La vida y la experiencia espiritual de un testigo del vino nuevo del Evangelio

(Cristina María González Carrasco, en Confer). Francisco de Asís, el Santo que todo lo hermana de Luis Esteban Larra Lomas, empieza por el Testamento de Francisco en el que empezamos a conocer algo de lo que él mismo ha expresado de sí mismo.

«Salvo en el Testamento, Francisco no habla mucho de sí mismo en sus escritos. Conocemos lo que él fue y lo que hizo por sus primeros hagiógrafos, oficiales y oficiosos, que escribieron por encargo de otros o por interés personal o de un grupo, con lo cual, de un modo u otro, todas las fuentes están mediatizadas» (p. 23).

La época en la que vivió Francisco de Asís fue, como lo es la nuestra, un tiempo de cambios. La misma ciudad de Asís marca su vida. Asís, en esta época, va dando pasos de un sistema de feudalismo ligado al amor, al castillo y a la tierra, al movimiento comunal fundamentalmente urbano y dirigido por la burguesía. De ahí los grandes cambios: del cultivo de la tierra al comercio de manufacturas, de la estabilidad a la movilidad, del vasallaje y la dependencia a la asociación y a la libertad, de la plaza de Armas (patio de la fortaleza) a la plaza del Comune (espacio de la gente). Todo ello evoca las rivalidades de clase, enfrentamientos entre ciudades de las que el libro se hace eco. Francisco se va dejando modelar por todo ello y va dando vida a sus propios principios. Elige la pobreza y «cuando conoció a esta dama se unió a ella esponsalmente para siempre, hasta la muerte» (p. 39).

De conocer al Señor «sólo de oídas» Francisco fue conociendo en su interior al Señor Jesús y haciendo progresivamente una opción por Él. Tenía que dejar de ser «rico» e identificarse con el pobre, el mismo Señor, y con aquellos que le mostraban su rostro a través de su pobreza. Las aspiraciones del padre, de su padre, empezaron a dejar de ser las del hijo, «como si Francisco, invirtiendo los papeles, quisiera educar a su propio padre en la generosidad y el desprendimiento».

Con una percepción profunda, el autor del libro va marcando las etapas de la vida de Francisco de Asís. En el paso del tiempo, Francisco fue aprendiendo a vivir en la fragilidad, a la intemperie… que es la antesala de la Providencia divina. Él y sus hermanos vivían retirados de la ciudad pero, al mismo tiempo, presentes entre la gente, viviendo en toda ocasión el Santo Evangelio, proyecto que quieren realizar dentro de la Iglesia y en obediencia a ella.

El libro se lee fácilmente y con gusto. Es una buena presentación de Francisco y de su obra y, sobre todo, de la obra que Dios y la santa pobreza fueron haciendo en él y en los que con él siguen el Santo Evangelio. En comunión con la Iglesia, los hermanos son reconocidos por y para llevar una vida apostólica, misionera y evangelizadora, una necesidad de la Iglesia de entonces y de siempre. Su forma de estar en el mundo y de servir a la Iglesia será una vida siempre en camino y en salida.

El Cántico espiritual de Francisco de Asís, con el que termina el libro, resume la vida y la experiencia espiritual de quien sigue siendo un testigo del vino nuevo del Evangelio que hay que poner, en cada época, en odres nuevos.

Cristina María González Carrasco, RA

Confer 222 (abril-junio de 2019) 298-300.