La llamada a vivir desde el interior sigue siendo urgente

(Jorge A. Sierra, en Confer). Ana María Schlüter es conocida, sobre todo, por su contribución al diálogo entre el budismo y el cristianismo, especialmente a través del zen como ayuda a la oración y meditación cristiana. Es discípula del conocido jesuita y maestro zen Enomiya-Lassalle, religiosa del instituto «Mujeres de Betania» y fundadora del centro Zendo Betania de Brihuega, en Guadalajara. Ha escrito varias obras sobre estas tradiciones espirituales.

En la obra que nos ocupa –¿Por qué unos ven y otros miran y no ven?–, sin embargo, no desarrolla estos temas, sino que recupera la investigación que realizó en los Países Bajos en la década de 1970 en torno a los jóvenes y la fe de cara a su tesis doctoral, titulada Actitudes humanas en relación con la actitud de fe. La investigación se centra en la entrevista profunda a varias chicas de entre 16 y 19 años, cercanas a los círculos de los clubes de jóvenes trabajadores de La Haya, normalmente procedentes de familias y ambientes alejados de la fe. A partir de sus respuestas, dudas, silencios y opciones, la autora extrae conclusiones útiles sobre la transmisión de la fe.

En total son 13 testimonios, todos ellos tratados con gran respeto, y organizados en tres grupos, con los títulos «el alma vive», «el alma se asoma» y «el alma en el olvido». A continuación, la autora ofrece algunas orientaciones pedagógicas, un epílogo y dos anexos, que incluyen el cuestionario inicial de las entrevistas.

La pregunta que subyace a todo el trabajo es: ¿tiene sitio Dios y la fe en la vida de jóvenes con una vida nada fácil, con poco arraigo social, un bagaje cultural más que escaso y prácticamente ninguna experiencia de encuentro con el hecho religioso? El contexto es la Holanda de los años 70, pero no difiere mucho de la España actual. Partiendo del hecho de que toda persona es «capax Dei», es decir, puede tener experiencia de Dios, tanto las preguntas de las entrevistas como –sobre todo– las reflexiones después de cada grupo intentan ofrecer luz a los acompañantes para ayudarles a «dar profundidad al alma» y, por lo tanto, a encontrarse con el Dios de Jesús de Nazaret.

Hay un pero: en los 40 años que han pasado entre la investigación y el momento actual no pocas cosas han cambiado. Cuesta encontrar ahora chicos o chicas del ámbito marxista o, simplemente, implicados en la situación política. Si a eso le unimos que en España el ámbito de los clubes sociales (y el asociacionismo en general, como bien indica el estudio Jóvenes entre dos siglos) es muy minoritario, algunas expresiones, sentimientos y preocupaciones suenan extraños, propios de otro tiempo y lugar. Lo digital, por ejemplo, no aparece, porque aún no había explotado.

Esta desventaja es también una fuerza, quizás poco aprovechada en la última parte, para centrarse en las preguntas que siguen siendo comunes y fundamentales: quién soy, para quién soy, qué necesito para despertar el alma. La respuesta o, mejor, el proceso de ayuda para que se den y, cuando se den, encuentren una respuesta, trasciende el tiempo y el espacio concretos.

Quizás el libro encuentre todavía más sentido en la propia trayectoria de la autora. ¿Cómo despertar el alma? No encerrándola: abriéndola a través del silencio, la contemplación, el servicio y la atención a lo sutil. La llamada a vivir desde el interior, a construir la persona «desde abajo y desde dentro» sigue siendo urgente, quizás ahora es todavía más necesaria que cuando se hicieron las entrevistas.

Jorge A. Sierra

Confer 222 (abril-junio de 2019) 296-297.