Francisco Anta: «La difusión de la Biblia no es un trabajo, es pura misión eclesial»

El próximo 8 de octubre recibe el homenaje de la Comisión de Editores de Libro Religioso

(SP). Francisco Anta (Rioconejos, Zamora 1936), sacerdote paulino, ha sido durante muchos años el responsable de Sobicain (Sociedad Bíblica Católica Internacional), organismo fundado por el beato Santiago Alberione en 1924 para la difusión de la palabra de Dios a los más desfavorecidos, aprobada como Unión Primaria por el Papa Juan XXIII en 1960. Desde esta responsabilidad, ha impulsado el estudio de la Biblia, su edición en papel y en otros formatos (CD-Rom, versión on-line…), su traducción a las más diversas lenguas (español para América Latina, inglés, portugués, guaraní, quichua, chino, italiano, rumano, polaco, bahasa y otras) y para países de todos los continentes… Este año, en el transcurso del Liber, la XXXVII Feria Internacional del Libro que se celebra este año en Madrid entre el 9 y el 11 de octubre, recibirá el homenaje que rinde todos los años la Comisión de Editores de Libro Religioso a un personaje destacado por su labor en este campo. Hemos hablado con él de este homenaje y de su labor de difusión de la Biblia.

P.: Padre Anta, ¿cómo recibe este reconocimiento?

R.: Si fuera por mí, no querría ningún reconocimiento. Pero ya que esto favorece la labor de Sobicain, acabé aceptando. Quedo contento de que se conozca la difusión de la Biblia, pero no me siento orgulloso, porque no es fuerza mía: todo ha sido una misión. Mover y difundir la Biblia no ha sido mi trabajo, el verdadero trabajo ha sido de Nuestro Señor. A Sobicain nunca le han faltado recursos para poder desarrollar su labor, pero no me explico cómo ha sido posible. Solo se explica reconociendo la ayuda de la providencia de Nuestro Señor.

P.: Toda una vida dedicada a la difusión de la palabra de Dios. ¿Cómo valora su esfuerzo? ¿Ha conseguido los objetivos que se propuso cuando dio comienzo su labor en Sobicain?

R.: Primero fueron siete años en Argentina, enviado por el P. Alberione apenas hube terminado mis estudios universitarios en Roma y ser ordenado sacerdote. Después de esos siete años, de intensa actividad, pedí regresar a España. Fue en 1972. Durante varios años hube de compatibilizar el cargo de Provincial en España con el de Sobicain.

Yo había aprendido de Alberione que el sistema era estar en permanente movimiento, visitando parroquia a parroquia. Cuando empecé en América Latina, no empecé a trabajar con librerías, sino con las Conferencias Episcopales. Fueron los obispados los primeros difusores de la Biblia, y veía con ellos que lo que realmente importa es llegar a la gente de la que nadie se preocupa. Trabajé con el sacerdote francés Bernardo Hurault, que estaba preparando La Biblia Latinoamérica, traduciéndola y testándola con la gente, leyendo y preguntando qué habían entendido. Junto con él, creamos un equipo para culminar el texto de la Biblia en español para Latinoamérica. Y cada nueva edición era testada, corregida y actualizada.

Durante más de treinta años, he visitado América Latina con mucha frecuencia. Y también empecé con el resto del mundo: África con las Hijas de San Pablo, Filipinas, donde encontré una sociedad dispuesta a recibir la Biblia… Hubo un momento en que no pude moverme más, y fue gracias al ordenador, a las videoconferencias, como pude seguir manteniendo un contacto persona a persona.

Estamos hablando de difusión. No podemos hablar en términos de dinero, de empresa o de industria. En África se han regalado infinidad de Biblias; a quienes no podían pagarlas se les facturaban como donación. Cuando Haití quedó devastada por el terremoto, Sobicain fue la única entidad que mandó Biblias gratis, que se distribuyeron rápidamente a través de la mediación de las Hijas de San Pablo de Santo Domingo.

Respondiendo a la segunda parte de la pregunta, creo que los objetivos sí se han cumplido. Con mucho movimiento, viajando con frecuencia por todo el mundo para difundir la Biblia. ¿Se mantendrán esos objetivos? No lo sé, espero que sí. La difusión cae cuando no hay movimiento. Es extraño que en España y en general en toda Europa no se haya tomado en serio el ir por las parroquias, formar centros, mantener una persona que las visite.

¿Cuáles han sido los momentos y los proyectos más duros, los que más le ha costado sacar adelante? ¿Por qué?

R.: El proyecto es único, en realidad. Consiste en que la palabra de Dios llegue a todos. Pero eso siempre depende de los Estados. De cada nación sale algún problema.

India fue muy difícil. Las primeras veces que lo visité no sabía ni por dónde empezar. La librería era cualquier cosa menos una librería. Al principio yo no entendía nada. Pero hay que empezar por algo. La Biblia en inglés ya existía, pero este país es muy diferente, necesitaba una adaptación. Y finalmente lo hicieron, y se han hecho más de siete ediciones.

En China la Biblia estaba prohibida, y todo el trabajo de preparación y traducción lo tuvimos que desarrollar en Filipinas, pero la donación de Biblias se realizó desde España.

En América Latina estaba el problema indígena: se sentían minusvalorados, no se les cuidaba para nada. Con los obispos había que buscar a los que verdaderamente estaban preocupados por la misión. Con la edición en quichua tuvimos el problema de que los indígenas no la querían: preferían la edición en español, porque con el español se sentían integrados, y con su idioma solo eran tratados como una minoría aislada, poco valorada. México no era fácil para trabajar, había mucha inseguridad y todavía la hay. Venezuela, entonces, era un país muy rico, no les interesaba mucho la religión…

P.: ¿Cuál es el proyecto por el que se siente más satisfecho? ¿Por qué?

R.: Todos. Ya digo que el proyecto es único: la difusión de la palabra de Dios. No ha sido fácil, pero ha merecido la pena. Y es la más grande difusión de la Biblia en la historia. Solo en castellano se han difundido ochenta millones de Biblias. Muchos no lo creen, pero es así.

P.: Sobicain es responsable de la edición, difusión y comercialización de millones de Biblias en todo el mundo. Son cifras que, sin entrar en detalles, marean. ¿Habría dedicado tanto esfuerzo a otros proyectos?

R.: ¿Por qué marean esas cifras? Los apóstoles eran doce, y ni creían de verdad hasta que llegó el Espíritu Santo. Eso es mucho más que las cifras de las que hablamos.

A todos los proyectos me he dedicado con todo mi esfuerzo, siempre entendiéndolos, viviéndolos como una misión, no como un trabajo o una empresa.

P.: El lema de la Sociedad de San Pablo es «evangelizar a los hombres de hoy con los medios de hoy». ¿Se siente su vocación como paulino reforzada al mirar hacia atrás y ver la ingente labor que ha desarrollado en favor de la Biblia?

R.: Es fácil decir este lema, pero los hombres de hoy no son como los de ayer, y los medios tampoco. Ahora parece que todo es industria pura. Hasta la catequesis. La época actual es completamente diferente. ¿Cuáles son los medios, si hay un paganismo y una indiferencia religiosa universal? La forma de actuar de antes ahora no sirve, hay que encontrar nuevos modelos. Es necesario un cambio, pero ni siquiera al Papa le dejan actuar como quisiera.

La vocación como paulino la tengo, ciertamente, aunque en ocasiones me encuentro raro. Miro hacia atrás y veo que con poco se ha hecho mucho. Y a pesar de que disminuye la cantidad de gente que lee la Biblia –incluso entre los cristianos–, espero que se siga haciendo mucho, con lo poco o lo mucho que hay ahora.

P.: ¿Quiere añadir alguna otra cosa?

R.: A fuerza de repetirme, es importante que se entienda que la difusión de la Biblia no es un trabajo, no es por dinero, no es una empresa… Todo es una misión. Y todo el mérito es de Nuestro Señor.