Para contemplar y cantar con alegría

(Fernando Cordero, en Vida Nueva). El Vía lucis de la esperanza nos propone una celebración del itinerario de la cruz de Jesús desde la perspectiva de su resurrección. Se trata de una edición muy cuidada, tanto en el texto –del dominico José Antonio Solórzano Pérez– como en las fotos –a cargo de Ramón Campos Medina–.

Al inicio del volumen, el autor nos ofrece una serie de claves práctico-pastorales útiles –diría que son unas indicaciones desmenuzadas desde la experiencia–, para llevar a cabo el Vía lucis, que pueden orientar a aquellos que han de organizar en una parroquia, colegio, comunidad o grupo las quince estaciones que lo componen. Se requiere tiempo, es decir, no tener prisa, y adoptar una actitud de silencio contemplativo. En cada una de las estaciones encontraremos por este orden: una introducción con un lenguaje cuidado y un contenido teológico desplegado en una literatura brillante y testimonial que ambienta magníficamente para la cita bíblica que viene a continuación, junto con un breve silencio, peticiones sugerentes y una oración.

Aunque está pensado para vivirlo en comunidad, puede servirnos para un día de retiro, para la meditación de una de las partes de la pasión de Jesús o para despertar en nosotros la alegría del Resucitado. El lenguaje es directo, con garra y ayuda a sintonizar con los episodios bíblicos: “Jesús en el suelo; mascando el polvo y los excrementos de aquel camino tantas veces recorrido. No puedo más…”.

La última estación, “El Emaús de nuestras vidas”, puede ser la primera, para enmarcar lo que viene a continuación. No obstante, la propuesta de hacerla al final es muy hermosa, ya que termina en la calle, donde el sacerdote imparte la bendición y ofrece la cruz.

Fernando Cordero Morales, ss.cc.

Vida Nueva 3.129 (10 de mayo de 2019) 44.