El Evangelio es un relato de experiencias

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Un libro precioso, de apenas cien páginas, es el titulado Las matemáticas de Dios (Qué nos queda cuando lo perdemos todo) de Luigi Maria Epicoco. El título original, en italiano, viene a procla­mar que solo los enfermos se recuperan. Quizás el título de la traducción española no incite demasiado a la lectura, pero quienes decidan emprenderla lo agra­decerán, pues en apenas un centenar de páginas, aparecen hiladas unas cuantas ideas para la vida, surgidas a través de la lectura pausada y meditativa de la co­nocida perícopa del evangelio según san Lucas en torno a los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-25).

El autor es un sacerdote treintañero, que ejerce la docencia en la Pontificia Universidad Lateranense y atiende pas­toralmente a jóvenes universitarios. El título español encuentra su justificación en la afirmación –que el autor inserta en el prólogo– de que el evangelio no son las matemáticas de Dios, sino que Él se halla oculto en las historias y rostros de los personajes. El Evangelio, más que un tratado teológico, sería un relato de experiencias; y Dios en medio de ellas.

Por eso, el cura Epicoco lleva a cabo el desafío de desentrañar la narración lu­cana, por lo que no conviene decir que ya sabemos cómo termina… Lo intere­sante del viaje camino a Emaús está en todo lo que ocurre desde la salida, en la ruta y en el detenido encuentro que se produce al final.

Se inicia un camino de vuelta, con la mochila cargada de decepción y con­fusión tras las fuertes experiencias y es entonces quizá cuando el hombre camina hacia la propia autenticidad, al sentir que lo ha perdido todo. Y surge el encuentro y la conversación y nace la amistad con el que camina al lado: porque están juntos, cercanos, en comunicación, en comunión. Cristo camina al lado, acompaña, hace que los corazones ardan, calienten e ilu­minen la vida, …aunque no sea recono­cido. El hombre es tardo para creer por no saber leer los acontecimientos que ocurren alrededor, pero la experiencia indefinida lleva a la nostalgia y al anhelo que hace exclamar: «Quédate con nosotros».

En la segunda parte del libro, el autor saca excelente partido a cuatro símbolos presentes en el relato evangélico: (1) la posada –no morada definitiva– don­de pasan la noche y el Resucitado no se limita a entretener a los caminantes decepcionados a quienes se apareció, sino que celebra la eucaristía con ellos: simboliza a la Iglesia; (2) la rnesa, no sólo como una necesidad sino también como manifestación de una relación mutua que crea intimidad: simboliza el compartir; (3) el partir el pan, que expresa la fe; y (4) el volver atrás, que significa el anuncio, vol­ver al imperativo de la evangelización.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.987 (18 de mayo de 2019) 49.