Guía de peregrinos

(Pedro Barrado, en Vida Nueva). Es bien conocida la versatilidad del cardenal Gianfranco Ravasi –presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada, además de experto biblista– en cuanto a su obra. Así, nos ha ofrecido libros de carácter más bien exegético, otros con un sesgo más cultural –aprovechando sus vastísimos conocimientos–, pero en todos se suele percibir una notable sensibilidad espiritual.

Ahora ha escrito Sion, una guía de viajes, bien es verdad que el viaje que se propone es un tanto especial, ya que lo habitual, cuando se viaja a Tierra Santa, es que se haga con las características de una peregrinación, es decir, con una importante dosis de espiritualidad.

La espiritualidad de esta obra no es muy evidente a primera vista. Aparte de los textos bíblicos que encabezan cada uno de los lugares presentados, en la explicación aparecen mencionados o aludidos otros textos de la Escritura y, en algunos casos, ciertas reflexiones espirituales. Sin embargo, esta dimensión se puede descubrir, sobre todo, debajo de las explicaciones históricas, arquitectónicas, arqueológicas o artísticas, porque la fe cristiana es una fe encarnada en la historia.

La guía resulta muy adecuada para una peregrinación por su formato pequeño, sus hermosas fotografías y unas explicaciones fundamentalmente breves: los lugares presentados suelen extenderse entre una y dos páginas, salvo casos concretos –como el Santo Sepulcro, la Explanada del Templo o Nazaret–, que ocupan algunas más. Hay que subrayar que la concisión de las explicaciones constituye un prodigio de síntesis, nada fácil de hacer.

La traducción es correcta, aunque en algunos casos habría merecido un mayor esmero. Por ejemplo, resulta llamativo el uso masivo del término “hebreo” en vez de “judío” (traducción servil del italiano). Asimismo, a veces se emplean términos o expresiones claramente inadecuados, como “capuchas de piel” (p. 20), cuando se está hablando de los “sombreros de piel” (shtreimel) de algunos judíos ortodoxos, o cuando, en esa misma página –al presentar las fiestas judías–, se dice “las Semanas de Pentecostés”, en vez de “las Semanas o Pentecostés”.

Cuatro etapas

Los 57 lugares presentados –por orden alfabético– se agrupan en cuatro etapas: Galilea, Samaría, Judea y Jerusalén. “El viaje a Israel –dice el autor en el prólogo– se convierte en el redescubrimiento de las raíces de la vida cristiana y de las raíces históricas de la fe bíblica, que se funda en el pasado, pero que tiende hacia la plenitud futura” (p. 6).

Pedro Barrado

Vida Nueva 3.167 (29 de febrero de 2020) 44.