Una mezcla de seriedad y humor, como la humanidad misma

(José Antonio Solórzano, en Amigos de Fray Martín). Más que ácido, este Pequeño tratado ácido de espiritualidad es desconcertante. El autor ya es conocido en Amigos de Fray Martín por sus 17 formas de orar (10 números atrás). Maurice Bellet (1923-2018) fue un sacedote francés, filósofo, teólogo y psicoterapeuta; se especializó en acompañamiento terapéutico. Intelectual relevante y autor prolífico. No muy conocido entre nosotros. Estando ya en la residencia de sacerdotes, a los 93 años, le dijo a uno de sus traductores: «Aquí todos hablan del pasado, ¡pero a mí me interesa el futuro!». Es una buena clave para comprenderlo.

Él mismo comienza su pequeño tratado diciendo: «He aquí un libro raro, que parece faltar a las reglas elementales de la buena composición». Cierto. Capítulos muy dispares entre sí, con unas rupturas de tono discordantes. Él mismo apunta que el pequeño tratado debe encontrar un lector lento, capaz de dejarse sorprender por lo que va leyendo, viendo, imaginando.

Confieso que he tenido que leerlo dos veces. Es una mezcla de seriedad, humor, bufonadas, risa trágica. Como lo es la humanidad, como lo somos cada uno. Es una acidez la suya de limón, no de manzana verde de la portada, aunque también. La idea de espiritualidad que casi todos tenemos, aquí se da de bruces y uno tiene que descubrir por sí mismo qué pretende decirnos el autor, por dónde quiere llevarnos para que nuestro espíritu no se convierta en planta adormidera, sino en un acicate para la reflexión, para ver y contemplar tanto el haz como el envés de esta moneda de cambio, de esta inersión, que no otra cosa es el «tesoro del Reino».

Son cuatro capítulos un tanto dispares, pero complementarios. 1. Siempre en camino. 2. Si (son varios apartados que comienzan con el condicional Si… Recuerdan el poema If de Kypling. Si compra el libro, comience por este capítulo. Hágame caso. Continúe por el capítulo 3. El viaje; pequeños apartados de reflexión y 4. Colección de chanzas de largo alcance, breves reflexiones enjundiosas que invitan a sonreír. Humor, sí. Ironía, a veces, Burlas, nunca.

Estas ocurrencias sanas vaya intercalándolas en la lectura, no es preciso hacerlas de corrido. Deje para el final el capítulo 1, es el más sesudo, el más evangélico y eclesial. El pequeño tratado ácido/desconcertante finaliza con este pensamiento permisivo: «Las cosas han empeorado bastante para que nos esté permitido tener esperanza».

Es un libro entrañable, barato –un acierto de San Pablo al editarlo–, y que si le desconcierta al inicio, después, con el tiempo y su relectura, dará por bien invertidos los pocos euros que cuesta. O lo puede regalar a alguien con tan buen humor como usted.

José Antonio Solórzano

Amigos de Fray Martín – Espacio de espiritualidad cristiano-dominicana 577 (julio-agosto de 2020), 33.