Despertar al dormido

(Antonio Aradillas, en Religión Digital).- “De un modo agradecido y admirado”, Xabier Pikaza, “catedrático y polígrafo” de tan reconocida fama internacional en el mundo de la teología, refiere y presenta en el prólogo del libro Los cuatro nombres de Dios, de la editorial San Pablo, a su autor, de la manera siguiente:

“En su plena madurez, el Padre José Vicente Rodríguez, bien cumplidos ya los noventa años, ha tenido el detalle de ofrecernos esta espléndida obra con los cuatro nombres de Dios, que yo me atrevo a presentar como los “cuatro puntos cardinales”, quizá mejor, como los cuatro caminos que suben a su Monte Carmelo.

Tú sabes bien que allá arriba no hay más caminos, ni montes distintos, puesto es Amor entrañable, pero también sabes que este mundo es siempre camino, y así nos animas a subir (a que Dios mismo nos suba), por las cuatro caras de su monte, por los cuatro lados de su misterio…Tu atrevimiento ha sido grande, tu libro muy profundo y muy hermoso. ¿Quién puede atreverse a definir de alguna forma a Dios”. Dios es “con-desciende” y baja para así subirnos…”

El Padre José Vicente Rodríguez pertenece a la Orden de los Carmelitas Descalzos, cursó estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, y de Sagrada Escritura en Roma. Especialista en la biografía y en los escritos de san Juan de la Cruz, ha publicado una cuidada edición de sus obras. En las 538 páginas de sus “Cuatro nombres de Dios”, desgrana los cuatro grandes misterios: condescendencia, ternura maternal, transcendencia y presencia múltiple de Dios, mediante un mosaico de temas, ejemplos, comparaciones, testimonios y experiencias personales, que quedan enlazados a través de textos bíblicos, conciliares e incluso perlas poéticas.

En definitiva, el Dios del que tiene necesidad la humanidad, es el Dios de la fe cristiana, de la misericordia, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de Jesucristo, ese Dios cuya condición se caracteriza por los cuatro pilares sobre los que el docto y santo autor carmelita, nacido en Monleras, en la salmantina comarca de los Arribes – Ledesma, fundamenta su obra.

En tan largo, misterioso y sobrecogedor camino hacia el encuentro con Dios, se deja acompañar sobre todo por san Juan Crisóstomo y otros Padres de la Iglesia, la Regla de san Benito, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, el papa Francisco, san Junípero Serra, san Juan Bautista de la Concepción, el Padre Alonso Rodríguez, Robert Hugh Benson, Hermann Cohen, André Frosard, el Padre Teilhard de Chardin, el Padre Arrupe, Manuel García Morente, el cardenal Newman, santa Teresa de Lisieux, Paul Claudel

De recuerdo especial, muy reverente y religioso, es la mención que hace el autor en el capítulo 23 de la tercera parte de su obra (pp. 337 y ss.) de don Miguel de Unamuno y sus “ex- futuros”, titulándolo, como lo hiciera el Rector de Salamanca, “La decimoquinta obra de misericordia: despertar al dormido”, y que literalmente comenta de esta manera en “Mi religión”: “Es obra de misericordia suprema despertar al dormido y sacudir al parado, y es obra de suprema piedad religiosa buscar la verdad en todo y descubrir dondequiera el dolo, la necedad y la inepcia”.

Un bellísimo libro este de “los cuatro nombres- caminos de Dios”, un prólogo que sugiere y formula preguntas y respuestas salvadoras y de radiante actualidad, escrito y descrito al claror de la luz de la fe, del estudio y de la sensibilidad amorosa y sempiternamente juvenil, atrevido y, a veces, audaz, como lo cree y lo vive el papa Francisco. Al confeccionador de la portada me hubiera atrevido a sugerirle que la idea clásica del Dios “miguel-angelesco”, varón, viejo y barbudo, la hubiera suplantado por la que describió el Papa Juan Pablo I “el Breve”, – “misterios” de la misteriosa historia eclesiástica-, que apenas si dispuso de tiempo para aseverar acerca del Creador del mundo-universo, que “Nuestro Dios es aún más madre que padre”.

Antonio Aradillas

Religión Digital (29 de diciembre de 2016)