Hacer viva la dimensión corporal de la fe

(Jesús Domínguez Sanabria, en Revista Agustiniana). Es una antigua pretensión, aun cuando algunos expertos en la espiritualidad católica no hacen mucha alusión a ello: integrar el cuerpo y las actividades corpo­rales en nuestra espiritualidad. Y el autor, con destacados conocimientos bíblicos y con experiencia en la docencia y en la práctica de la espiritualidad, aborda con acertados criterios este objetivo: hacer que la fe, la oración y la lectura práctica de la Palabra de Dios se encarnen en la realidad del devenir humano de iuestra existencia diaria. Y lo más gratificante, y a la vez interesante y convincente, es que lo hace basándose en abundantes citas bíblicas y acompañando el texto con afirmaciones, reflexiones y breves meditaciones que resultan gratamente sorpren­dentes.

Confieso que muchas de las orientaciones que contiene La sensación de Dios me resultan novedosas, interpelantes, llamativas. Y no dejo de reconocer que me sorprende el aplomo y la sensación de convicción que genera su lectura. Cierta­mente invita al ensayo, a poner en práctica cuanto indica o sugiere, abiertos a aco­ger la sensación experiencial de Dios, que desde la intimidad se puede hacer más vivo, presente y actuante, en cuanto implica la vivencia corporal, los sentimientos, las reacciones, los vericuetos de los múltiples ejercicios de nuestra realidad huma­na y corporal. Obviamente todo ello vivido con espíritu de fe, sin desdeñar nada de cuanto la Iglesia siempre nos ha enseñado de la presencia del Dios vivo dentro de nosotros; pero tratando de entender que es urgente que, para que la vida de creyentes no se queda en mera espiritualidad vacía, y la actuación del Espíritu de Dios se encarne en nosotros, precisa ser personificada en las realidades vivas que constituyen nuestra actuación corporal, nuestras sensaciones humanas, todo nuestro conjunto de vivencias existenciales.

Se trata de hacer viva la dimensión corporal de la fe, de lograr la vivencia cristiana del cuerpo, de santificar la energía vital que cada uno poseemos y ejercitamos; porque, como recuerda el autor, ya el salmista nos hace reconocer que “en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz” (Sal 36, 10); y ello –indica el autor– nos hace realizar la existencia, dirigiéndonos a Dios y “confiar, abandonarnos, agradecer” (cf p. 138). Para todo ello en la presente obra se nos indican y sugieren interesantes prácticas corporales, para llegar a vivir la sensación de la presencia de Dios con más realismo humano.

Jesús Domínguez Sanabria

Revista Agustiniana 163 (septiembre-diciembre de 2019) 646-647.