Una buena porción de arte, de espiritualidad y de cultura integral e integradora

(Antonio Aradillas, en Religión Digital). Imbuido por la idea de san Jerónimo de que «la Biblia, especialmente el Evangelio, la entenderá mejor quien haya visto con sus propios ojos los Santos Lugares», actualizada por la frase de Goethe de que «si quieres comprender al poeta, debes visitar su país», Manuel Crespo Ortega, licenciado en Teología bíblica por el Instituto Bíblico Franciscano de Jerusalén, exdirector de la revista Tierra Santa y guía de peregrinos por tierras bíblicas de Israel, Jordania, Turquía, Chipre, Grecia, Malta e Italia, acaba de publicar en la editorial San Pablo una guía de Tierra Santa, con el subtítulo de «en cuerpo y alma».

Con honestidad, humildad, e inteligencia franciscanas, el autor reconoce que «no se trata de una guía al uso. Está pensada como guía acompañante para que los peregrinos puedan saborear la visita de cada santuario, deteniéndose a contemplar el entorno natural, la arquitectura, la decoración; a comprender el significado que tienen cuando son citados en las Escrituras, a realizar también un recorrido espiritual mediante lecturas bíblicas, oraciones y otros textos complementarios». En definitiva, y por encima de todo, «una guía en cuerpo y alma, con sabor a cultura, a Biblia y a actualidad…».

Es decir, lo que se dice una guía-guía, docente, con contenidos para satisfacción integral de las demandas de cultura, de reflexión, de espiritualidad, de sabiduría, de necesidad de desvelar tantos y tan recónditos misterios como demanda en la actualidad la actividad turística, ahíta ya de piedras, de jovialidades, ocios, harturas gastronómicas y faltas de historia e historias, de literatura y de contacto cálido con quienes habitan los lugares elegidos para ser visitados.

Didácticamente el autor, Manuel Crespo, idea un «programa tipo de una peregrinación de 8 días», con sus correspondientes sugerencias, indicaciones y extractos de textos de la siguiente manera: día 1: Madrid/ Tel Avid y traslado a Nazaret o Tiberíades; 2: Nazaret,- Haifa- Caná; 3: Lago de Tiberíades-Cafarnaún,-Monte Tabor; 4: Jerusalén- Belén- Ain Karem: 5: Jerusalén: Monte de los Olivos y Monte Sión; 6: Jerusalén: Vía Dolorosa y Santo Sepulcro.; 7: Jerusalén:- Emaús- Jericó- Mar Muerto y 8: Jerusalén,-Betania- Jaffa- Madrid. Precisamente en Betania y en la iglesia de santa Marta y María, celebración de la Eucaristía y despedida de la peregrinación.

Un largo, documentado, constructivo y cargado de actualidad, el tan mimado capítulo VII del libro, lo titula su autor «La naturaleza, al servicio del Evangelio», dado que “no son solo los santuarios y áreas arqueológicas los que nos recuerdan la vida y el mensaje de Jesús, sino que no es menos importante estar atentos a la geografía y a la naturaleza donde se desarrolló esta historia de la salvación, donde vivía el Hijo de Dios, el Cristo humano, el que vio los montes, los campos, los árboles y las flores que hoy vemos nosotros, peregrinos en Tierra Santa, recorriendo el «Quinto Evangelio» y disfrutando de sus paisajes, con el recuerdo para el personaje que nos dejó en su tierra tan hermosos y evangelizadores mensajes.

Ejemplos claros de estos mensajes del «Quinto Evangelio», son los montes: Sinaí, de las Bienaventuranzas, Tabor, de los Olivos. Lo son también las grutas de Belén, Nazaret, del Monte de los Olivos… El agua aparece descrita en los Libros Santos como de lluvia, diluvio, rocío, escarcha, nieve, pozo, canal, lago, fuente río, cisterna, para limpieza corporal y purificación bautismal… Los árboles, otros tantos signos de bendición y alegría, se hacen bíblicamente presentes en las higueras, el olivo, la acacia, la palmera… Plantas, flores y frutas aparecen evangelizadoramente adoctrinadoras en multitud de parábolas, con sacrosanta y eucarística mención para el vino. Convertir el agua en vino en la celebración de la boda en Caná de Galilea, primer milagro de Jesús, es uno de los más conocidos y comentados. El asno o la borriquilla, el gallo, la gallina, el camello, los peces, el cordero, aves y pájaros… son referencias luminosamente evangélicas que le suministraron argumentos poéticos a san Francisco de Asís para componer y rezar su Cántico de las criaturas.

Un nuevo libro de San Pablo, merecedor de notables alabanzas editoriales, que le aporta también a la creciente actividad turística en general, una buena porción de arte, de espiritualidad y de cultura integral e integradora.

Antonio Aradillas

Religión Digital (6 de noviembre de 2018)