La vida como proceso

(Francisco Javier Caballero, en Vida Religiosa). Ofrecemos este mes un libro que no es pa­ra ser leído, sino tra­bajado. Javier Garrido, experto en el acompañamiento perso­nalizado de crecimiento en la fe, presenta en esta publicación un itinerario holístico, profun­damente comprensivo de la realidad plural de la mujer u hombre que hoy se pregunta por el sentido de la vida en cla­ve transcendente.

Es imprescindible que, en nuestro tiempo, se incida en una urgente personalización. De lo contrario, nos podemos encontrar ante una realidad ambigua y confusa. Parece que somos, sin que se dé la convicción interior de asumir aquello que nos proponemos. No se trata –como señala el autor– de una concesión al in­dividualismo, aunque en el proceso de transformación personal ha de darse una eta­pa de «cierto distanciamiento» del sistema que hasta enton­ces ha configurado su vida. El Camino de transformación personal –título del libro– apa­rece subtitulado como «sabiduría cristiana». Se ofrece así a toda persona adulta que quie­ra embarcarse en un proceso inspirador de cambio. Creemos que es una herramienta muy válida para la vida oonsagrada, para cada persona, que quiera tomarse en serio su respuesta al don recibido. Es valioso tanto para un itinerario personal de crecimiento, cuanto para una transformación de los valores que sustentan la fraternidad y, por supuesto, para una cohe­rente apuesta por la misión compartida.

Nos parecen especialmente lúcidos los cuatro ejes que tiene el proceso. El primero se remite a los previos a la fe donde se incide en aspectos antropológicos. Se trata de suscitar espíritu de verdad y apertura de horizontes, con intuiciones explícitas de fe cristiana. El segundo, la ini­ciación, presupone personas creyentes, pero que necesi­tan integrar la madurez hu­mana y la relación afectiva con Dios. El tercero, la fun­damentación, que es el eje decisivo de la personaliza­ción: la experiencia fundante con el descubrimiento de la vida teologal. Finalmente, el cuarto es el seguimiento o la consolidación de la vida teo­logal para ser y actuar como discípulo o discípula de Je­sús. Amor de pertenencia, amor de obediencia, amor de comunión y amor de misión, en uno.

Nuestro tiempo interroga la verdad de aquello que deci­mos creer. Este itinerario nos permite un reencuentro con la madurez personal soñada y con la capacidad original para formular creativamente el compromiso cristiano.

Francisco Javier Caballero, CSsR

Vida Religiosa 127/6 (junio de 2019) 48.