¿No habrá que inventar nuevos lenguajes para hablar de la salvación cristiana y la vida?

(Jesús Miguel Zamora Martín, en Confer). Nos abruman determinados conceptos que la Iglesia nos ofrece. Uno de ellos es «salvación». Y, con escepticismo, muchos se desentienden de su significado porque no les llega, no les afecta.

Son significativas las palabras (y las preguntas) del autor en una larga introducción, que reflejan perfectamente el propósito de la obra. Así, palabras relacionadas con la salvación desde la teología (redención, expiación, satisfacción, liberación o justificación) que, concluyen en una pregunta que se hace el autor y que, casi en la misma, lleva implícita la respuesta: ¿qué significan esas palabras, incluso para la gran mayoría de creyentes? ¿Remueven, conmueven, conectan con los problemas de la gente de hoy? Es decir, no conectan, no sirven.

Y sin embargo el Evangelio de Jesucristo y el mensaje cristiano tienen mucho que decir a los hombres y mujeres de hoy. ¿No habrá que inventar nuevos lenguajes para encontrar la estrecha relación entre le mensaje de la salvación cristiana y las experiencias fundamentales de la vida?

La salvación ha estado ligada al mensaje religioso. Si este se debilita o seculariza, la salvación «no encaja» en esta nueva realidad. Y mucho menos si hablamos de salvación más allá de la muerte. Y por eso, la vida ordinaria en la vieja catequesis era hacer méritos para salvarse (o sea, para no condenarse). Por eso, entendida así, el vocablo «salvación» ha desaparecido de la conversación de las personas, no se usa, es un vocablo obsoleto y ha perdido toda su relación con la fe y la experiencia cristiana.

Incluso para algunos creyentes, no tiene sentido pensar en una salvación espiritual o eterna. ¿Dónde queda la preocupación por una vida plenamente humana?, se pregunta el autor. Y sin embargo hay muchas situaciones humanas cargadas de dolor que buscan «ser salvadas». Por eso, según el autor, nuestros contemporáneos, buscan mejor hablar de «calidad de vida», «felicidad», «plenitud de vida». Es decir, una mirada al más acá. Y vuelve a rodearnos constantemente ese sinsabor de no alcanzar del todo una plenitud total en el vivir. Por eso, ¿podrá la fe cristiana aportar algo de luz?

Desde estas preguntas y con las claves de querer traducir a lenguajes de hoy la palabra salvación, el autor va pasando revista a través de nueve capítulos, a esa relación que tiene la salvación con la salud física, la salud espiritual o psíquica. Junto a ello, nos va haciendo el autor caer en la cuenta de las diversas exageraciones que en la vida espiritual se han dado para salvarse (cilicios, penitencias, castigos, etc.) que han ofuscado un sentido pleno de salvación.

Es verdad que salud y salvación se relacionan de una manera estrecha. Aunque, como señala el autor, desde la salud psíquica nos lleva a exageraciones (no hay límites y donde parece superarse todo, incluso la muerte). Y cuando se habla de salud espiritual hay un concepto muy bonito que nos lleva más allá de nosotros mismos; es una salud que nos acerca al OTRO, nos trasciende y nos ofrece vida saludable. Aunque acaso, la fe juegue aquí un papel fundamental.

El autor va pasando revista en los capítulos finales a preguntas y conceptos que intenta aclarar. Así, la pregunta: ¿nos salvaremos de la muerte?, le lleva a comentar los avances de la ciencia en el tema de la prolongación de la vida, porque se ve dicha experiencia como el mayor de los fracasos. Pero, surge otra pregunta: ¿prolongar la vida de manera indefinida nos hará más humanos?

Y, ¿qué pensar del concepto resurrección o de esos otros términos que, en la antigua teología se llamaban los «novísimos» (muerte, juicio, infierno y gloria)? Pues bien, a ellos el autor, también les dedica un espacio en el libro tratando de encontrar el sentido (o el sinsentido de su utilización hoy en día) para nuestros contemporáneos.

Son muchas páginas con capítulos densos, muy seguidos y con pocas divisiones. En algunos casos, para hacer más hincapié en determinadas aseveraciones, repite los conceptos como dando a entender que no podemos dejar las cosas al albur de un pensamiento accidental.

Probablemente se puede hacer un poco pesado para lectores no acostumbrados a manejar un lenguaje que requiere manejarse un poco en temas poco habituales como el que tratamos; pero que pueden aclarar mucho las cosas leídos con calma desde la profundidad con que se expresa el autor.

El autor, al final de la primera parte o introducción, señala que «…quieren ser una humilde introducción a una ingente tarea…», como es la separación que existe entre Evangelio y cultura contemporánea, en un intento de hacer que cobren sentido y se vea una relación estrecha «… entre el mensaje de salvación cristiana y las experiencias más fundamentales de la vida humana: la vida y la muerte, el sentido y el sinsentido de la existencia, la salud y la enfermedad, la felicidad y el sufrimiento…».

¡Ojalá el deseo del autor, pueda hacerse realidad en los lectores de este libro!

Jesús Miguel Zamora Martín, FSC

Confer 224 (octubre-diciembre de 2019) 618-620.