De la reflexión al debate

(Alfonso Crespo Hidalgo, en Vida Nueva). Ya desde el título –Cuando falten los sacerdotes–, Alphonse Borras lanza una hipótesis cargada de realismo. Pero, ¿hay que aceptar esta constatación aguardando resignadamente la extinción de este ministerio o es posible vislumbrar, en esta coyuntura, la apertura de nuevos cauces pastorales y estilos ministeriales en la Iglesia? El último capítulo –«En caso de “escasez absoluta”»– ofrece un posible desenlace con suspense.

El autor cita a un eminente pastoralista canadiense, E. Tremblay, para contextualizar su trabajo: «Desde hace unos años, la humanidad ha entrado en una era en la que el cambio se ha convertido en una situación normal, y la adaptación al cambio, en un valor esencial». Su reflexión cumple esta máxima. En la Introducción, se adelanta: «El objetivo de este libro es pastoral. Pretende examinar el presente, en el sentido estricto de lo que vivimos, teniendo en cuenta la vida de nuestras comunidades y la organización del servicio pastoral». No se trata, por tanto, de un ensayo desencarnado, sino de un estudio, serio y sin complejos, de lo que ocurre: se escruta los acelerados cambios en el ámbito social y espiritual que desafían al servicio ministerial de la Iglesia, y se proponen líneas de reflexión y respuestas adecuadas.

Entre los principales cambios de la sociedad, el autor señala dos que afectan especialmente a la Iglesia: la «crisis de comunicación» y la «urbanización globalizada», que interpelan a las estructuras eclesiales y la organización del servicio pastoral, anclado sobre todo en la red parroquial. La comunicación del Evangelio afecta a todos los bautizados, en su diversidad de carismas, estados de vida, vocaciones y ministerios. Y hay que constatar, dolorosamente, la disminución de comunicadores: no solo menos sacerdotes, sino también menos cristianos convencidos. Conviene, pues, situar la reflexión sobre la falta de sacerdotes en el contexto global de una crisis, con cambios profundos, del ministerio eclesial en su conjunto. Las posibles respuestas deben superar el peligro siempre al acecho del «clericalismo y el eclesiocentrismo», denunciado por Francisco en Evangelii gaudium (cf EG 102) y el simple empeño de alargar las listas de sacerdotes; tocan al estilo pastoral misionero de la Iglesia encaminado a promover lo que Benedicto XVI llamó un «cristianismo de decisión».

Así las cosas, el autor plantea dos escenarios posibles: «la ausencia relativa» de sacerdotes y «la ausencia absoluta» de los mismos. Ambas posibilidades hay que abordarlas por «la salvación de las almas, que ha de ser siempre la ley suprema de la Iglesia» (can. 1752). Vivimos en una situación de «penuria relativa», quizás con un número todavía suficiente, dado que aún hay un número de laicos, o diáconos, que asumen su parte de animación comunitaria y su asistencia pastoral. La reflexión aborda con creatividad y perspectivas de futuro este escenario. También reflexiona sobre la hipótesis de una «escasez absoluta».

El subtítulo del libro –Referencias teológicas y canónicas en tiempos de escasez de vocaciones– explicita el estilo de abordaje de las dos partes nucleares de este estudio. Un sustancioso ensayo de 200 páginas que ofrece sugerentes puntos de referencia, tanto teológicos como canónicos, para iniciar una reflexión personal y un diálogo abierto, sin estridencias y con serenidad, sobre este problema acuciante para la Iglesia. Estima el autor que la «primavera bergogliana» que vivimos es un clima adecuado para este debate.

Discernimiento vivo

En esta obra, la teología y el derecho, lejos del ensayismo académico, se dejan interpelar por la vida, impulsando a un discernimiento vivo para encontrar respuestas adecuadas. Urge una mayor interdisciplinariedad entre la teología, especialmente la eclesiología, y el derecho para alargar este debate con creatividad y fidelidad. Conceptos teológicos como responsabilidad bautismal, sinodalidad eclesial, sacramentalidad ministerial y pluriministerialidad, y una reflexión desde claves canónicas de la realidad de las estructuras de la parroquia –sus suficiencias y sus carencias en un mundo en cambio– animan unas propuestas creativas.

A ello cabría añadirse que el autor es toda una garantía. A. Borras, sacerdote de origen español, es vicario general de la Diócesis de Lieja (Bélgica) desde 2001. Trabajo que compagina con la docencia de Derecho Canónico en la Universidad Católica de Lovaina. De tal modo que, en sus libros, no solo habla el canonista experto y el teólogo fundamentado, sino también el pastoralista que reflexiona desde la experiencia de su ministerio pastoral en una Iglesia local que suele abrir caminos.

Alfonso Crespo Hidalgo

Vida Nueva 3.203 (5 de diciembre de 2020) 44.