Lo estético nos pone en camino hacia la trascendencia

(Luis Ángel Valcárcel Bujo, en Revista 21). Javier Barraca nos invita a través de los cuatro capítulos de que consta Dios y lo bello a reflexionar sobre la ética y la estética, y a “peregrinar” en busca de la Verdad y de la Belleza. A lo largo de la obra encontramos estas dos palabras con ma­yúscula y con minúscula. Así diferenciaremos el concepto mundano. que hasta puede ser inter­pretable, del concepto real. que es lo verdade­ramente trascendental.

El arte en muchas ocasiones ha sido expre­sión de orgullo y de soberbia. Pero también de humildad. El artista. dentro de su humildad, quiere compartir con los demás y nada hay tan bello como lo misterioso. La belleza del mundo creado está hecha para iniciarnos en una ruta ascendente que nos conduce a Dios. Por eso es muy importante enseñar a contemplar. Como todo aprendizaje, necesita su tiempo. su ritmo, una serenidad interior, un “aprender a saborear lo conocido” y una actitud de respeto y humil­dad hacia lo otro. Así, lo estético nos remite a Dios: contemplamos la belleza imperfecta de las cosas que nos rodean y eso nos lleva a la Belleza perfecta y trascedente de Dios. Es el mismo camino que encontramos en el amor.

Por estos caminos de humildad. contempla­ción y amor, el autor nos va aproximando a la relación entre ética y estética. Para ello aplica la categoría de “unidad en la diversidad”. El hom­bre culto y humanista sabe armonizar ambas cosas. Por encima de teorías. es en la vida donde se tienen que encontrar: son las dos ori­llas de ese río misterioso de “la Verdad que conduce al hombre a Dios”. Lo estético conecta con los más altos valores y nos pone en camino hacia la trascendencia.

Luis Ángel Valcárcel Bujo

Revista 21 nº 1.030 (abril de 2019) 49.