Hacemos del caminar de cada día una vida de encuentro con los demás y con Dios

(Miguel Ángel Escribano Arráez, en Iglesia Hoy Franciscanos). Hay muchas formas de escribir un libro y la que nos presenta el autor, a la sazón carmelita descalzo, no es sino contar acontecimientos de la vida, para darnos cuenta cómo muchos de ellos están fuera de toda visión y hacen que esos Extravíos de cada día nos lleven a lo importante de nuestra relación con Dios, con los demás, pero lo que es más importante encontrarnos con nosotros mismos.

El relato va marcado de una manera genial por la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, pero no es un libro de espiritualidad carmelitana, sino un libro de experiencias vividas por personas de cada día que nos llevan a una vida que con claro oscuros se llena de sentido en lo verdaderamente importante que no somos nosotros solos. Y en esos relatos leídos con sosiego uno encuentra textos evangélicos que son relatados de forma diferente, con circunstancias y personas que cualquiera puede encontrarse en el autobús o la tienda cada día, pero que, sin embargo, no están lejos de aquellos que en los evangelios estamos acostumbrados a escuchar y que por muy repetidos no nos llaman ya la atención.

La obra se encuentra distribuida en cinco partes y cada una de ellas podía ser independiente de las demás, si no fuese, como he indicado arriba, sin que nos demos cuenta lleva una hilazón que nos ayuda a leerlo. Cada una de esas partes conducen a los extravíos de la vida desde el espejismo que nos confunde la realidad, pasando por recreaciones y crónicas de cada día, hasta llegar a las escenas de la vida ordinaria que no siempre son acontecimientos felices sino momentos duros de nuestra vida que nos ayudan a avanzar y termina en ficciones, alguna de ellas evangélicas que como decía nos muestran los relatos bíblicos tal y como se dan en nuestros días. Cada parte comienza con una foto y una definición de diccionario que nos introduce en los relatos que vamos a ir leyendo. No encontramos un texto para la oración y, sin embargo, en alguna de esas partes hay elementos claramente orantes y que nos llevan a que cada momento de la vida se convierta en una alabanza a Dios. Por ello el autor, que no puede olvidar, ni debe, sus orígenes carmelitanos, concluye el libro con oraciones y material que bien puede servir en la vida de oración de cada día.

El libro es un cúmulo de relatos breves que facilitan al lector que pronto camine por las mismas vicisitudes con las que se encuentra el protagonista de cada uno de los relatos, los cuales nos encontramos en la calle. En definitiva, un libro muy recomendable para descubrir que no somos los únicos que hacemos del caminar de cada día una vida de encuentro con los demás y con Dios.

Miguel Ángel Escribano Arráez, ofm

Iglesia Hoy Franciscanos (junio de 2020) 32.