Sobre el amor y su esencia

Sobre el amor y su esencia

«Y ahora voy a describir la experiencia que consiste en maravillarse por la existencia del mundo diciendo: es la experiencia de ver al mundo como un milagro»
(Ludwig Wittgenstein).

¿Un libro sobre el Amor? ¿Acaso se puede revestir de palabras lo inefable? ¿Y si fuese demasiado osado dar voz a lo que, por ser tan humano, es limitado? ¿O quizá sea porque el amor es el sustento de la vida, el motor del existir? Sea como fuere –y que cada persona se sienta libre para filosofar sobre el ser del amor en su propia vida–, el caso es que no encuentro otra razón más firme y sincera para comprender el arte de ser y vivir como personas. Porque el amor es esencia divina que se vierte en el recipiente de nuestra frágil vida. Y así lo vivió y expresó un hombre de Dios que desplegó su antena parabólica espiritual para captar la onda divina en su propia historia personal y en la búsqueda de caminos de encuentro y diálogo entre diversas tradiciones religiosas: (más…)

Prólogo de Francisco José Andrades Ledo para «La opción misionera renovará la Iglesia»

Prólogo de Francisco José Andrades Ledo para «La opción misionera renovará la Iglesia»

El siempre recordado Pablo VI puso en primer plano de la preocupación eclesial el motivo central de su ser Iglesia: la evangelización. Con la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975) elaboró una enseñanza pormenorizada, a la vez que sencilla, de la tarea eclesial de anunciar el Evangelio a todos los hombres. Desde entonces, y hasta nuestros días, dicho documento ha servido de referencia a cualquier intento de seguir profundizando en la misión de los creyentes. La teología pastoral tiene puesto permanentemente un ojo en este magisterio a la hora de seguir reflexionando sobre la evangelización. (más…)

Fernando, en todo lo que vive, lo que ve, lo que lee, lo que sucede, lo que acontece, lo que olfatea, o lo que adivina, encuentra algún detalle que le lleva al centro de su vocación y de su misión, a su gran pasión por Dios.

Fernando busca a Dios en todo y por todos los caminos. Y siempre encuentra algo humano que le hable secretamente, o a voces, de nuestro Dios.

Antonio García Rubio

 

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¿Qué pinta Dios hoy?

¿Qué pinta Dios hoy?

Antonio García Rubio, Vicario parroquial de San Blas

Los creyentes, en principio, no albergamos dudas sobre lo que Dios pinta hoy. Incluso sobre lo que pinta para mucha gente aparentemente indiferente pero que sabemos reza en su angustia y en sus tribulaciones. No es ateísmo todo lo que reluce.

Pero lo que no está tan claro es si los predicadores de Dios son conscientes de la imagen de Dios que transmiten.

Ahí, en esa contradicción entre lo que creemos y lo que predicamos y transmitimos –también con la vida, no sólo con las palabras, muchas veces una transmisión sin consciencia, sin darnos cuenta–, puede estar dándose un desfase grave, que es la antesala o el salón de la profunda crisis de fe que experimenta el hombre del siglo XXI.

Este es un hombre despierto y abierto, sin prejuicios ante todo tipo de conocimientos, que no está dispuesto ya a tragar con la presentación de un Dios que sea un producto infantil, o intelectualmente poco aceptable, o vitalmente no creíble.

En este sentido os puedo contar una historia: la del dios menor del padre de un científico español, contada en el avión de regreso de París.

A los no creyentes: ateos, agnósticos o indiferentes no les vamos a seducir ni por las sutilezas de nuestros lenguajes, ni por la apuesta piadosa, rigorista en la traducción arcaica del latín y ritualista de las nuevas traducciones del misal romano.

Pero no es sólo una dificultad proveniente de los lenguajes que usamos.

Más bien existe una grave sensación de carencia de una renovada conversión personal y comunitaria, que propicie la creación de nuevos ambientes comunitarios y de fe. Si esos ambientes alegres y fraternos se dan en la vida pastoral de la Iglesia, se podrá reiniciar una novedosa y auténtica evangelización. Esta se realizará tête à tête, en el «tú a tú».

Ha de ser un ambiente orante, sirviente, festivo, comunitario el que procure la conversión de los hermanos por su fuerza vital y espiritual, y el que nos ayude en la propia conversión personal y comunitaria.

Es un buen ejemplo el Monasterio de la Conversión de las Hermanas Agustinas de Sotillo de la Adrada.

El pueblo, que está profundamente desconcertado, y mayoritariamente va abandonando la Iglesia de un modo progresivo, espera una respuesta que parta de la vida conversa y humilde de la comunidad creyente y a la vez, de una Iglesia que viva como una hermana más con su pueblo, que se gane su confianza, y que adquiera una palabra adecuada para la comprensión de los pobres, los excluidos, los rotos, los inconformistas, o los que tienen un gran nivel de exigencia cuando de creer o confiar en alguien se trata.

Una Iglesia que se adecúe a las vivencias y sentimientos del pueblo porque los comparta.

Por eso, podemos decir que existe un problema de lenguaje y algo más que problema de lenguaje. Es un problema de conversión.

El padre Fernando Cordero es un crack de la comunicación, capaz de beber en todos los pozos del mundo, seleccionando las aguas más puras para poder beber él y para dar a beber a los hermanos, incluso cuando el agua viene mezclada con las grandes contradicciones de nuestra época.

Fernando acaba siempre encontrando la más fina gota de agua que nos despierte o nos encauce la sed inherente · de Dios que traspira el corazón inquieto y saturado de cada persona.

Es este un don que no poseen muchas personas, y que, en el caso de Fernando Cordero, es algo que brota de su ser con absoluta naturalidad.

Fernando, en todo lo que vive, lo que ve, lo que lee, lo que sucede, lo que acontece, lo que olfatea, o lo que adivina, encuentra algún detalle que le lleva al centro de su vocación y de su misión, a su gran pasión por Dios.

Fernando busca a Dios en todo y por todos los caminos. Y siempre encuentra algo humano que le hable secretamente, o a voces, de nuestro Dios.

Una muestra singular es este texto que hoy nos reúne. En él encontramos cientos de citas de innumerables autores y personas, de quienes Fernando bebe y a quienes Fernando acaba encaminando en la dirección en la que él busca. Se adentra en las historias reales, personales o ficticias hasta que, por la vía de la compenetración y de la comprensión, llega al umbral mismo del Misterio de Dios.

Fernando siempre llega. Los autores y los textos que él trata pueden adolecer de ausencia de Dios de un modo visual, sin embargo, él tiene la virtualidad de acabar haciendo presente el Misterio que secretamente esconden.

Leyendo con paz y quietud, y dejando que cada capítulo nos sorprenda, uno adquiere la convicción de que sólo parece ser cuestión de afinar la mirada, y de aprender, con él y como él, a usar el lenguaje sugerente de las imágenes y de las metáforas, del que básicamente se sirve el mismo Evangelio de Jesús.

Recuperando el camino narrativo, que se embebe de la realidad, pretende provocarnos al encuentro con Jesús. Y lo hace de un modo alegre y jovial, esperanzado y positivo, como es él, y con una fina y desarrolladísima inteligencia de la fe.

Este camino es, según Fernando Cordero, el mejor a la hora de aprender lo mucho que Dios pinta en la vida, y muy especialmente en la vida actual. Y hemos de fiarnos de él para leer con mucho gusto este libro lleno de sorpresas.

Una vida plagada de una apariencia de alejamiento de la fuente de Dios, y, sin embargo, llena de hombres y mujeres, confundidos y abarrotados de todo tipo de información, pero que tienen el corazón preparado para explosionar en fe y vida nueva en cualquier momento.

Para aprender esto basta con acudir a este supermercado que Fernando Cordero nos ha montado magistralmente en su libro ¿Qué pinta Dios hoy? Y que ahora un amplio grupo de sus amigos, colaboramos para acercarlo a vuestra lectura.

Ahí tenéis un supermercado prodigioso de ejemplos memorables: la mandarina del inicio de las clases de Javier Fariñas, y el necesario contacto con la realidad; la historia de las dos libélulas, de Carmen Pellicer; la cruz del cardenal Sancha, que se empeña a cada paso; los erizos que se dan calor de Schopenhauer; la madre María Eufrasia librando la batalla a favor de las prostitutas; el abaha del pueblo betibantú, casa de todos y de hospitalidad y solidaridad; la silla roja vacía, grito, llamada, para el que no está, que cuenta Rodríguez Olaizola;·la última cena en De dioses y hombres, de Xaviér Beauvois; las fotos de la Mona Lisa en el Smartphone, porque enseñamos más que vivimos; los padres drones en la educación que desconfía de los profesores; Verónica Macedo de la Asociación Nacional de Clowns, multiplicando sonrisas en los hospitales; Gianni Rodari, un señor maduro con una oreja verde y las orejas verdes de María…

«Probadlo todo y quedaos con lo mejor». Quedaos con Dios, que aparece sublime en todos y cada uno de los rincones de estas historias que nos cuenta, y de paso aprended a verlo presente y activo en vuestra propia historia. Porque este es un libro para aprender a ver, a contemplar, a respirar desvelando la realidad y trascendiéndola, que es el mejor oficio de la espiritualidad del momento presente, y la más hermosa enseñanza de Fernando Cordero.

Armaos de boli y cuaderno y anotadlo todo. Repensadlo, llevadlo a la oración, y os encontraréis con el velo que cubre el rostro de Dios y que os acerca al Misterio de Dios que está tan profundamente enraizado en el hombre, en sus decisiones, en sus obras, en sus escritos, en su arte, en sus ambientes, en sus cuentos e historia. Y nos lo dice igualmente la naturaleza y la cultura.

Enamorémonos de la búsqueda de Dios y con el boli y el silencio orante, todo acabará cargado de significado y de presencia. Dios pinta en todo. Porque es la esencia y la vida de todo.

¿Qué pinta Dios hoy? Uno de sus textos nos lo revela bellamente, como casi todos. Elijo este con la seguridad de que resume a la perfección lo que es este magnífico libro:

«El Reino se va abriendo paso sin triunfalismos, como la levadura en la masa. Sus inicios son pequeños, como pequeños somos cada uno de nosotros comparados con la grandiosidad del Universo. Pero esta pequeñez es maravillosa. ¿No es maravilloso que una porción de levadura termine por fermentar un pan que va a saciar a un centenar de personas? La medida de la levadura nos lleva a nosotros a cambiar nuestros cálculos y medidas. Pensar y actuar en clave de Reino es, en primer lugar, meter las manos en la masa, pringarnos y, luego, dejarnos admirar y condicionar no por nuestros pesimismos, sino por la fuerza transformadora de lo pequeño, auténtica banda sonora del proyecto de Jesús».

Ahí está Fernando, metiendo las manos en la masa de la vida a lo largo de este precioso libro, pringándose con ella, y luego enseñándonos a nosotros a cómo utilizar la vida para hacer de ella un camino que se dirija al encuentro con el Dios del Evangelio.

Un camino que juega con la fuerza transformadora de lo pequeño, que goza con ello, que goza con cada uno de nosotros y con cada uno de las pequeñas historias de nuestras vidas, para acabar provocando una verdadera e increíble vocación de amor, y el más bello encuentro apasionado con Dios, que lo trasciende todo, lo penetra todo y lo invade todo, y lo pinta todo de colores increíbles.

Leedlo, comedio, gustadlo y hacer partícipes a otros de semejante manjar.

Antonio García Rubio

En definitiva, un libro más que recomendable, ya que desde los matices propios de cada uno de quienes han escrito estas cartas se nos invita a renovar el compromiso, al optimismo, a la alegría, a la esperanza. Valores muy en desuso en nuestros días y que es necesario recuperar y vivir.

Miguel Ángel Mesa

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Cartas a Francisco

El libro Cartas a Francisco (San Pablo, 2017) utiliza y ofrece algo que ya no es usual en estos tiempos: el género epistolar. En nuestros días se prefiere la inmediatez, la brevedad, lo sintético (Whatsapp, Twiter, Facebook…). Algunas personas de las que han escrito estas cartas posiblemente utilizan estas aplicaciones. No obstante, han hecho un esfuerzo y se han detenido para escribir una carta como las de antes y nada más ni menos que al papa Francisco.
La mayoría de quienes escriben son católicos, pero los hay también de otras confesiones cristianas e, incluso, sin ninguna adscripción religiosa. Todas ellas son personas sencillas, comprometidas, cercanas, muy conocidas tanto en el ámbito social como eclesial: Pepa Torres, Carlos Amigo, Padre Ángel, Françesc Torralba, José Antonio Pagola, Juan Arias, Sebastián Mora, Mª Patxi Ayerra, Pedro Miguel Lamet, Isabel Gómez Acebo… Sus actividades también son de lo más variadas: teólogos, escritores, profesores, filósofos, periodistas, educadores sociales, psicólogos…
Todos demuestran desde el principio de sus escritos la admiración que sienten hacia la persona de Francisco. Muchos no conocían su trayectoria como superior provincial de los jesuitas argentinos, como obispo o presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Saben que antes era una persona mucho más seria, con unos planteamientos más rígidos en temas de doctrina, de moral o costumbres. Pero eso sí, que su forma de vida era sencilla, austera, cercana a la gente, viajando en metro, aguardando como uno más en la fila del autobús, incluso estando al frente de la diócesis de Buenos Aires, visitando las zonas más pobres y difíciles de esta ciudad y alentando la misión de los curas villeros, que realizaban su trabajo pastoral en las villas miseria de los arrabales.
Por lo tanto, el desconocimiento de este obispo rioplatense quedó de manifiesto al ser elegido papa en quinta votación el 13 de marzo de 2013. Pero este desconcierto comenzó a sembrar cierto entusiasmo cuando, al salir a saludar a la multitud reunida en la plaza de San Pedro, no llevaba todas las vestiduras que solían ponerse los papas en este primer saludo. Habló en términos más sencillos y pidió a la gente que le bendijeran. Quedaba por ver si era un gesto para la galería o si era una actitud sincera y humilde.
Estas dudas comenzaron a esclarecerse poco a poco, con sus palabras, sus actitudes y, sobre todo, con sus decisiones: vivir en la residencia de Santa Marta, en lugar de en los palacios vaticanos, seguir usando su cruz pectoral o los zapatos negros que siempre había calzado, viajar en coches más pequeños e, incuso, en utilitarios… Signos todos ellos de una Iglesia “más pobre y para los pobres”, tal como afirmó también era su deseo en los primeros días de su trayectoria papal.
Quizá el asombro de muchos ante estos gestos de sencillez en la vida y en el trato personal, que no serían nada remarcable en las vidas cotidianas de tantas personas trabajadoras, significaba un gran contraste con las costumbres de los papas anteriores, que no supieron o no quisieron romper con el estilo y rutinas que siempre los han alejado del pueblo sencillo y creyente.
Otro aspecto que recalcan nuestros escritores de Francisco es la forma sencilla que tiene para expresarse y comunicar en sus mensajes. Se siente en el ambiente que por fin se le entiende a un papa. Cuando denuncia el desprecio a la vida de los emigrantes, ante las injusticias hacia los trabajadores, la marginación de las mujeres, el drama de las heridas de un planeta herido. Incluso (por fin) las cartas pastorales y encíclicas son comprensibles para la mayoría de la gente.
Sin embargo, esta admiración de nuestros queridos escritores y escritoras, no se convierte en papolatría. Saben que lo principal es el seguimiento de Jesús, una vida más fraterna en las comunidades que componen la Iglesia y el compromiso por un mundo más justo, fraterno, en paz. Otros rasgos que destacan son su alegría y la cercanía sincera a la gente.
Pero todo no son alabanzas pues, a pesar de los cambios, saben que aún queda mucho por hacer y le invitan a seguir profundizando en un compromiso concreto con los más marginados y excluidos de nuestro mundo, una apuesta real por las mujeres, por su igualdad en todos los cargos eclesiales, un acercamiento al feminismo y unas tomas de postura claras contra el machismo, una reforma real de la curia, el sacerdocio opcional, un cambio radical de la formación sacerdotal y la lucha contra el clericalismo, una profunda revisión de la teología en consonancia con la realidad actual, la necesidad de una revisión radical del Código de Derecho Canónico…
En definitiva, un libro más que recomendable, ya que desde los matices propios de cada uno de quienes han escrito estas cartas se nos invita a renovar el compromiso, al optimismo, a la alegría, a la esperanza. Valores muy en desuso en nuestros días y que es necesario recuperar y vivir.

Alandar 344 (enero de 2018) 19.

Prólogo de Jesús Jara para «Los mil y un latidos»

Prólogo de Jesús Jara para «Los mil y un latidos»

No es ordinario que, con poco más de veinte años, una persona coja su mochila y viaje a comunidades aborígenes andinas de la Puna (Argentina), a 4.000 metros de altitud, para realizar actuaciones payasas.

No es ordinario que, con apenas treinta años, una persona haya participado en un proyecto de payasos de hospital en Argentina, los Payamédicos, y puesto en marcha otro similar en España, Saniclown.

No es ordinario que una persona tan joven haya publicado tres libros.

Así que puedo decir que me dispongo a escribir sobre una persona extraordinaria. (más…)

Pilar Huerta: «El futuro pasa por reunificar o cerrar monasterios»

Pilar Huerta: «El futuro pasa por reunificar o cerrar monasterios»

(Antonio Aradillas, en Religión Digital). De verdad de la buena, que Pilar Huerta Román, Carmelita Descalza en el convento de san José, en Toro, provincia de Zamora, hila bien. Pero que muy bien. Lo que académicamente se apostilla «con hilo delgado», que equivale a «proceder con exactitud, minuciosidad o sutileza en sus apreciaciones», «seguramente porque desde el primer día –hace ya 32 años–, que entró en el convento no dejó de tener un contacto profundo y constante con la palabra de Dios». Profesora de Biblia en la Federación de san José de Castilla, es autora de El telar de la palabra, que centra su atención en el Libro de la Vida de Teresa de Jesús, la santa por antonomasia. El nuevo título Mejor será que hilen, editado por SAN PABLO, que justifica esta entrevista, se acerca al Camino de perfección teresiano, tal y como lo salmodian los «ecos bíblicos», en su subtítulo.

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Aprender a vivir en el pluralismo

Aprender a vivir en el pluralismo

Nietzsche en La Gaya Ciencia, en 1882, escribió que «¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! […] ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia». Había que matar a Dios para liberar al hombre, haciéndolo dios. Peter Berger, en un libro magistral, Los numerosos altares de la modernidad (Sígueme, 2016), recordando este texto, relata la siguiente anécdota: «El área metropolitana de Boston, donde vivo, tiene más universidades y centros de educación superior por kilómetro cuadrado que ninguna otra parte del mundo. A resultas de ello, encontramos algunas de las pegatinas de coche más curiosas. Vi la siguiente, justo saliendo del patio de Harvard: «Querido señor Nietzsche: Usted está muerto. Sinceramente suyo: Dios». Esto se acerca bastante a la realidad empírica de nuestro tiempo. (más…)

La conversión de Óscar Romero… y de san Juan Pablo II

La conversión de Óscar Romero… y de san Juan Pablo II

(Ricardo Benjumea, en Alfa y Omega). El gobierno salvadoreño le tenía por un obispo más bien de «sacristía», en absoluto dado a la crítica política. Pero los acontecimientos le llevaron a Óscar Romero a convertirse en un icono de la defensa de los derechos humanos en América Latina. Se le «cayó la venda», diría él mismo, con las matanzas de campesinos y asesinatos de sacerdotes perpetrados por la dictadura militar.

También a Juan Pablo II, en cierto modo, se le caería una venda con Romero. Tras la frialdad con la que le recibió en 1979, convencido de la veracidad de los informes que presentaban al arzobispo de San Salvador como simpatizante de la rama marxista de la teología de la liberación, mientras ponían en valor el supuesto carácter católico de la cúpula del régimen, el Pontífice llegaría a admirar profundamente la labor del obispo salvadoreño. Años después, daría la vuelta al mundo la imagen de san Juan Pablo II arrodillado ante la tumba del obispo asesinado.

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Gloria Fuertes de la mano de Miren Zaitegui

Gloria Fuertes de la mano de Miren Zaitegui

(ACUA). El jueves 30 de noviembre, en un perfecto maridaje, ACUA y la Biblioteca Municipal de Villaviciosa de Odón organizaron en el Coliseo de la Cultura un acto homenaje a Gloria Fuertes, con motivo de su centenario, una magnífica poeta que se ha mantenido durante mucho tiempo desconocida y reducida a una figura televisiva que escribía para niños. El plato principal de este evento fue la presentación en Villaviciosa del libro Gloria Fuertes …Y que ya todo lo amé editado por SAN PABLO y escrito por Miren Zaitegui, una periodista navarra y librera de «viejo» que nos acerca a la persona y a la obra de la poeta de Lavapiés.

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Prólogo de María Ángeles Fernández al libro «Fronteras en el aire»

Prólogo de María Ángeles Fernández al libro «Fronteras en el aire»

Cada mes se cumple el ritual. Como le dice el zorro al Principito, «es bueno que haya ritos» para saber a qué hora preparar el corazón. Así, el sábado yo espero que comiencen a sonar las primeras notas de una melodía cuidadosamente seleccionada. Tras los compases iniciales, el volumen baja lentamente y se enciende el piloto rojo sobre la mesa del estudio de Radio Nacional. Luis Fernando me mira, le hago una señal y comienza su relato. Ya está cumplido el ritual.

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