Y sobre la cierra paz, eirene, o sea, concordia, tranquilidad, equilibrio. Es la fiesta de Dios en el nacimiento de su Hijo. El lingüista mariza la pala­bra paz: lo que está acabado, comple­to, pide salud, entrega a Dios, que no nos falte nada, que estemos comple­tos, terminados de hacer, maduros; y además esperanza (sabrâ) abundante, dulce, benéfica, que da aroma a las relaciones humanas. Y esto para los hijos de los hombres, para todos, porque toda existencia supone un grado infinito de amor de Dios.

María guardaba estas cosas en el corazón. Las guardaba no como un simple de­pósito; las conserva y recrea, synetérei, las medita, las sopesa. Es la primera teóloga ya que no piensa en abstracto, sino que recrea lo dicho en el cora­zón desde la experiencia de Jesús. En su corazón: o capacidad de pensar y amar, de conocer el sentido originario; lo conserva para un día hacerlo vivir en otros. Corazón en sentido amplio como lugar donde se enraí­zan todas las actividades del espíritu, y con el corazón entienda… Corazón en arameo ébbâ: el significado oculto, la esencia de una cosa.

La Palabra hecha carne, la historia humana. En Juan, hay una audaz medita­ción; desde su himno la comunidad cristiana judía entiende todo. La Pa­labra se hizo carne. Palabra que viene de Dios y vuelve hacia Dios como sí fuera una persona, distinguien­do la relación de Dios en sí mismo (Padre) y la Palabra/Dios que es el Hijo encarnado. Jn 1,14, el hombre como palabra de Dios. Isaías, y Jere­mías, dicen que Dios les ha llamado para ser portadores de su palabra. La vida del profeta es imagen y pre­sencia de Dios; al llegar a Jesús, la novedad mesiánica es la plenitud de la tradición de Israel y revelación de­finitiva de Dios.

Toma al niño y a su madre… José re­cibe el mensaje en sueños, en la dimensión más honda de nuestra conciencia. Como nuevo Abrahán, José debe tomar a su familia y salir de su tierra. Abunda las alusiones a los sueños: Jacob, Daniel, Samuel… Y Jesús iba creciendo… en sabiduría y edad; es un rabino de pueblo que sabe tanto como los del templo; iba elaborando doctrina, respuestas, crecía en habilidad práctica, apren­dizaje de la vida entera, de las rela­ciones, de la justicia, el respeto y el amor. Recorrió un sólido camino de madurez humana que manifestó alrededor de sus 36 años. Crecer es hacerse como Dios nos quiere. Sa­biduría, edad, gracia, estatura, son significados entre el texto arameo y el griego. En la cosmovisión semita, crecer en gracia significa que Dios te ama mucho.

Nació tras el bautismo. Saliendo del agua vio los cielos rasgados y el Espíritu… O sea, se abren sus ojos y contempla lo que hay al otro lado de los cielos; desciende el ave mensajera de Dios: es el signo de Espíritu/ave de la crea­ción sobre Jesús y lo convierte en Mesías; es el “alumbramiento mesiá­nico” de Jesús. El Espíritu (rûhâ) es el aíre, el viento, el aroma, el espacio, lo espiritual, el regalo de Dios que desciende, cae, se precipita, penetra a Jesús.

Es apasionante seguir las 40 palabras, pero sería demasiado larga esta nota. Destacamos las siguientes.

El abandono de Dios. Jesús muere dando un gran grito que es invocación y pregunta; ¿Por qué me has abandonado? Es una tradición de la Iglesia y una construcción simbólica para vincular la muerte de Jesús con el fin del mundo. Hay quienes ven un grito real, como algo sorprendente, pese a los problemas respiratorios que sufrían los crucificados. Otra interpretación es la llamada a Elías, a quien llama como signo de fracaso, como profeta de la justicia salvadora que no acude a liberarle. Jesús llama a Dios porque confía en Él; ha preparado muy bien la llegada del Reino, por eso pregunta “¿por qué me has abandonado?”. Dios no responde, pero lo hace en la Pascua de resurrección.

El Espíritu del Señor está sobre mí… Palabras de Isaías que evocan la presencia del Espíritu del Señor. Es la presentación de Jesús como un carismático, nadie le ha dado esa autoridad y se atreve a afirmar que la ha recibido del mismo Dios: Él me ha ungido (Jristós); ungido “para evangelizar a los pobres y anunciar la buena nueva”. Ya no busca un texto que lo justifique, sino un servicio a los más necesitados (ptokhoi). El maestro lava los pies y sirve. Estamos en la esencia de una religión de servicio.

Llegaron al sepulcro, a despedir a un amigo del alma… pero su cuerpo no se encuentra allí. Ha resucitado, se ha levantado, alzado. No es uno más, es la misma resurrección en persona. Nos da dos rasgos: a) la resurrección es un camino, b) su resurrección debe interpretarse como una inmersión en Dios, que se presenta como la resurrección y la vida. (Qué suerte la del autor que dice que este pasaje es una delicia leerlo en arameo)

Recibid el Espíritu Santo… Es la primera aparición colectiva a los discípulos, no sólo a los 12, sino a la comunión de todos los creyentes. Les confía la tarea misionera de perdón, el soplo suave es la teofanía entrañable del AT, la Pascua que es principio de paz, presencia gloriosa del Señor, y la misma Pascua se vuelve Pentecostés. Jesús alienta, sopla, comunica su intimidad, es un aliento cósmico como en Génesis: En el principio… El aliento actúa como principio de recreación: Labete, tomadlo. El lingüista hace un análisis magnífico del “Espíritu”, la rûhâ (arameo) rûah (hebreo), rûh (árabe): pertenece a Dios pero dignifica al ser humano mientras se mueve dentro de sus dimensiones. Jesús exhaló su rûhâ muriendo. Ese Espíritu es una forma de iniciación que nos convierte en portadores de la Palabra divina, en sanadores de nuestro mundo.

Si alguien tiene cien ovejas y pierde una… La oveja en Lucas, parece inocente, en Mateo, es culpable, se pierde o se pervierte; pero en ambos casos se destaca la misericordia de Dios. La conversión es un gesto de Dios que busca, por Jesús, a los hombres. Se lamenta el lingüista la pérdida de algunos textos arameos, por ejemplo que la palabra y pasaje de la higuera y arrepentimiento son muy parecidas (tittâ y têttâ).

Derribó a los potentados de sus tronos… María tiene un sentido revolucionario. Y el libro se cierra con la pregunta de Pilatos: ¿Eres tú el rey de los judíos? ¿Conque tú eres rey? Respuesta: Tú dices que yo soy rey; para eso nací… para ser testigo de la verdad… La imagen del reino como servicio mutuo, ofreciendo la verdad y el sentido de la vida. Un reino entendido como el resultado de un proceso puesto en marcha por los profetas, ratificado por Jesús como testigo de la verdad de Dios. Jn 18,37, traza el perfil fundamental: “Dar testimonio de la verdad”.

Cada salto me ha dolido, pero esta obra consigue darte una gran amplitud y riqueza de matices que ayudan en el conocimiento de Jesús, que es el objetivo que figura ya en el título.

José Mª Martínez

Sinite 181 (mayo-agosto de 2019) 389-392.