El libro de Job, un «manual de supervivencia»

(Jorge A. Sierra, en Confer). Xabier Pikaza es un autor de sobra conocido en el ámbito tanto de la teología fundamental como de la historia de las religiones. Ambas perspectivas están entrelazadas en el libro que nos ocupa con el comentario y la exégesis bíblica, en torno a uno de los libros más conocidos popularmente del Antiguo Testamento… y al mismo tiempo uno de los menos comprendidos: el libro de Job.

Más que un comentario al uso se trata de una relectura teológica, una «lectura guiada», en la que se vuelca la enorme pericia y conocimiento del autor, contrastando el texto bíblico con otras religiones, los acercamientos teológicos clásicos y la propia experiencia personal de Pikaza. Tras una breve introducción y acercamiento en el prólogo, en la primera parte desarrolla tres actos y un interludio, mientras que en la segunda se desarrollan otros tres y el epílogo. Se presenta así la estructura clásica y teatral del libro de Job, en línea con otros acercamientos a la obra.

El propio título –Los caminos adversos de Dios– nos anuncia una de las líneas-fuerza del libro, que es la misma que la del texto bíblico: ¿cómo puede responder el creyente al sufrimiento y el mal en el mundo? En esa reflexión destaca la constante comparación y contraste con las enseñanzas clásicas tradicionales de Buda (no en vano Pikaza es el traductor de una obra fundamental sobre la fe cristiana y la budista, Budismo y cristianismo, de Henri de Lubac), descubriendo no pocos puntos de contacto y muchos otros de diferencia. Es una ayuda muy original, sobre todo cuando algunas de las enseñanzas budistas, en su simplicidad, pueden parecer más naturales que las judeocristianas.

Vayamos parte a parte. El prólogo, formado por los dos primeros capítulos de Job, muestra la colorida imagen de la discusión entre Dios y Satán sobre el fiel y bondadoso Job. Destaca la presencia de la duda, incluso en el «personaje» de Dios, que termina derivando en las dos grandes pérdidas de Job: primero de sus seres queridos y luego de su propia seguridad y salud. Finalmente, esta parte remata con el preludio, donde Pikaza relee las semejanzas entre Jeremías y Job y el propio dolor del protagonista, en paralelo a los héroes de las tragedias griegas.

La primera parte es la que recoge el diálogo entre Job y sus «amigos», la parte más conocida del relato bíblico. Siguiendo el texto, Pikaza va releyendo y profundizando casi versículo a versículo, los diálogos, los soliloquios y las preguntas subyacentes en todo ese acto. Al final, todo está dirigido a Dios y habla del propio Dios, una presencia de tal majestad, al estilo judío, que el ser humano solo puede sentir «temor». Desde esa humildad radical se reconoce la justicia de Dios y comienza a resurgir la esperanza de Job, pese a no tener respuestas. Los amigos sí tienen respuestas y por ello no creen en Dios… porque no dejan hueco a la duda y a la confianza, también radical, en el Dios de la Salvación. La «senda antigua de los hombres perversos», que marca el tercer acto, muestra una curiosa actualidad: opresión, insolidaridad, falta de justicia… nada que no seamos capaces de ver en nuestro tiempo, por lo que la respuesta de Job de confianza en la sabiduría divina sigue siendo válida.

La segunda parte, con un Job caído en desgracia, se compone de tres discursos de una gran profundidad. El primero es del propio «acusado», que hace una apología pro vita sua no tanto para pedir perdón, pues se reconoce pecador, sino justicia, pues es la víctima. El segundo es el discurso de un «nuevo teólogo», Elihu, que aparentemente defiende a Dios, pero que en realidad es el abogado de un ídolo, de una falsa imagen de Dios como poder espiritual. Por último, el discurso del propio Dios, de una gran belleza y hondura, típica del misterio, que sí es una característica esencial del Dios judeocristiano, que acoge y rehabilita sin restar responsabilidad a la persona.

Quizás en esta parte donde la experiencia y el propio camino de fe de Pikaza se muestra con más claridad, sin por ello caer en consideraciones subjetivas. El comentario final al epílogo es una muestra clara de esta valoración: nosotros también necesitamos, como Job, responder a la fragilidad, muerte y dolor que nos rodean. El libro de Job es un «manual de supervivencia» para no rendirnos ante las crisis –algo especialmente necesario en estos tiempos de pandemia– y, al mismo tiempo, una declaración de fe, válida para todo ser humano incluso de religiones diferentes, que gana sentido y profundidad desde la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En resumen, estamos ante una obra completa, erudita y accesible, que actúa como presentación y guía a un libro lleno de sorpresas, o más bien a la respuesta desde la fe a las preguntas que cualquier creyente se hace antes o después.

Jorge A. Sierra, FSC

Confer 227 (julio-septiembre de 2020) 444-446.