El santo que hoy necesitan la Iglesia y la sociedad

(Lázaro Sanz Velázquez, en Sal Terrae). La propuesta de Mª Ángeles López Romero (Editorial San Pablo) y «el afán por acercarme al personaje y descubrir a la persona, solo por volver a beber en la fuente de un ser tan único en su tiempo y para el nuestro, nada más por el hecho de reconocer que lo que Dios hizo con Francisco de Asís en el siglo XIII lo puede hacer hoy con cada uno de nosotros» es lo que ha movido a Luis E. Larra Lomas, franciscano conventual, a «dar el paso titubeante pero confiado… de redactar estas atrevidas líneas».

Por eso, esta biografía básica, breve y exprés de Francisco de Asís, no minuciosa ni detallista sino realizada a base de trazos libres y sueltos, es inevitablemente subjetiva (por cuanto supone una relectura de su vida con parámetros de hoy) y parcial (por incompleta y por tomar partido al escribir con simpatía y devoción hacia el personaje).

Todo intento por acercarse a la vida de Francisco de Asís debería comenzar por el final de su existencia, y en concreto por la lectura atenta e ineludible de su Testamento, que no es tanto un apéndice a su biografía sino su obertura o pórtico. El motivo es obvio: nos hallamos ante un escrito del propio Francisco y además es, sin duda, el más autobiográfico del santo. Este dato no puede pasar inadvertido, pues, aunque no es el único escrito que conservamos de Francisco, es en el que de manera más amplia y explícita habla en primera persona. Es más, el Testamento ofrece el guion general o los capítulos más importantes que no pueden faltar en la narración cronológica y en la descripción vital de su recorrido existencial. Aparte de la presentación, una obertura (Cada época tiene el santo que necesita), el epílogo (El original y las copias), una cronología de la vida de Francisco de Asís y una seleccionada bibliografía, nos encontramos con 24 capítulos que con una literatura sencilla va desgranando la vida de Francisco desde su infancia hasta su tránsito en las manos del Señor.

El Testamento recuerda los hitos más importantes de su conversión y los acontecimientos más sobresalientes del origen de los penitentes de Asís, después llamados «hermanos menores». No es cuestión de decirlo todo ni de extenderse mucho; simplemente se trata de salvar, en ese instante decisivo y último de su vida, los pilares que sustentan el proyecto evangélico que le fue dado por Dios a él y a sus primeros compañeros, como mejor herencia para los hermanos menores presentes y los que vendrán después.

Antes de recrear la vida de Francisco, por respeto y honestidad a su persona, el autor va a dejarle hablar a él (Obertura). De algún modo, refleja también quién es, lo que siente, lo que goza, lo que sufre en sus cartas y oraciones, incluso en los textos legislativos, pero ciertamente en ninguno de esos escritos Francisco abre tanto su alma, su corazón y su vida como en el Testamento.

Salvo en el Testamento, Francisco no habla mucho de sí mismo en sus escritos. Conocemos lo que fue y lo que hizo por sus primeros hagiógrafos, oficiales y oficiosos, que escribieron por encargo de otros o por interés personal o de un grupo. Con lo cual, de un modo u otros todas las fuentes están mediatizadas. No obstante, a lo largo de estas páginas Luis. E. Larra deja que más de una vez Francisco se asome a ellas a través del testimonio que nos dejó en sus escritos, de manera que por medio de sus oraciones, cartas, avisos espirituales y textos legislativos podamos oír su voz.

La propuesta del autor tiene en cuenta un doble aspecto: por una parte, presentar un relato literario con lo más destacado de la vida de Francisco, pero dejándole en paralelo hablar a él a través de sus escritos, a modo de dos estratos; y por otra parte, ofrecer una cronología básica de la vida de Francisco que al mismo tiempo advierta sobre la problemática de las primeras fuentes hagiográficas (la llamada «cuestión franciscana», de la que no puede prescindir cualquier intento por escribir su biografía). Solo leyendo su Testamento y la selección de párrafos de otros escritos que el autor ha intercalado en la narración de su vida se puede tener ya una idea de su imponente figura, que sigue siendo plenamente actual ocho siglos después de su gesta evangélica. Francisco es también el santo que hoy necesitan la Iglesia y la sociedad.

Para esta lectura no son, ni mucho menos, secundarias las notas a pie de página que salpican todo el libro. Todas ellas aclaratorias tanto en sus explicaciones como en los autores que cita. Igualmente confirma lo escrito con textos sacados de sus escritos o biografías de la época. Este libro puede ser muy válido para tres tipos de destinatarios: para aquellos que no conocen la figura de san Francisco y sienten la curiosidad de adentrarse en él; para los que ya lo conocen, pero quieren volver a recrearlo y, en tercer lugar, para aquellos que al volver a leerlo sienten la necesidad de pedir a Jesús que haga con ellos lo mismo que hizo con Francisco.

Lázaro Sanz Velázquez

Sal Terrae 1.254 (abril de 2020) 753-755.