Buscamos al que nos busca

(J. Montero, en Studium). En la sociedad moderna la búsqueda interior se nos presenta como un reto ineludible. Renunciar a él significa ignorar una de las características que de­finen nuestra esencia.

La vida nos desafía a encontrar nuestra autenticidad más profunda. Y desde ella podemos sintonizar con los que nos rodean, captar nuestra propia existencia y vislumbrar una Realidad que lo trasciende todo, estando a su vez presente en todo, trascendiéndolo y sustentándolo. Pero pronto nos damos cuenta de que todo lo que está al alcance de nuestros deseos no logra saciar el afán por rebasar las fronteras de nuestro entorno. Andamos de acá para allá con nuestro cuerpo y nuestra mente y somos incapaces de en­contrar la meta de nuestro itinerario, deambulamos sin dar tregua a nuestra inquietud. Necesitamos abrirnos. Conscientes de ello o no, nos escandaliza nuestra indigencia. Y la gran trampa consiste en buscar lo que realmente no somos. Hay que saber buscar, hay que saber renunciar a fardos inútiles para avanzar. Del mismo modo, el desprendimiento aligera nuestra mente y nuestra razón. Para ello la búsqueda es una preparación. Puede ser una práctica que nos centre en nosotros mismos.

Todo esto lo explica este libro –Búsqueda– con claridad meridiana. Pero hay una Realidad sin límite, infinita, absoluta, eterna, que no sólo se deja buscar sino que nos busca. Y este es el mensaje que tantos exploradores de la existencia han captado en los textos bíblicos y en la perso­na de Jesús de Nazaret. Buscamos al que nos busca. Y de ahí que finalmen­te nuestra búsqueda sea una respuesta a la intuición de sentirnos buscados. Todo esto lo explica este libro con claridad meridiana.

J. Montero

Studium vol. LIX fasc 2 (mayo-agosto de 2019) 331-332.