Cómo se desarrolla el juicio en nuestra vida cotidiana

(Ernestina Álvarez Tejerina, en Confer). En Antes de juzgar ¡piensa! Salvo Noè, psicólogo, psicoterapeuta y mediador familiar, uno de los más reconocidos formadores en psicología de Italia, escribe sobre cómo se desarrolla el juicio en nuestra vida cotidiana.

Nos descubre que, de forma habitual y muchas veces inconsciente, utilizamos el juicio y la crítica destructiva, lo que condiciona nuestra manera de pensar, sentir y actuar.

Comienza, en una primera parte, hablando de los juicios: sus raíces y contextos. Extraigo alguna de las ideas más interesantes.

Conocerse a uno mismo es lo más difícil; por eso hacemos lo más fácil: juzgar a los demás. Hay aspectos del juicio que lo convierten en una actitud negativa: la finalidad crítica, los prejuicios, las manipulaciones…

Platón decía: ¡Sé siempre amable! ¡Cada persona que te encuentras está librando su propia batalla de la que tú no sabes nada!

Siempre juzgamos en el otro lo que no nos gusta de nosotros mismos. Podemos decir al otro lo que pensamos, pero con suma delicadeza.

Las deformaciones son las que arruinan las relaciones. La tendencia a juzgar a los demás es la mayor barrera para la comunicación y comprensión.

Juzgar es evaluar, estimar, expresar una opinión. Existen dos tipos de juicios: El verdadero y el tóxico. El verdadero es el que evalúa un determinado comportamiento con objetividad y muestra cómo mejorarlo. Se hace para ayudar a crecer y no debe dañar. Se habla del comportamiento, no de la persona. Ejemplo: «Mira a ver si al hablar tanto no estarás perdiendo mucho de tu interioridad».

El tóxico es en el que se corrige para que el otro tenga un sentimiento de culpa y se sienta mal, se dé cuenta de que ha hecho algo malo. Ejemplo: «Siempre estás hablando a destiempo». «Eres un desordenado»…

La causa principal de nuestros juicios tóxicos es hacer crecer nuestro ego devaluando al otro. Suele darse en personas muy inseguras. Otra causa son las proyecciones como mecanismo de defensa que expulsa de uno mismo lo que molesta, negándolo, y lo traslada al otro.

Cuando juzgamos a los demás nos deberíamos plantear unas peguntas: ¿Sé suficiente de esa persona, de lo que siente, de su vida…?

Como la mente tiende siempre, por naturaleza, al juicio, debe ser entrenada en el no juicio.

No hay que confundir el juicio con la observación correcta de los acontecimientos. Observar y constatar no es juzgar.

El valor de la crítica sólo adquiere una connotación positiva si es constructiva, es decir, si no apunta a destruir las certezas personales sino a, de manera discreta, mostrar comportamientos o pensamientos que deben ser revisados. La crítica destructiva puede contaminar a una persona sobre todo si es vulnerable en este campo.

En general tenemos miedo a los juicios. No estamos en la vida para satisfacer a los demás en sus ideas o expectativas, por ello hay que observar cuánto de verdad lleva la crítica que nos hacen y buscar el bien que nos puede hacer ese juicio destructivo. El enemigo nos entrena.

Para poder afrontar las críticas hay que examinar, con lucidez, hasta qué punto son objetivas. Una vez hecho esto pasamos al segundo paso: ver, en ellas, algo útil para nuestra vida, la señal de lago que debemos mejorar.

El consenso social es un requisito que estabiliza los comportamientos colectivos y adapta el individuo al grupo, pero, a veces, puede asfixiar a las personas. El pensamiento social se introduce en nosotros y nos va conformando en función también de uno mismo, de cuánto se es capaz de mantener una distancia saludable respecto al grupo.

Existe una crítica y acoso en las redes sociales muy peligroso: el «ciberacoso» que ya ha llevado a suicidios entre gente vulnerable.

Otro juicio dañino es el juicio a uno mismo, el juicio moral, con sentimientos de culpa.

Ser hipercrítico con uno mismo es otra actitud frecuente que nos hace sentirnos culpables sin razón por medio de un juicio crítico basado normalmente en las comparaciones. Es muy importante determinar cuáles son los deberes de uno, respetarse y no autoimponerse cargas.

La figura del manipulador sale también en esta primera parte. Son personas que tratan de ejercer poder sobre los demás y actúan en el nivel afectivo y en el cognitivo.

Posteriormente el autor pasa a presentar algunos aspectos del juicio en diferentes contextos: la familia, la escuela, el mundo del trabajo, la amistad…

En la segunda parte del libro se intenta responder al por qué juzgamos a los demás.

En la base podemos encontrar la frustración personal, también la costumbre de juzgar como una especie de hábito que tenemos y, sobre todo, un ego poderoso que no se conoce y que ve, en la crítica y el juicio, una salida para sus desajustes.

Mucha de la dificultad para emitir juicios correctos viene de la aplicación indiscriminada de los estereotipos y los prejuicios u opiniones preconcebidas, precipitadas y sin fundamento, sin una base objetiva.

En la tercera parte del libro se abre el camino de la liberación de los juicios a los demás mediante el amor, la humildad, la sinceridad de vida y se presentan 7 estrategias para defenderse de los juicios tóxicos: evitar depender de las opiniones de los demás, transformar nuestro pasado, aceptar nuestros defectos, gestionar bien nuestras emociones, tener conciencia emocional, gestionar emotivamente las situaciones, la correcta toma de decisiones y el convertirnos en lo mejor de nosotros mismos.

Otra ayuda que presenta el libro es para transformar a los que emiten juicios tóxicos contra los demás: aumentar la empatía, elegir mensajes personalizados, evitar la ansiedad y las soluciones fáciles, antes de juzgar usar los tres filtros, la verdad, la bondad y la utilidad; cuarenta días de abstinencia del juicio, permanecer en nuestro centro, y ser constantes en el propósito.

Podemos concluir con unas palabras del mismo autor: «Creo que he escrito un texto, ciertamente no exhaustivo, con respecto a la complejidad del tema, para que la gente reflexione y pueda cambiar».

Ernestina Álvarez Tejerina, OSB

Confer 224 (octubre-diciembre de 2019) 614-617.