Horizontes de transcendencia

(Miguel de Santiago, en Ecclesia). EI olvido de la estética en rela­ción con los temas teológicos ha sido endémico. Solamen­te se han ocupado de dicha materia un pequeño grupo de estudiosos, entre los que destacamos a Moeller, Von Balthasar, Juan Pablo II, Be­nedicto XVI, y ya en nuestros lares a López Quintás, González de Cardedal y, en otro orden, Sánchez de Muniain, Urbina, Rielo. De ahí lo gratificante de adentrarse en el breve ensayo Dios y lo bello (Estética y transcendencia) del profesor Javier Barraca.

La condición humana está orientada al bien, a la verdad y, por supuesto, a la belleza; la existencia humana es una peregrinación hacia la belleza verdade­ra, la Suma Belleza que se transparen­ta en las cosas creadas, La estética es, pues, un camino a la transcendencia: la «via pulchritudinis». El misterio que caracteriza la obra artística convierte al creador en humilde colaborador de tantas pequeñas epifanías de belle­za que acercan a lo transcendente. La contemplación estética es una vía de conocimiento de aquellas realidades que desbordan y superan las primeras percepciones. La atracción que ejerce la belleza hace que sea deseada hasta lle­gar al encuentro total; de ahí se deriva una cierta conexión –no identidad­– entre estética y ética.

El autor no ha pretendido hacer un tratado de estética, sino plantear líneas de investigación y profundización ha­cia una axiología, lugar donde encon­tramos horizontes de transcendencia, Son de agradecer estas páginas ante la escasez de pensadores que se muevan hoy dentro de estas coordenadas.

Miguel de Santiago

Ecclesia 3.993 (29 de junio de 2019) 48.