El sentido de la oración

(Miguel Díaz, en Revista 21). Dorotee Sólle escribe: «Si a los cristianos se les pregunta qué han hecho por los judíos du­rante la persecución, recibiremos la respuesta más falsa: hemos orado«. Con esta denuncia de una oración de pura «sumisión» sin «resis­tencia» ni compromiso activo frente al mal, el famoso y conocido Hans Küng comenta en La oración y el problema de Dios su vi­sión de la oración en el conjunto de las reli­giones, deteniéndose en la oración de Jesús y en la de sus discípulos.

Para Jesús orar es algo obvio. Jesús es libre en la oración. No prescribe oraciones ni formularios ni gestos. Al autor le gusta ver a Jesús orar en lo secreto, en su corazón y en la vida de cada día. Invita a volver a orar como oraba Jesús, sin caer en formulismos.

En el horizonte del autor está el hombre de hoy, multicultural y postmoderno. Escribe: «Un hombre ilustrado del siglo XXI no tiene por qué avergonzarse de orar». Con los hombres de la Biblia, “creo en un creador, en un guía, en un perfeccionador, en un partner del hom­bre». Y si creo todo esto, ¿no puedo expresar mi fe? La oración no es más que una fe aplica­da, una “fe que habla”, una fe que confía y compromete al orante con la acción de Dios en el mundo.

A quienes se preguntan por el sentido de la oración, especialmente la de petición, puede resultarles iluminador este breve escrito. De relativa fácil lectura y en línea con la mentali­dad abierta y renovadora de quien, durante su larga trayectoria de teólogo, ha profundizado en el diálogo entre la fe, la religión y la situa­ción actual de la humanidad.

Miguel Díaz

Revista 21 nº 1.031 (mayo de 2019) 49.