Isabel Gómez-Acebo comenta el Evangelio 2021

Cuando me pidió la editorial SAN PABLO que escribiera unas reflexiones de presentación para el Evangelio 2021. Camino, verdad y vida, todavía no habíamos traspasado el umbral de la pandemia del coronavirus, una experiencia inédita que ha cambiado radicalmente nuestras vidas y nuestra forma de pensar. El Evangelio, la vida de Jesús que transcurre por sus páginas, tiene respuestas para todas las condiciones por las que discurren los seres humanos y nos ayuda a reflexionar para que nos situemos ante nuestra existencia en cada momento histórico de la mano de Jesucristo. Cuanto más leo la Biblia, más descubro intuiciones nuevas que se me habían pasado por alto en lecturas anteriores. Desconozco si es el paso de los años el causante de este nuevo encuentro o me guía la persona del Espíritu Santo para que me inicie por nuevos caminos siguiendo el ejemplo de mi Maestro.

No creo que nadie haya sido indiferente a la situación mundial en la que nos sumió la nueva gripe y creo que se pueden encontrar en los evangelios situaciones y consejos para atravesar los más graves momentos. El salto a la vida pública de Jesucristo empezó con un bautismo en el río Jordán, pues el agua está siempre al principio de toda vida, tanto la física como la espiritual, y también para nosotros fue un elemento imprescindible para no contraer la nueva gripe. A lo largo de nuestro camino vital siempre hemos necesitado el agua para remediar nuestra sed y lavar nuestras faltas. Jesucristo le pidió a la samaritana que le diera de beber y ella descubrió que el Nazareno tenía la mejor agua del mundo; también utilizó Jesús agua para lavar los pies de sus discípulos y, cuando en la Cruz derramó las últimas gotas de su cuerpo, estaban compuestas por sangre y agua.

He visto el comienzo de la vida pública de Jesús en el desierto como una etapa de 40 días en un lugar semejante al del confinamiento que tuvieron que vivir millones de personas en sus casas para no contraer la enfermedad. La peor parte de esta situación solitaria fue la ausencia de cariño y compañía de los seres queridos. Algo semejante pasó con Jesucristo, que tuvo que abandonar a su familia y amigos para encaminarse al futuro que le esperaba y que nos permite recordar a los millones de personas en nuestro mundo que viven y mueren en soledad.

Jesucristo sufrió tentaciones y nosotros también, aunque de otro tipo, pues la soledad, para los que no estamos acostumbrados, nos puede hacer caer en estados anímicos de angustia y depresión. A lo largo de su vida pública, Jesucristo necesitó momentos de aislamiento para hablar con Dios y con sus discípulos, con los que tuvo que huir para poder estrechar unas relaciones de enseñanza y amistad de las que dependía el éxito de su misión.

El desierto para los judíos tenía dos lecturas, la negativa por la falta de agua y el posible encuentro con el demonio y las fieras salvajes, y otra positiva que nos sigue invitando a relacionarnos más íntimamente con Dios, una situación que había vivido el pueblo elegido a lo largo de la travesía por sus arenas. Los profetas hablaron de este periodo como el del noviazgo de Dios con Israel que había terminado con un matrimonio sellado con la firma de la alianza. En nuestras familias el confinamiento en soledad abrió la posibilidad de estrechar los lazos de amor entre nosotros. Y para nuestra vida espiritual pudo resultar también muy enriquecedor, dándonos un tiempo muy valioso con el que antes no contábamos.

Jesucristo venció las tentaciones y aprendió en el diálogo con Dios cuál era el camino que se le había encomendado. Cuando volvió a la sociedad lo hizo con un vigor excepcional, se rodeó de amigos, lloró por ellos, anunció el Reino, celebró muchas comidas con discípulos y adversarios, curó a muchos enfermos y acabó entregando su vida por no apartarse del camino que Dios había escogido para él.

Y siguiendo con el tema del agua, podemos pensar que la vida de Jesucristo, como la nuestra, se puede simbolizar como un río que se nutre de distintas fuentes, entre ellas la lectura de los evangelios, y que supone navegar al lado de personas cuyos contactos influyen añadiendo o absorbiendo el agua de nuestra vida.

Los evangelios son textos maravillosos que tienen respuestas para todas las situaciones humanas y cuya lectura nos abre a diversas interpretaciones a lo largo de los años, siempre que se lean en clave espiritual. Disfruta con ellos.

Isabel Gómez-Acebo